Asturianos por el mundo

«Tengo el mejor trabajo del mundo»

«Tengo el mejor trabajo del mundo»
  • Félix Castro, transporta embarcaciones por todo el planeta

  • «Tsipras había levantado muchas expectativas y sus votantes están totalmente decepcionados», defiende el patrón gijonés

Félix Castro se mueve infinitamente mejor entre olas que en tierra firme –donde no es infrecuente que se pierda por carreteras o caleyas– porque el océano es su elemento, aunque este hombre de natural tímido se pone colorado si alguien le dice que estamos ante un viejo lobo de mar: «Ni tengo barba ni fumo en pipa».

Eso sí:saca pecho cuando habla de su trabajo, «el más bonito del mundo, el mejor». Porque Félix se dedica al transporte de embarcaciones, así que no tiene ataduras ni horarios ni rutinas ni más prisas que las que él mismo se impone. «Lo que hago es coger barcos en un puerto y llevarlos a otro». Por ejemplo: si alguien compra una embarcación en Melbourne y la quiere trasladar a Canarias, él es el hombre. Yno son necesariamente clientes VIP:«La mayoría son veleros que pueden salir por 30.000 o 35.000 euros».

Este patrón que estudió en casa, en la Escuela de Marina de Gijón, lleva siendo un nómada de los mares desde que alcanzó la treintena y ahora tiene 56 años, así que ya son más de dos décadas al timón. Toda una vida que, últimamente, le ha puesto a los mandos del ‘Pandora’, otro velero propiedad de otro gijonés, con dos palos, tres camarotes dobles, 21 metros de eslora y capacidad para ocho personas que se alquila a los viajeros que recorren las islas del Egeo y del Jónico (cuesta entre 7.000 y 8.000 euros por semana) fondeando en calas de ensueño, aunque ya tiene en mente una travesía que lo llevará próximamente de Mallorca al Caribe. Por si alguien se anima.

De Grecia le preocupa «la llegada masiva de refugiados de Siria e Irak, una situación dramática que viene a agravar el estado económico del país». Ydel recién dimitido Tsipras opina que «había levantado muchas expectativas y sus votantes están totalmente decepcionados». Ysabe muy bien de lo que habla este capitán que se conoce el Mediterráneo como la palma de su mano, pero que también ha navegado por Sudamérica, el Báltico o el Mar del Norte, así que a él no puede enseñarle nadie que «la mar es dura» y «las articulaciones de los hombres que ya tienen una edad, frágiles».

Entre esos momentos difíciles, Félix recuerda alguno especialmente peliagudo, de esos en los que pensó «que no iba a volver ver amanecer».

Una de esas noches, en aguas del Golfo de Vizcaya, soplaba «un Noroeste terrible» y metió el palo en el agua. «Pero, al final, no llegó a cascar» y el sol apareció en el horizonte.

«Son gajes del oficio», les quita importancia este marino a esos momentos que no cuenta a su madre, ya mayor. Esos en los que vuelve a comprobar que «los miedos son muy personales» y que uno de los requisitos básicos en cualquier singladura es «confiar en el barco», porque, cuando hay galerna, las cosas se ponen muchísimos más crudas si sabes que estás a bordo de un cascarón.

Yluego están esos momentos mágicos que solo depara la vastedad del océano. Como aquella vez en la que atravesaba el Atlántico también a bordo de una embarcación gijonesa y tuvo un encuentro muy especial con una ballena. «Era un rorcual azul. Un bicharraco que doblaba a la embarcación en tamaño» y que lo acompañó durante más de dos horas. Ahora bien:«Los delfines pueden llegar a ser un poco pesados». Y, si tiene que ser atacado, lo tiene claro:«Las orcas dan un poco más de miedo porque pueden decidir si van a por ti o no. Un tiburón, no:es un pez y hace lo que tiene que hacer. Si tiene que ir a por ti, irá». Dicho esto:preferiría no experimentarlo.

En cuanto a la especie humana, nuestro capitán se ha encontrado, costeando, con «personas al frente de una embarcación que tienen muy poca seriedad». Domingueros de la mar. «Pero, por lo general, la gente es bastante consciente. Y, de hecho, hay países que no exigen ninguna titulación para navegar», cuenta, aunque subraya acto seguido que «la mar tiene otros problemas serios como la contaminación o la sobrepesca, que deberían atajarse ya, porque, además, se está degradando la profesión:bajan los salarios y baja la motivación».

También apunta Félix Castro que, «hoy en día, los barcos llevan más de mil aparatos electrónicos y alguna gente se confía demasiado, con lo que dejan de ser capitanes y se vuelven un poco robots cuando los aparatos deben ser una ayuda, pero no el capitán de la embarcación». Ya eso atribuye algunos accidentes recientes.

Lo que no les consta a este marinero es lo de que en el gremio sea preceptivo aquello de un amor en cada dársena, bromea. Y eso que él ya tiene algunos puntos de atraque de referencia donde lo conocen y lo tratan como se merece. Eso sí: si le preguntas cuál es el puerto más guapo del mundo, él te responde al modo gallego:«¿Después de Gijón querrás decir, no?».