El Comercio
Asturianos por el mundo

«En México les cuesta decir que no»

Seila Montes en Insurgentes, Ciudad de México.

Seila Montes en Insurgentes, Ciudad de México. / Víctor Moreno

  • Seila Montes, fotoperiodista ovetense, explora el país azteca

  • «¿Dónde quedaron esos años en los que podías aprender un oficio en un puesto de trabajo?», se pregunta esta ‘freelance’

Seila Montes (Oviedo, 1980) anda estos días recuperándose del dengue que contrajo cuando se trasladó a hacer un reportaje sobre menonitas a un pueblo remoto del sur de México, un país que pisó por primera vez en 2011 mientras viajaba por Estados Unidos y donde acaba de celebrar que ‘The Guardian’ haya publicado también hace muy poco un reportaje suyo sobre luciérnagas elaborado a medias con Jane Mcinnins e ilustrado con imágenes preciosas. Porque no lo hemos dicho aún, pero Seila Montes, además de una aventurera, es fotoperiodista 'freelance' y explora el país azteca con su cámara, con la que también trabaja en un proyecto sobre exluchadores mexicanos que se podrá ver en enero en un libro que editará la cadena de tiendas Tiger.

Todo eso hace esta mujer inquieta que, recién alcanzada la mayoría de edad, decidió irse de Asturias rumbo a Londres, donde vivía una amiga. «Ese primer viaje se convirtió en una estancia de nueve años en la capital inglesa, donde estudié una diplomatura de fotoperiodismo en el London College of Communication», recuerda. Y también que eso fue justo antes de marcharse a realizar sus prácticas a Camboya en 2008, donde estuvo tomando fotos para una ONG del sudeste asiático.

Una vez allí, ya «enamorada de esa parte del mundo y cansada del gris de Londres», pegó otro salto y se marchó a Bangkok, donde pasaría los siguientes tres años trabajando como profesora de inglés en un instituto, aunque sin abandonar la fotografía, su gran pasión. Y todo eso quedó interrumpido cuando, por cuestiones familiares, tuvo que volver a Oviedo, donde estuvo hasta el año pasado, cuando México llamó a sus puertas por segunda vez.

Así se reencontró con ese país cuajado de pueblos «como sacados de un cuentos de García Márquez», con «aldeas de colores chillones y secretos oscuros, donde relaciones incestuosas, conjuros y brujería se siguen practicando en medio de una plaga de dengue. Donde las abejas no pican, los árboles tienen caras de animales y los troncos sangran. Pueblos mayas donde la gente duerme en hamacas y los cazadores regalan sus pieles de jaguar, mientras los rubios menonitas sacuden sus sombreros desde sus verdes tractores John Deere».

Ese México profundo y su capital, el colosal D. F., la ha recibido como se merece y Seila reconoce que le está yendo «muy bien profesionalmente», así que anda feliz con la elección que tomó mientras se deja llevar:«Estoy muy a gusto y la idea es quedarme un buen tiempo. Hay bastante trabajo relacionado con lo mío y con el arte, así que voy a seguir con mis proyectos. Trabajo junto con una amiga periodista y tenemos varias historias entre manos que nos gustaría publicar».

De allá se queda con su vastedad («nunca me imaginé que esto fuese tan grande») y con sus gentes, «muy abiertas, muy sociables», pero con una dificultad que puede causarte algún problema cotidiano si te descuidas:«Les cuesta mucho decir que no y ser directos». Sólo un ejemplo:«A veces, preguntas por una calle y terminas en la otra punta de la ciudad. Ytodo, por no atreverse a decirte que no saben donde está esa calle. Así que ahora trato de asegurarme por si acaso».

«Y, si hablamos del D. F., me encanta la variedad de cafés y restaurantes asequibles en los que puedes comer desde en un buen coreano hasta una paella decente. Eso sí: el pote asturiano prefiero hacérmelo en casa», bromea esta amante de las berzas antes de poner el acento negativo sobre la violencia que azota el país:«Lo que peor llevo es no poder caminar por la noche sola por cuestiones de seguridad. Se me hace difícil. Asia era más tranquila».

Pero es que todavía está más contenta si compara lo que está viviendo con lo que observa de Asturias:«Lo veo fastidiado. Muchos de mis amigos han tenido que emigrar y otros llevan en el mismo empleo años, porque con esta situación cualquiera se arriesga a dejar su trabajo y probar algo nuevo, emprender un negocio o extender tus estudios... Así que, en resumen, es muy difícil crecer. ¿Dónde quedaron esos años donde podías aprender un oficio en el mismo puesto de trabajo?».

Eso sí:si mira hacia su futuro, Seila Montes González no renuncia a su sueño:«Me encantaría volver a mi tierra y vivir en una casina de campo sin dejar de viajar nunca».