El Comercio
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Patricia en la plaza Dam el día del tulipán.

Patricia en la plaza Dam el día del tulipán. / E. C.

«Laboralmente los españoles estamos muy bien valorados»

  • Patricia Álvarez, trabaja en Holanda en logística de transporte

  • Hace año y medio que llegó a Amsterdam tras dos entrevistas online y una presencial y ayer mismo se mudó a la casa que acaba de comprar

Ayer mismo cumplió 31 años. Y ayer mismo se mudaba a su nueva casa en De Baarsjes, un barrio de Amsterdam muy cerquita del centro. Patricia Álvarez Muñoz, gijonesa y sportinguista nacida en Madrid con padre de Tineo y madre extremeña, llegó a Amsterdam hace año y medio y ya tiene todo lo que necesita para ser feliz: una casa, una bicicleta y un trabajo que le encanta. Lo cual no quiere decir que piense quedarse en Holanda para siempre. Su objetivo es volver.

Aún narra con auténtico entusiasmo y hasta cierta sorpresa no asumida su llegada a Amsterdam. Después de estudiar Empresariales en la Laboral y hacer un máster de transporte y gestión logística, tuvo la oportunidad de trabajar dos años de prácticas en Madrid. Pero finalmente no pudo quedarse allí, se fue al paro y comenzó ese peregrinaje en busca de algo que no acababa de aparecer. Hasta que un buen día, cuando volvía del gimnasio a su casa de El Llano, llegó un mensaje de alguien que había visto su perfil en Linkedin y le cuadraba para un trabajo en Holanda. Una hora después estaba haciendo una entrevista por Skype en español; a continuación, otra en inglés y francés con la jefa de operaciones de la empresa, y unos días más adelante, un cara a cara en Holanda. Cuando se bajó del avión en Madrid y abrió el móvil se encontró con un contrato («me puse a llorar en el aeropuerto»). Todo lo dicho en diez días. Otros diez días después, el 25 de abril de 2014, el Día del Rey en Holanda, llegó a Amsterdam y allí sigue.

Trabaja para Vinmar, una compañía norteamericana basada en Bélgica y Holanda, en la que ejerce como coordinadora de transporte y atención al cliente para el Sur de Europa. Su misión, que equis toneladas de polipropileno, por ejemplo, lleguen a destino, en camión, en camión y tren o en camión y barco. Trabaja en inglés, español y francés y está encantada. «Laboralmente es una oportunidad muy buena», dice.

Luego está la experiencia vital de vivir en un país muy avanzado, multicultural y de mentes abiertas. Aunque a veces les cueste reír, el tiempo sea un horror y la gastronomía no se sitúe entre las mejores del planeta. «Parece un topicazo, pero se echa de menos la comida, el buen tiempo, los amigos, la familia, el paisaje de Asturias –aquí no hay montañas– y que en la calle haya alegría, en estos países del Norte de Europa no son muy amigos de reírse en público».

Al margen de que la alegría ajena les pueda resultar chocante, los holandeses son gentes eficientes laboralmente, que no ven bien que nadie trabaje más allá de su horario y que no se sorprenden de que un empleado quiera cogerse tres meses sabáticos para viajar. Son también emprendedores, aunque tienen las cosas más fáciles que en España. «Aquí para montar una empresa pequeña no necesitas nada, los costes de autónomos son superbajitos», subraya.

En el plano opuesto, unos servicios sanitarios que hacen añorar los españoles. «No existe seguridad social, tienes que hacer una cuenta con una aseguradora y funciona fatal», explica. Así las cosas, ha aprendido a valorar lo que ofrece España: «Es de calidad, muy bueno, yo lo echo mucho de menos».

Hasta ahora ha vivido en piso compartido y de su antigua habitación a la nueva trasladará la camiseta del Sporting, el escanciador y las botellas de sidra que aplacan añoranzas. Formará parte de la decoración de una vivienda que más que una apuesta a futuro, lo es de presente. «Económicamente te compensa comprar, una habitación de alquiler te cuesta setecientos euros y yo por la hipoteca voy a pagar cien más, pero que en realidad son menos, porque te devuelven dinero».

En la nueva etapa que afronta pretende estudiar holandés, aunque no sea estrictamente necesario en un país en el que todo el mundo habla inglés, y seguir aprendiendo en su trabajo mientras mira a España con ciertas reticencias. «La situación la veo un poquito complicada, pero me gustaría alentar a la gente que está en el paro a que no se desanime, hay que aguantar y resistir, porque puede pasarles como a mí». Ella no esperaba llegar a Holanda y allí está, viendo cómo se incrementa el número de españoles y su consideración. «Políticamente la situación del Sur de Europa es vergonzosa, pero laboralmente los españoles estamos muy bien valorados».