El Comercio
Asturianos por el mundo

«Estaba un poco harta de la rutina»

Reyes y Sete, con sus tres hijos en Maastricht.

Reyes y Sete, con sus tres hijos en Maastricht. / E. C.

  • Reyes García-Arango se acaba de trasladar a Holanda. La ovetense, su marido y sus tres hijos se encuentran en pleno proceso de adaptación a la vida en Maastricht

Reyes García-Arango llevaba 13 años trabajando para una multinacional en Asturias cuando decidió dar un giro rumbo al Norte. Y eso, admite, que aquí «tenía una vida muy cómoda». Pero es que «13 años en la misma empresa son muchos años» y esta ovetense que cursó Dirección de Empresas en Madrid «estaba un poco cansada de la rutina».

«Tenía una cosa muy clara: que no me quería jubilar en la compañía en la que trabajaba. La idea de pasar otros 13 años en el mismo puesto no me motivaba en absoluto», reconoce también esta emprendedora de 41 años que enseguida le comunicó sus intención de emigrar lejos de la comodidad de Oviedo a su marido. Y él, director financiero en una consignataria de buques, también en Asturias, decidió apoyarla sin reservas. Así que los dos pidieron sendas excedencias en sus empresas y, hace dos meses, se trasladaron a Maastricht con sus tres hijos (Reyes, Pelayo y Mencía, de 11, 8 y 4 años), tras una primera incursión veraniega para conocer su nuevo destino.

La decisión de separarse de ellos «no sentó muy bien entre los abuelos en un primer momento, claro». Pero estaba tomada: Reyes había encontrado ya un nuevo trabajo en una multinacional en esa localidad del sur de Holanda que iba a mejorar sus condiciones laborales, además de un reto que la hacía feliz. «Es un esfuerzo, pero merece la pena», defiende. Y allí están los cinco, «en pleno proceso de adaptación» a una ciudad de poco más de 120.000 habitantes y sin billete de vuelta tras salvar otro escollo: la resistencia de los más pequeños de la casa. «Tratamos de implicar a los niños desde el primer momento», cuenta Reyes, que les involucró, por ejemplo, en la búsqueda de un nuevo colegio. «Un centro escolar público que está a un paso de casa» fue finalmente el elegido. 

«Eso sí. A ellos les hemos dicho que es para dos años». Una mentira piadosa porque «dos años es lo mínimo» que permanecerán en ese punto estratégico «a 15 minutos de Bélgica y Alemania» en el que la vida tampoco está nada mal. Y es que Reyes también tenía otra cosa muy clara: «Si nos íbamos de Asturias, no quería perder calidad de vida. No nos apetecía ir a una ciudad demasiado grande». 

Y el resultado del trabajo de la pareja fue que los tres hermanos, que como todos los niños «son como esponjas», se han adaptado «contentísimos y con una inmersión total en las aulas en holandés desde el primer día», un idioma del que también tienen clases particulares, lo que sus padres consideran que «es una oportunidad buenísima para que sepan que hay otro mundo más allá de su ciudad y de lo que conocían».

Su marido, asturiano de adopción, aunque oriundo de Jerez, está cumpliendo un papel fundamental en todo este engranaje en su recién adquirido papel de ‘amo de casa’ entre que encuentra y no un empleo: «Él se ocupa de los tres cuando salen del cole, donde tienen vacaciones cada aproximadamente seis semanas, algo parecido a lo que se quiso hacer en Asturias, y de todo el papeleo que hay que hacer, que es tremendo». Y, mientras tanto, Reyes, la impulsora de toda esta aventura, va a trabajar en bici con una temperatura que ronda los 20 grados en esta época del año, algo que les sorprendió gratamente, y no tuvo que someterse a ninguna adaptación idiomática: «En mi trabajo anterior ya hablaba en inglés». Veinte minutos ida y otros veinte de vuelta que para ella son como tener un gimnasio al aire libre. «Una cosa que me ahorro», bromea. Porque, si algo no le gusta de Maastricht, son los precios que provocan que «muchos holandeses se trasladen a Bélgica a vivir para no pagar tantos impuestos».

Ellos, de momento, se encuentran «como en casa» en «una ciudad que siempre tiene actividades» y donde «la gente es encantadora y muy abierta», una sensación en la que también influye que «está llena de españoles». De hecho, han conocido ya a una pareja de Mieres. Y, si les apuran, lo único que echan de menos, además de a la familia y los amigos que están deseando ver en Navidad, es «que apenas hay pescaderías».