El Comercio
Asturianos por el mundo

«En EE UU les encanta una ceremonia»

En el centro de la imagen, PabloMenéndez Pato, flanqueado por John White, superintendente de Educación del estado de Luisiana, y Ben Heroman, director de Dreamteachers Luisiana.

En el centro de la imagen, PabloMenéndez Pato, flanqueado por John White, superintendente de Educación del estado de Luisiana, y Ben Heroman, director de Dreamteachers Luisiana.

  • El ovetense Pablo Menéndez Pato ha sido nombrado mejor profesor de Luisiana

  • Casado con una americana y con dos hijos, piensa quedarse allí unos cursos y «aprovechar el tirón»

¿Cómo llega un asturiano a convertirse en el mejor profesor del estado de Luisiana? Pues la clave la tiene Pablo Manuel Menéndez Pato, ovetense de la generación de 1980 que creció en el barrio de El Cristo –en su infancia, bastante más pujante que en estos tiempos– y que fue alumno del colegio público La Gesta, donde compartió pupitre «con otros personajes tan dispares como Su Majestad la Reina doña Letizia y el cantante Ramón Melendi. Y, ya después, estudié en el instituto Aramo y en la Facultad de Magisterio. Así que, como se ve, geográficamente, todo queda en casa».

Pero, además de aplicarse en los libros con provecho, Pablo fue un buen deportista que jugó al fútbol en el Club Masaveu y al rugby en los clubs Cowper, Oviedo y Universidad de Oviedo. Como se ve también, una biografía de lo más capitalina hasta que, en 2005, hizo una oposición en Sevilla y obtuvo plaza como maestro de inglés en Cádiz, donde trabajó desde entonces hasta 2008.

Fue en ese año cuando, a través de un colega de profesión, escuchó hablar del Programa de Profesores Visitantes en Estados Unidos y Canadá y decidió «probar suerte echando la solicitud». Y así, después de un complejo proceso de entrevistas de varios meses, llegó la respuesta: fue aceptado y destinado a Nueva Orleans, la ciudad más grande del estado de Luisiana, puerto del río Misisipi, cuna de ilustres como Louis Armstrong o Tennesse Williams y famosa por su multiculturalidad y festivales como el Mardi Gras, donde reside desde 2008.

Un aterrizaje que, por otra parte, no fue lo que se dice suave porque, a los diez días de llegar, tuvo que ser evacuado por culpa del huracán Gustav. Y, desde entonces, ya ha vivido tres, aunque, afortunadamente, se libró del Katrina, que asoló la ciudad tres años antes de que él hiciera la mudanza.

Allí trabaja «como maestro tutor de segundo y tercer grado de Primaria impartiendo clases de Matemáticas, Ciencias, Sociales y ‘Spanish’», pero, «aparte de la tarea en el aula es muy importante el trabajo fuera de ella», algo en lo que los estadounidenses nos llevan ventaja. Y, por si eso fuera poco, también imparte clases «a futuros maestros y profesionales recién llegados a Luisiana desde varios países del mundo. Desde Bélgica a Francia pasando por Canadá o China». Por todos esos méritos, ha sido nombrado «mejor maestro de Primaria del estado de Luisiana», donde hay nada menos que 700.000 alumnos y 50.000 docentes.

Pero el proceso no fue fácil:«Primero, fui nombrado mejor maestro de mi escuela gracias a las excepcionales notas de mis alumnos en los últimos test estatales y nacionales y también gracias a las evaluaciones de mis superiores mediante observación directa en el aula. Y, después, fui elegido mejor maestro de la parroquia de Jefferson. Olo que es lo mismo:Jefferson Parish». Porque, en Luisiana –precisa– «no hay condados como en otros estados toda vez que la herencia francesa les dejó como legado las ‘parish’. Es decir: parroquias. Y, para lograr ese nombramiento tuve que realizar un proyecto que me llevo varios meses de trabajo y que hoy en día es utilizado por la Universidad y el Jefferson Parish para formar a nuevos maestros, todo un orgullo para mí».

El último paso, cuando de 50.000 ya solo quedaban nueve candidatos, fue una fase de «entrevistas con altos cargos de la educación en Luisiana». Y, de nuevo, bingo. Así que Pablo se puso la pajarita y recogió su título «en una gala digna de los premios Oscar con alfombra roja, actuaciones musicales y cómicas, gran cena… En fin, todo ‘made in América’». Porque allí «les encanta una ceremonia».

Casado con una ciudadana americana y con dos hijos, no oculta, eso sí, que algún día quiere volver a Asturias, la que nunca se olvida. «De hecho, para mí sería un gran final poder retirarme como director en La Gesta, la escuela en la que empezó mi vida académica. Aunque, de momento, pienso aprovechar este tirón y quedarme unos cuantos cursos más». Por no mencionar que, si volviese, tendría que ser a Cádiz», donde tiene su plaza.