Asturianos por el mundo

«En México es fácil emprender»

Isabel en las pirámides de Teotihuacán hace un par de semanas.

Isabel en las pirámides de Teotihuacán hace un par de semanas. / E. C.

  • Isabel Suárez Cossío, trabaja en México DF y acaba de crear su propia empresa

  • «Después de cuatro años todavía me cuesta digerir que la gente no sea capaz de decir ‘no’ abiertamente»

A Isabel Suárez Cossío (Oviedo, 1983) no le va nada estarse quietecita. Siempre le gustó viajar, moverse de aquí allá. Con 20 años se fue de Erasmus aCardiff (Gales) y ya entonces lo tuvo claro: «Desde ese año decidí que lo mío iba a ser andar por el mundo». Así fue. Acabó la carrera, encontró trabajo en una empresa de energía e ingeniería de Asturias que acabó cerrando y finalmente se apuntó a una de las becas del Idepa. Su destino fue India.En Bombay vivió en 2010 la que fue «la mejor y más enriquecedora experiencia de mi vida».

Trabajó un año en la Oficina Económica y Comercial. Esa era la primera parte de la beca. La segunda consistía en incorporarse a una empresa asturiana con algún tipo de actividad internacional. «Aunque no estaba en sus planes, la empresa decidió enviarme a México». Y a DF que se fue en 2011. Año y medio permaneció en el país azteca. Necesitaba volver a España y eso hizo. Trabajó un año en Madrid con la misma compañía hasta que cerró y surgió una nueva oportunidad. «Me salió otro proyecto a través de un antiguo conocido, y decidí darle una segunda oportunidad». No se arrepiente de su retorno a México en febrero de 2014.

Tampoco lamenta, sino todo lo contrario, el giro profesional que dio su vida. «Aunque estudié Derecho y siempre fui bastante tímida, fui descubriendo mi faceta comercial gracias a la experiencia laboral y el resultado actual es que estoy involucrada en el sector energético mexicano dentro del área comercial y de ventas», afirma. Tiene claro que lo suyo son las relaciones públicas, los contactos, ir a exposiciones, visitar clientes. «Además de mi empleo, me decidí a montar una pequeña empresa con dos socios mexicanos en torno al sector energético, que tras meses de dolores de cabeza para tenerla puesta a punto, empieza a arrancar ahora con el inicio del año». Acaba, pues, de comenzar una nueva aventura, de modo que sus perspectivas de futuro son quedarse en México.

El lugar merece la apuesta. «México es un país de oportunidades. A diferencia de España, aquí es bastante fácil emprender y casi todo negocio que uno imagine, a poco que esté bien montado, tiene salida», apunta. Añade que hay mucha mentalidad microempresarial y aunque el país también tiene sus problemas, que no son pocos (la corrupción, las enormes diferencias sociales) merece la pena intentarlo. Eso mismo piensan otros muchos españoles que en los últimos años se buscan la vida al otro lado del charco. «Ha venido una oleada enorme de españoles, antes la mayoría lo hacían en condiciones de expatriado, contrato desde España, sueldazo, casa, coche, viajes para toda la familia, pero ese estatus ya está casi en extinción, ahora vienen muchos a buscar el trabajo que sea», afirma. Hoy es común ver españoles trabajando como camareros cuando hace cuatro años –sostiene Isabel– «era impensable».

No le sorprende que los españoles miren a México. En DF –dice– se vive muy bien. Es una ciudad con muchísima vida, aunque la imagen que transmita sea injustamente escabrosa. «Mucha gente no pasa de venir a Cancún a un ‘todo incluido’ por puro desconocimiento, cuando México es un país relativamente seguro donde, siempre que se eviten determinadas zonas, puedes conocer lugares increíbles». Revela además Isabel que en México se quiere mucho a los españoles y que el carácter latino nos une. «Somos seres sociales por naturaleza: familiares, joviales, aunque luego haya muchas diferencias de carácter; a mí como asturiana recia me sigue costando digerir después de cuatro años que la gente no sepa decir ‘no’ abiertamente o que tengas que ser muy sutil hablando para que no te tachen de ruda a la mínima».

Pero México le ha enseñado a reír más y a llevar una vida tranquila, por mucho que se eche de menos la tierra, la familia, el chuletón, el marisco, la comida de la abuela y también a Max –«mi perrín, es el bebé de la familia»– y que cada seis meses sea necesario escapar para volver a casa. No descarta regresar a largo plazo, pero por el momento continuará escondiedo con primoroso cuidado y dedicación paquetes de jamón en la maleta: «Porque si te lo quitan, se lo comen».