Asturianos por el mundo

«Chile es como la España de ‘Cuéntame’»

Alejandro y Natalia, con Benjamín y Mateo, en Viña del Mar.

Alejandro y Natalia, con Benjamín y Mateo, en Viña del Mar. / E. C.

  • Alejandro Rodríguez lleva cinco años en el Cono Sur, donde han nacido sus hijos

  • Este geólogo gijonés trabaja en la mina de cobre más grande del mundo, al sur del país, en semanas alternas, ylos siguientes siete días viaja a Santiago para estar con su familia

Siempre se lo dice a sus amigos para que se hagan una idea de cómo es el lugar en el que vive desde hace cinco años. Que, para Alejandro Rodríguez Fernández, 35 años, «Chile es un poco como la España de ‘Cuéntame’», la serie de TVEque repasa los últimos años del franquismo y los comienzos de la Transición. «Son como la España de los 80 pero con la tecnología del siglo XXI. No hay que olvidar que ellos salieron hace relativamente poco de una dictadura y están empezando a espabilar y a darse cuenta de cosas como que se puede protestar».

Así ve, simplificando bastante, este geólogo el país al que emigró en 2011. «Yo entonces tenía trabajo en España, pero ya se le empezaban a ver las orejas a la crisis». Así que comunicó que se iba a sus padres, que «se quedaron en shock», y puso rumbo al Cono Sur tras informarse de que «Chile era un país tranquilo, con un estilo de vida muy europeo, herencia de la emigración que recibió. Porque no quería tener que ir con una pistola en el cinturón o debajo del asiento del coche».

«Iba a la aventura y ya llevo cinco años allí», explica un gijonés que, para ser sinceros, «siempre había contemplado la idea de cruzar el charco» y que, el primer día que puso el pie en su nueva empresa chilena, fue recibido por la administrativa de la compañía:«Natalia fue la que me abrió la puerta de la oficina». La misma Natalia que, por esas cosas maravillosas que tiene el azar, se ha convertido en su mujer y madre de sus dos hijos:Benjamín, el niño que ella tuvo de una relación anterior, y Mateo, que también nació allí y tiene las dos nacionalidades.

Sin embargo, Natalia y Alejandro ya no trabajan juntos, porque, al poco tiempo, él cambió de empleo y dejó el sur del país, que «sería incapaz de distinguir de Asturias por sus paisajes», por el norte, donde sufre los rigores del desierto de Atacama: «No veo el verde ni por asomo».

Allí trabaja en Chuquicamata, la mina de cobre más grande del mundo, de donde salen al año 620 mil toneladas de este metal de la máxima pureza que, en su mayor parte, se exportan. Una monstruosa recta de 16 kilómetros de carriles que van y que vienen y que separa de la ciudad de Calama, el enclave en el que habita la mayoría de los mineros que todos los días del año trabajan en ella y también, claro, nuestro geólogo gijonés.

«Estoy trabajando con un consorcio de Acciona y OSSA en un proyecto muy gordo y muy emblemático en la que es también la mayor mina a cielo abierto del planeta:se trata de hacerla subterránea», una empresa en la que ya lleva inmerso dos años.

En ese lugar desértico trabaja siete días seguidos en turnos de 12 horas, mientras que los siete siguientes coge un avión (Calama está a dos horas y cuarto de la capital) y se reúne en Santiago con su mujer y sus hijos.

Con ellos ha viajado a Gijón dos veces para alegría de los abuelos asturianos, Amador y Cristina, este hombre que hasta ha aprendido a acostumbrarse a los terremotos. «Y, cuando tenemos que dejar Asturias, a mi mujer casi le cuesta más volver que a mí», asegura Alejandro, al que no le motiva demasiado «el nivel de consumismo de los chilenos»:«En ese aspecto, son muy parecidos a los americanos. De ir a pasar la tarde a un centro comercial». A Natalia, por su parte, le fascina «poder estar caminando tranquilamente por Poniente a las tres de la mañana, algo que en Chile no se puede hacer».

Así quelos planes de la pareja pasan por instalarse en Asturias. Sobre todo, «ahora que las cosas están cambiando», Chile ya no es El Dorado y «hay mucho proyecto que se para por la bajada del precio del cobre, así que mucha gente se está marchando».

Él, por si acaso, votó el 20-D:«Aunque, con el guirigay que hay montado, van a ser cuatro años de peleas. Lo bueno es que a peor no podemos ir».