El Comercio
Asturianos por el mundo
Xermán Gutiérrez, en una calle de Dublín con su gaita.
Xermán Gutiérrez, en una calle de Dublín con su gaita.

«La gaita funciona en todas partes»

  • Xermán Gutiérrez es químico, ingeniero de sonido y toca la gaita en las calles de Dublín

  • Ha trabajado en farmacéuticas y en Paypal y ha recorrido Latinoamérica con su cornamusa a cuestas

Xermán Gutiérrez Lada (Mieres, 1979) tiene un carrerón vital de esos que no caben en ningún título universitario. Licenciado en Químicas por la Universidad de Oviedo, ha trabajado en compañías farmacéuticas, en Paypal, se ha reiventado como técnico de sonido, tiene su propio proyecto musical que mezcla la electrónica y los visuales y cuando el paro acecha toca la gaita en la calle. Ahora, en las de Dublín, pero antes en las de Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Francia, Italia, Croacia....

Atiende el teléfono desde Dublín y relata en asturiano una peripecia vital apasionante y, por momentos, apabullante. También dura: que tocar en la calle en pleno invierno no es vivir entre algodones. El caso es que este chico que habla inglés con acento de Mieres -o sea, «típicu acento spanish con la entonación de Mieres»- ya descubrió tiempo ha que los caminos de la vida son inexcrutables y que vale la pena dejarse llevar. Y eso que ahora piensa en sentar la cabeza. Con la carrera recién acabada se fue a Irlanda. Allí vivía ya su hermano Marco y allí comenzó su andadura trabajando en un laboratorio. Su siguiente destino fue Ibiza -«allí entamé a tocar la gaita en la cai pa sacar unes perruques»-, de vuelta a Irlanda trabajó en otro laboratorio hasta que llegó la crisis y la gaita se convirtió en la mejor manera para pagar las facturas. «En 2009 empecé a ver lo de la gaita como un trabajo, como un salario», revela. Es su comodín, la manera de ganarse la vida cada vez que el paro golpea. Además, dice, en Irlanda, el concepto de la cultura callejera está muy bien considerado.

Solo un año se formó como gaitero, pero sin embargo lleva ya muchos con la cornamusa como aliada insustituible. Tanto que en 2011, tras trabajar en Paypal durante año y medio, se fue con ella a recorrer el continente sudamericano. Hizo dúo con el yembé africano de su amigo Jesús Melero y juntos estuvieron año y medio recorriendo Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Brasil. Viajando y tocando. Hasta cuatro meses se quedaron por la Patagonia. La experiencia, insuperable: «En Perú y Bolivia la gente quedaba pasmada con la gaita», rememora el mierense, que vivió todo tipo de situaciones, algunas tan emotivas como dormir en casas de familias que les abrían las puertas «gracias a la música». También se cruzó con muchos descencientes de gallegos y asturianos que sí conocían la gaita y formaba parte de su memoria sentimental. «Salimos en los periódicos, nos llevaron a la tele, a la radio, si esto me pilla con 27 años, me quedo cuatro años allí, es un máster de vida».

Antes ya había viajado por Europa con la gaita y después regresó al viejo continente. En 2013, tras cinco meses en Asturias, se reinstaló en Dublín y allí ya volvió a tocar la gaita en la calle (ahora cotiza como autónomo): «En la calle para que te den perres hay que llamar la atención y la gaita ye un instrumento que tien fuerza y emoción, funciona en todas partes», dice. Con sus cinco horitas cinco días a la semana de trabajo ha logrado financiarse los estudios como ingeniero de sonido que acaba de concluir. El plan ahora es encontrar empleo en ese campo y continuar con su trabajo musical en Colorama, que así se llama el proyecto que comparte con su hermano Marco y con Jesús Melero. «Aquí si se trabaja hay bastantes opciones, pero hay que buscárselo, moverse, llamar a puertas y acaba saliendo». En esas anda. También añorando Asturias. ¿Por qué? «Echo mucho de menos el sol, aquí no hay verano, y a la familia, la forma de vida al aire libre, el patrimonio natural y cultural. Pero sobre todo echo de menos una Asturias más universal y abierta al mundo pero respetándose a sí misma como una realidad más de este planeta».