El Comercio
Asturianos por el mundo

«Algún pasajero se nos puso tonto»

El comandante Suárez-Lledó con su tripulación.
El comandante Suárez-Lledó con su tripulación.
  • El gijonés Yago Suárez-Lledó es piloto en Vietnam Airlines desde hace seis años

  • «En las compañías de bajo coste, muchas veces la línea que separa la economía de la seguridad es muy delgada»

Yago Suárez-Lledó Friera siempre quiso ser piloto. Yaquel niño que jugaba con aviones, que alucinaba con los héroes del aire que aparecían en las películas y que tenía un tío dedicado al salvamento marítimo a los mandos del Helimer Cantábrico, hoy acumula 5.600 horas surcando los cielos tras cursar estudios de Gestión Aeronáutica en la Autónoma de Madrid.

Allí empezó a materializarse un sueño que, poco después, le llevó a sacarse la licencia de vuelo y, de ahí, a Estados Unidos y de regreso a España, donde tuvo una experiencia no demasiado feliz con Vueling derivada de su fusión con Clickair.

Así que, «después de comprobar las condiciones laborales» que rigen en este país, hizo la maleta y puso rumbo a otros lares. Primero a Malasia, donde voló dos años con Air Asia, y, desde hace seis, a Vietnam. De modo que, cuando embarquen hacia algún destino del Sudeste asiático, pueden encontrarse con que les habla el comandante Suárez-Lledó, gijonés de 35 años de los que piensa que «como en Asturias no se está en ningún sitio». Pero, eso sí, no a toda costa:«Para que te hagas una idea, en Vietnam Airlines un piloto gana 3 o 4 veces más que en España, que parece que está en venta al mejor postor y donde los últimos contratos tienen un salario base que ronda los mil euros».

Esa es la razón de que, aunque se acaba de comprar una casa en Gijón, ande por aquellas tierras, donde trabaja seis semanas seguidas, mientras que las tres siguientes le toca descansar. Suele aprovecharlas para volver a disfrutar de la familia este profesional que, a ser posible, huye de los vuelos ‘low-cost’, aunque «depende de la compañía», precisa. Pero, en líneas generales, «sabes que se van a ahorrar el máximo dinero posible. Y, muchas veces, la línea que separa la economía de la seguridad es muy delgada».

Ahora bien, ni siquiera las mejores están a salvo de que se produzcan fallos técnicos. «Alguno he vivido en primera persona», reconoce. Como aquella vez que los ‘slats’ –esos dispositivos que ayudan a que la velocidad se pueda reducir durante la aproximación al aterrizaje– no salieron, ante lo que le tocó tirar «del procedimiento establecido» y echarle sangre fría.

Tampoco hay quien salve a los de su gremio de los imprevistos meteorológicos, relativamente frecuentes, «porque hay tifones, tormentas...».Por no hablar de las otras tempestades, las que se registran a bordo. «Algún pasajero se nos puso tonto», admite. Y, en concreto, recuerda a uno que había bebido. Pero la cosa no fue a más después de que la tripulación de cabina fuese a hablar con él y de que le echase la bronca por megafonía.

Lo que no le parece tan probable a Yago Suárez-Lledó son episodios como el del copiloto del avión de Germanwings que se estrelló contra los Alpes y que quedó catalogado como suicida. «Me cuesta mucho creerlo», asegura su colega gijonés, al que no le cuadran cosas como que «se filtrase la información al día siguiente del accidente, algo que nunca pasa».

Yel mismo espíritu crítico reserva para «los políticos españoles y algunos medios de comunicación, que han intentado echar la profesión por tierra durante la última huelga de Iberia, sin ir más lejos». Aunque tampoco le extraña: «Parece que España está en venta al mejor postor, que al Gobierno no le preocupa demasiado y, encima, Asturias ha ido detrás del resto».

En cuanto a sus vecinos vietnamitas, concluye que «son bastante cerrados, aún marcados por la guerra» y «muy diferentes los del Norte y los del Sur. Pasa lo mismo que en España con los catalanes. La diferencia es que ellos no se inventan la historia».