El Comercio
Asturianos por el mundo

«En Francia puedes vivir de la música»

Mónica Acevedo, en una actuación en París junto a su marido.
Mónica Acevedo, en una actuación en París junto a su marido.
  • La violinista Mónica Acevedo vive en París. Desde septiembre del pasado año lidera su propio cuarteto, con sus composiciones y las del guitarrista Diego Parada

Su día a día suena bien. Muy bien, pero tiene un punto de desarraigo, de añoranza, de nostalgia por la Asturias que ha dejado atrás. Mónica Acevedo (Gijón, 1981) lleva una vida entera formándose como música y viajando de aquí allá con su violín a cuestas. Ahora tiene su centro de operaciones en Francia, donde vive desde 2008, aunque su escenario y su auditorio es mucho más amplio y no tiene fronteras. Como la música.

Comenzó su formación en el conservatorio de Gijón y con su grado medio concluido emigró a Oviedo, al Martínez Torner, para finalizar el grado superior. De allí un año a Rotterdam; después Gran Canaria y León dando clases y por fin decidió que lo suyo era el jazz, la improvisación, seguir la senda marcada por Stéphane Grappelli. Ya en Gijón había tenido algún contacto con ese universo sonoro cuando tenía 19 años, con Toutsweet , pero fue mucho después cuando tomó rumbo al Conservatorio Superior de Barcelona y al Taller de Musics. Un cursillo posterior en Francia la convenció de que necesitaba una formación completa, y la encontró en el Centro de Músicas de Didier Lockwood, donde estuvo dos años y amplió su horizonte musical. «Allí aprendí a improvisar con el violín y me fui interesando por el canto y por trabajar la voz y la composición».

Hoy compone, toca el violín y canta en su propio cuarteto y también en varias formaciones. Y hoy París es su universo: «Aquí se puede vivir de la música, en España no», dice contundente. El sistema es distinto y beneficia a los músicos. En España, sostiene, sucede a la inversa. Si das clases no puedes actuar y si actúas has de ser autónomo, pero eso exige un volumen de actuaciones muy amplio... Un lío: «En España yo daba clases porque no podía vivir de la música, una vez hice una gira con Los Secretos y tenía problemas porque no era autónomo». Dicho lo cual, vivir en Francia tiene una parte de elección y otra de obligación: «Si bien durante años fue una decisión personal, llegó un momento en el que hubiera preferido volver a España, pero no es posible porque la situación de los músicos no tiene nada que ver».

La escena musical francesa es otra y siempre vibrante. Yla suya propia es abrumadora. Hace ya más de un lustro que comenzó a tocar con Sara French Sextet, con dos guitarras, contrabajo, violinista, cantante y clarinete. «Comenzamos con el swing, el jazz, pero hemos evolucionado y hemos grabado un disco de composiciones con letras en español y en italiano en el que hacemos una versión del ‘Pozo María Luisa’», relata. Fue este el grupo que le hizo evolucionar musicalmente y aventurarse en territorios inéditos. Además, desde 2014 tiene un dúo con el guitarrista francés Laurent Hestin, con el que también ha grabado un disco. Y por si fuera poco, forma parte de otro cuarteto con el contrabajista Philippe Laccarrière. Con todos ellos ha viajado a España y hasta ha actuado en Gijón, en locales como la Caja de Músicos o la Buena Vida.

Ahora tiene también su propio cuarteto, Monica’s Dream Quartet, con el que planea grabar un disco con sus composiciones y también las de su marido, el guitarrista gijonés Diego Parada. «Es jazz con influencias de músicas del mundo, hay un poco de todo, es muy variado, influyen los viajes, los orígenes», revela la violinista, que se rodea de músicos de muy variadas procedencias y con todos ellos comparte esa querencia hacia lo que quedó atrás. «El arraigo es el tema de mi vida, estar siempre ligada a Gijón», dice. Echa de menos la familia, esas canciones que cantaba con su abuela en las fiestas de San Pedro en La Felguera y las que entonan sus suegros en Cimadevilla. «Vamos hacer una creación alrededor del arraigo, va a haber también danza y audiovisual», anuncia.

También da clases en una escuela de París y también espera viajar a Asturias con su nuevo proyecto musical, porque si algo ha aprendido en Francia es que hay que buscarse la vida, que no hay que esperar a que venga a otro a ofrecerte un concierto. «Aquí la gente se mueve para hacer las cosas, no espera a que las cosas se hagan». Mónica ha aprendido la lección y se mueve. Y sigue tocando en un París que desde los atentados de noviembre vive con miedo pero también más unido y solidario que nunca. Pero no tan sonriente como Asturias. Otra añoranza: «La gente es más generosa y agradable».