El Comercio
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«A los españoles nos ofrecen condiciones que los alemanes no aceptan»

Leticia Reina, con ‘Los músicos de Bremen’.
Leticia Reina, con ‘Los músicos de Bremen’.
  • La gijonesa Leticia Reina trabaja en Alemania en una factoría de Airbus desde 2015. «Mi madre cuenta los días para vernos», dice

«Pasar de La Calzada a Alemania fue tremendo. Yo me fui aterrorizada y eso que allí ya estaba Gustavo, mi novio, que llevaba un par de semanas. Pero llegué en enero, cuando a las tres y media de la tarde es de noche. El rato que paraba de llover era para empezar a nevar y hacía un frío que te morías». Así recuerda Leticia Reina (gijonesa del 87) su desembarco en Bremen. Y eso que a los 17 ya se había ido a una universidad madrileña a estudiar Gestión de Transporte Aéreo Internacional para regresar después a Gijón y sacarse la licencia de piloto privado y de nuevo volver a Madrid a aprender Mantenimiento de Aviónica, «la parte eléctrica y electrónica de los aviones, el cerebro del aparato». Todo eso para acabar en el paro, que intercaló con cursos y algún trabajo de socorrista en verano.

Así llegó enero de 2015, cuando decidió emigrar obligada por la crisis. «No tenía ni trabajo ni previsiones de tenerlo. En España, por más que te formas, es dificilísimo encontrarlo». Yno es lo más crítico que dice sobre nosotros:«Somos un país de pandereta que lleva meses sin gobierno y no se nota la diferencia. Somos el hazmerreír de Europa, el primo tonto. Con decirte que en el grupo de Facebook de españoles en Bremen somos unos 400, pocos deben quedar allí».

En la ciudad alemana, Leticia trabajaba hasta hace bien poco como montadora eléctrica en el A400M, un avión militar, para una subcontrata en una factoría de Airbus. «Aquí montamos el cuerpo del avión y en Sevilla se hace el ensamblaje final. Le ponen las alas y la cabina. Es una gran responsabilidad y, por eso, somos concienzudos con la calidad del trabajo y cada cable y cada equipo instalado pasa varios controles de calidad. Nada se deja al azar». Pero, aunque ella vuela «tranquilísima», sabe que hay cuestiones que al viajero de a pie no se le pueden contar «por no asustarlo».

Ahora, en cambio, acaba de ascender a inspectora de calidad para la misma compañía en la que trabaja su novio. Pero que nadie se piense que aquello es jauja:«Muchas empresas se aprovechan muchísimo de que en España no tenemos ninguna oportunidad laboral y te ofrecen condiciones que los alemanes no aceptan». Algo a lo que se suma que un 38% de su sueldo se va en pagar impuestos en una sociedad con un arraigado concepto de lo público y lo privado:«Aquí no hay tornos para entrar al tranvía ni al autobús. Ellos lo pagan porque hay que pagarlo y, cuando voy de compras, dejo la bici sin atar en la puerta y al salir... ¡sigue allí!».

Eso le gusta de los alemanes, al igual que «lo fiesteros que son en cuanto sale un rayo de sol» y sus planes de reciclaje:«Por cada botella de plástico que compras pagas una fianza de 25 céntimos y así se aseguran de que la llevarás al supermercado». O que «todos los pisos se alquilan completamente vacíos y amueblarlos es tan fácil como salir un domingo o meterte en alguna página de anuncios de internet. Ellos dejan en la calle los muebles con un cartel que pone ‘zu verschenken’ (para regalar)».

Yotro punto a su favor:«Las ayudas. Por ejemplo, por tener un hijo te dan 190 euros al mes durante sus 18 años y aparte te pagan la guardería. Y, si tienes niños y te quedas en paro, el Estado paga el alquiler. Sin embargo, si te casas no tienes derecho a 15 días, ni siquiera tienes alguno por fallecimiento de un familiar, aunque algunas empresas (la mayoría de las llamadas ‘éticas’) te los dan». Eso y que «el 90% de la población habla un inglés perfecto», porque con el alemán aún no se apaña.

Ahí llega lo que detesta:«Lo más complicado es hacer trámites y papeles. Como cuando le dices a la funcionaria de turno que no sabes alemán y ves perfectamente que te está entendiendo pero que no quiere hablarte en inglés. Te dan ganas de volver corriendo a casa con mamá, que también cuenta los días para volver a vernos. Afortunadamente, siempre suele haber en la cola algún alemán que no nos ve como un país tercermundista y ejerce de traductor inglés-alemán». Y sí:ha tenido comentarios jocosos sobre su nombre y apellido. Del tipo:«Ay, qué gracia, Leticia Reina, como la Reina». «Una vez fui a renovar el pasaporte y las funcionarias se morían de la risa», recuerda. «Pero, claro, todo esto en España. En Alemania, ni saben lo que significa Reina ni prácticamente conocen a la nuestra».