Asturianos por el mundo

«Todo se paraliza cinco veces al día»

Diego Martínez con la localidad de Muhayil, donde vive, a sus espaldas.
Diego Martínez con la localidad de Muhayil, donde vive, a sus espaldas.
  • El gijonés Diego Martínez Fernández es profesor de FPen Arabia Saudí desde 2015 | «He visto al menos en dos tiendas la equipación amarilla del Sporting y además aquí se pueden ver los partidos de la liga española por televisión»

¿Qué hace un gijonés en un lugar del globo llamado Muhayil, un punto remoto al suroeste de Arabia Saudí?«Ayudar al país a que supere su dependencia del petróleo, que, pese a que es abundante, tiene un recorrido limitado y hay que intentar dar una alternativa formativa a su población», cuenta Diego Martínez.

Esa es la razón de que «el Gobierno esté apostando por la educación: intentar conseguir un cambio en el modelo productivo». Yahí encaja este asturiano de 38 años licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Oviedo. Con tres másteres y conocimientos de inglés y alemán. Casi nada.

Con ese currículum –que se completa con haber ejercido como profesor de Economía en FP, economista o empleado de banca–, Diego era el candidato perfecto. Así que dejó «una vida cómoda» en Gijón en la que «tenía trabajo, casa y una situación personal estable», pero carencias en lo laboral, y solo pasó una semana entre que mandó su currículum y le contestaron que sí, por lo que apenas le dio a tiempo de decir adiós. «De la última persona que me despedí fue de mi abuela. Fue la despedida más dura, pero me dio una lección de sabiduría, cariño y ánimo, viendo su reacción ante la noticia», explica.

Concretamente, Diego ha sido contratado «como profesor de Business», una modalidad en la que «se intenta que los chicos puedan ser autónomos, conocer las herramientas básicas de apertura de un negocio o, en los casos más optimistas, poder crear una pequeña empresa».

En eso anda desde 2015 en «un país islámico ultraconservador donde la tradición se mantiene o se intenta mantener a toda costa».

Solo un ejemplo:«Trabajamos de domingo a jueves entre las 7.30 y las 17.15. Lo que sucede es que todo se paraliza cinco veces al día por los rezos en las mezquitas. Rezos que no son fijos porque se acomodan al horario solar. Y, cuando todo se paraliza, sucede que puedes estar en un supermercado y que se cierren las puertas delante de ti, que estando dentro no te cobren porque el cajero se marche a la mezquita o que te permitan continuar haciendo la compra a puerta cerrada sin personal alrededor de ningún tipo. Cuando se vuelven a abrir las puertas, se pasa por caja y todo vuelve a la normalidad».

Ysi es «fundamental controlar el horario de los rezos para poder evitar problemas», no menos vital resulta amoldarse a sus horarios y a su ocio, que «no existe tal y como lo conocemos en Asturias»: «No hay cines ni discotecas. No se hace vida social mixta y se vive en horario nocturno. Cuando termina el último rezo, aproximadamente a las ocho de la noche, es cuando todo se pone en marcha: se pueden hacer todo tipo de trámites hasta bien entrada la madrugada».

Eso, si eres un hombre. Porque, de lo contrario, la cosa cambia:«Aquí hay mujeres trabajando en empresas internacionales y con cargos relevantes, pero el día a día fuera del entorno laboral se hace especialmente complejo. Han de ir cubiertas de la cabeza a los pies, no pueden salir solas a la calle ni conducir… y tampoco se pueden hacer actividades en las que se mezclen hombres y mujeres. Comercios, bancos e incluso aeropuertos tienen entradas diferenciadas».

Pero, en su caso, las cosas van sobre ruedas en cuanto saca el fútbol como tema de conversación: «No tienen claro que Asturias exista. Lo que sí tienen claro es que el Sporting existe. Forma parte de la liga de fútbol española y sus partidos se emiten por televisión aquí. Yo mismo he visto en al menos dos tiendas de deportes la equipación completa del Sporting en amarillo (ni rastro de la rojiblanca), para mi sorpresa mayúscula. Pero algo es algo», se ríe.

De Asturias, eso sí, lo echa de menos «todo». Empezando por la gastronomía «porque, al estar prohibido el alcohol y el cerdo, la sidra y la fabada no tienen cabida», y siguiendo por el olor a salitre, el verde, las fiestas de prao, el bullicio de Cimadevilla, salir a correr por el Muro...». La lista es infinita, pero, a cambio, «cuando la vida se aloja en maletas, el miedo se pierde», así que anima a todos los jóvenes «a ser conscientes de su verdadero valor y a no pensar que valen lo que el mercado laboral español les está diciendo que valen, porque no es verdad».