Asturianos por el mundo

«Aquí no sitúan Asturias en el mapa»

Enrique Rodríguez Mingotes, en la capital británica, con su novia Anastasia.
Enrique Rodríguez Mingotes, en la capital británica, con su novia Anastasia.
  • El gijonés Enrique Rodríguez vive en Londres desde hace tres años y medio. Encargado en un Starbucks y estudiantes de Comunicación, el domingo añoró más que nunca la fuente de Pelayo para ir a celebrar la permanencia del Sporting

Llegó hace tres años y medio para aprender inglés en un parón de la Universidad y se quedó. La razón es simple, contundente y elocuente: «Gustome». A Enrique Rodríguez Mingotes (Gijón, 1991) la experiencia londinense le parece recomendable «sin duda» y por eso este estudiante de Ciencias de la Comunicación y encargado en Starbucks con novia rusa de momento no tiene billete de vuelta. Su vida es sencilla y agradable: «Me levanto a las siete para ir a trabajar, generalmente salgo a las cuatro de la tarde, luego quedo con la novia y estudio un rato cuando toca», relata. Los miércoles y los domingos son sus días y libres y, si puede, se acerca a la costa: «Es lo que más echo en falta, pero queda un poco lejos».

Así transcurren los días de quien considera que en el plano profesional los británicos no son tan trabajodores como se piensa, pero que sí se lo curran en otros aspectos. «La verdad es que diría que son un poco vagos para trabajar, al menos en el Starbucks, sobre todo con los que hay que pelearse para que te arreglen cosas. En lo positivo destacaría el servicio al cliente; es, yo diría, excesivo».

Asegura Enrique que no tiene una relación muy personal con los ingleses, aunque siempre es bueno compartir con ellos un ratito en el pub. «Cuando vas al chigre son amables, les gusta que les cuentes del Sporting», relata. Y hablando del Sporting, el domingo pasado fue un día también de infarto en Londres. «Lo disfruté como un guaje, estuve pendiente de los otros partidos y actualizando internet cada treinta segundos. No me creía que fuese todo tan bien, cuando acabó abrí una botella de vino, es lo malo de Londres, no está la fuente de Pelayo para bajar a celebrarlo», afirma.

Revela que los británicos son grandes bebedores y que sienten curiosidad por nuestro país, pero su visión de España está muy limitada a los tópicos. «Desgraciadamente, la gente no sitúa Asturias en el mapa, es una pena. Les explico que está en el Norte, cerca de ellos», subraya. Añade que una de sus grandes extrañezas es de índole climatológico: «Les extraña mucho que no haga sol, no conocen los Picos».

Con las añoranzas propias del asturiano que vive lejos -«la comida, la playa, la gente, la familia, no sé, Asturias en general. No hay otra»-, sus perspectivas de futuro no están claras. No sabe si volverá pronto, pero sí hay garantías de que algún día lo hará. «¿Volver a Asturias? Quién sabe, quizás. Me gustaría al menos de vieyín».

Mientras llega ese momento, este gijonés no mantiene una estrecha relación con los españoles, que cada vez son más y más en la capital británica. «Solía relacionarme con gente de España hará un par de años o así, pero ahora cada vez menos. Me gusta integrarme con gente de otros lados, quizá sea lo que peor veo de la gente que viene desde España, tiende a formar guetos, pero, bueno, será normal, pienso yo».