El Comercio
Asturianos por el mundo

«Veo una manzana y me dan ganas de hacer sidra»

Guzmán se dispone a asar carne en el 26 aniversario de Virmond.
Guzmán se dispone a asar carne en el 26 aniversario de Virmond.
  • El gijonés Guzmán Pérez vive en Brasil | «He hecho jamones en la cámara fría del supermercado de un amigo y salieron buenísimos»

En 1999 se casó con una brasileña. Pero Guzmán Pérez Díaz (Gijón, 1974) no se fue a Brasil hasta 2011. «Literalmente me arrancaron de Asturias», dice desde el estado de Paraná, donde ahora tiene su vida junto a su familia y donde busca continuamente la felicidad. Y no le va mal. Formado en el colegio Asturias, en el Jovellanos y el Calderón, con 16 años ya comenzó a trabajar en la construcción por cuenta propia y para la empresa de su padre, se fue a Murcia a vivir de 2002 a 2009 y de regreso a Gijón siguió en lo suyo. Hasta que llegó el mes de diciembre de 2011 y se fue con su mujer y su hijo, que entonces tenía año y medio, a Brasil a construir una casa en un terreno que habían comprado tiempo atrás. «Mi mujer decidió quedarse a vivir aquí, pues en Asturias no tenía trabajo y aquí con sus titulaciones brasileñas y algún máster de España, le era fácil conseguir buenos empleos». Guzmán volvió a España, terminó las obras pendientes, vendió coches y moto, compró herramientas y las metió junto a sus cosas en un contenedor.

Sus primeros años no fueron los mejores. Se fue a trabajar con minas de oro en el Norte de Perú. Fueron tiempos duros, de no dormir y entrar en una espiral de agotamiento de la que logró salir para comenzar su nueva vida. En esas anda ahora. «Mi trabajo consiste en alquilar herramientas de construcción, algunas fabricadas por mí, hago alguna obra o reforma pequeña, estoy construyendo una casa para vender y estoy preparando el proyecto para mi primer geriátrico». Pese a todo lo dicho, y que planea dar clases de español como servicio a la comunidad, su vida es tranquila. «Parecen muchas cosas, pero va todo sin estrés, con armonía». Tanto que cambió las horas de televisión durante las noches por estudiar en internet aspectos relacionados con la neurociencia, el desenvolvimiento personal y la espiritualidad.

Lo narrado acontece en Virmond, una ciudad de unos dos mil habitantes, casi todos descendientes de polacos, en el centro del estado, a 300 kilómetros de las cataratas de Iguazú y con tradición gaucha de mate y churrasco. «De tamaño un poco menos que la mitad de España, la principal riqueza del estado proviene de la exportación de tabaco, soja, maíz, trigo, carne y madera», revela este hombre que ha cambiado su perspectiva vital. «Cuando tenía veinte años creía que tenía que trabajar hasta los 65, y al jubilarme, pensaba irme para Brasil. Ahora mi objetivo es alcanzar la libertad financiera antes de diez años y pasearme por el mundo y por Asturias».

Porque Brasil está muy bien, sobre todo para los turistas, pero es el paraíso de la desigualdad social –«si no tienes un título universitario no eres nada»–. «Aquí mejor no venir a buscar trabajo, mejor venir a crear trabajo», advierte. Sí hay posibilidades de negocio porque con unos impuestos a la importación altísimos para fomentar el mercado interior, la competencia se queda fuera. Y eso significa que desde dentro se pueden ejecutar infinidad de cosas para hacer más productivos sectores como el de la construcción, que emplea medios muy anticuados. «Todo lo que puedas fabricar mejorando lo existente te funciona y puedes empezar prácticamente de cero. Este es mi mayor problema, puedo hacer tantas cosas que a veces me es difícil centrarme».

En Brasil España está en el mapa gracias a los futbolistas y poco más. Nadie es capaz de ubicar Asturias, el lugar de las añoranzas de Guzmán, que se busca la vida con imaginación y ganas para aplacarlas. «En 2014 hice por primera vez en mi vida dos jamones en la cámara fría del supermercado de un amigo, y estaban buenísimos. Y cada vez que veo una manzana, me dan ganas de hacer sidra». Los potajes caseros no le faltan; los cocina su mujer.

En medio de esta realidad, no está tan presente como en Europa la crisis del zika, y eso que, a su juicio, no se están haciendo las cosas bien para ponerle coto. «Respecto al zika y la suspensión de las olimpiadas son rumores del extranjero, en Brasil no se habla de ello», subraya. Y añade que se le ha dado más comba al problema que la solución. Y la solución está en educación a la ciudadanía para mejorar los estándares de limpieza.