Asturianos por el mundo

«Lo que más me gusta son las mujeres»

El poleso Daniel García García, en Polonia.
El poleso Daniel García García, en Polonia.
  • El sierense Daniel García lleva cuatro años en Breslavia, «encandilado con las polacas». «Mi padre ya no sabe qué moto venderme para que vuelva. Echa de menos que su cachorro vaya con él a El Molinón»

Daniel García García (Pola de Siero, 1989) reconoce que se tomó sus estudios en la Facultad de Comercio y Turismo Jovellanos de Gijón «con calma», porque, entre otras cosas, se le atragantó el francés, que, «con respeto para los amantes de este idioma, es horrible». Y, en ese periplo hasta conseguir la diplomatura, decidió irse de ‘erasmus’ a Polonia.

«La verdad que tuvo que ser cosa del destino llegar aquí, porque siempre tuve la idea de elegir Inglaterra. Pero, lamentablemente, los destinos más atractivos los cogían los estudiantes con mayor nota en la prueba de idioma». Así que a Polonia se fue. Concretamente, a la ciudad de Breslavia, en el suroeste del país y que fue alemana hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Y allí sigue desde hace cuatro años, porque «no tenía ni idea» de cómo enfocar su futuro laboral, por lo que decidió jugárselo «todo a una carta»:«Hice mi currículum, se lo di a un amigo y tuve mi primera entrevista de trabajo en inglés. Estaba cagado, pero tiré de labia». Ylo consiguió:entró a trabajar en una empresa americana que distribuye servicios residenciales y comerciales por casi toda Europa, donde incluso lo han ascendido a ‘team leader’ de su departamento, así que está encantado en una ciudad «a la que llaman la Venecia del Este, por sus puentes y canales».

Y eso –cuenta– que el país no atraviesa sus mejores momentos: «Hubo mucha crispación social después de que ganase las elecciones un partido ultraconservador. Hasta hace poco, nos pasábamos todos los fines de semana con manifestaciones. Los sábados a favor y los domingos en contra o viceversa. ‘Polonia para los polacos’, cantan. Y, aunque no he tenido ningún encontronazo con alguno de estos individuos, la gente que no es de tez blanca tiene más problemas».

Con todo y con eso, la vida en Breslavia discurre con normalidad: «Esta ciudad está llena de extranjeros y de gente joven. Parece un chiste: ‘Se juntan dos españoles, una italiana, dos polacas y un checo’. Aunque, en realidad, me muevo con un grupo de españoles norteños: un vallisoletano, un cántabro, un vasco, un leonés y un asturiano. Yandamos en busca de algún gallego, pero no hubo manera», bromea. «Yluego ya nos mezclamos con el resto de extranjeros y polacos. Bien sea porque organizamos una barbacoa o porque salimos a tomar unas cervezas y nos encontramos por los bares», relata.

La familia, en cambio, no lleva tan bien la distancia. Sobre todo, si se tiene en cuenta que es el pequeño de tres hermanos y que «los otros dos hace años que se fueron, pero viven a diez minutos. No como yo, que me fui a 3.500 kilómetros», explica Dani. Yva más allá:«Mi padre no sabe ya qué moto venderme para que vuelva. Imagino que echa de menos ir con el cachorro a ver al Sporting a El Molinón, igual que yo lo extraño a él. Yaprovecho el momento para remarcar que todavía no se atrevieron a venir a visitarme. Piensan que se van a perder haciendo escala», se ríe.

Porque la verdad es que llegar a Asturias «supone pasarse un día viajando», cuenta Dani, que este año volverá para El Carmín después de tres años de ausencia con una asignatura pendiente: «El polaco.Si bien es cierto que puedo hacer el día a día sin problema, no puedo seguir una conversación o leer en su idioma. Pero tengo hecha una promesa:si me caso con una polaca lo aprenderé, aunque solo sea por entender lo que me dice la suegra». Yes que no lo oculta:«Lo que más me gusta de este país son las mujeres. Te encandilan con sus ojos verdes turquesa o azul cielo y ya no puedes escapar». ¿Ylo mas difícil? «La emancipación. Aunque cocinar, hacer la compra y lavar lo saqué adelante, a la plancha la sigo mirando de reojo. No acabamos de entendernos».