El Comercio
Asturianos por el mundo

«Aquí respetan los derechos laborales»

Guillermo Hidalgo González, en el puente colgante de Clifton, en Bristol.
Guillermo Hidalgo González, en el puente colgante de Clifton, en Bristol. / E. C.
  • El avilesino Guillermo Hidalgo trabaja en Bristol como ingeniero para una empresa que da servicio al ferrocarril británico

Sus añoranzas son familiares, gastronómicas y las propias de la costumbre, de esa cotidianidad de cuyo valor no se es consciente hasta que se pierde. Como por ejemplo, leer el periódico en la barra de un bar con un café caliente. Pero pese a que en su maleta no falten ni les fabes ni el compango ni las marañuelas de Candás, pese a que Asturias se vea con nostalgia y «un poco de pena», a Guillermo Hidalgo González (Avilés, 1989) la vida británica no le va nada mal. Este estudiante del colegio de Sabugo y del Menéndez Pidal al que siempre le gustaron los idiomas –habla inglés, francés y alemán–, se fue a Santander para hacerse ingeniero de caminos, canales y puertos, inició su aventura internacional en Toulouse como Erasmus y con la carrera acabada tomó rumbo a Gran Bretaña.

Las perspectivas laborales no eran buenas en España y no se lo pensó: en febrero de 2015 voló a Londres. Trabajó en la hostelería unos meses hasta que consiguió un contrato con Arcadis, una empresa dedicada a la consultoría técnica cuyo principal cliente es Network Rail, algo así como el Adif británico. «Tengo la suerte de dedicarme a lo que me gusta: me viene de familia la pasión por los ferrocarriles y trabajo en el sector diseñando puentes», detalla.

Vive en Bristol con su novia, arquitecta, a quince minutos a pie de la oficina y apenas tiene quejas de una población con casi medio millón de habitantes con una actividad vibrante. «La ciudad está llena de vida y juventud, es uno de los grandes núcleos artísticos del Reino Unido, hay muchos conciertos y en verano hay actividades y festivales todos los fines de semana», revela. El único contra, que las conexiones con Asturias no son buenas. Hay que ir a Londres o volar a Bilbao.

El sistema laboral británico también tiene sus pros: «Una de las grandes ventajas es que los derechos laborales se respetan bastante, las horas trabajadas se pagan siempre, y se intenta que el trabajador esté contento en su puesto», relata. Eso sí, los días festivos se quedan cortos:ocho frente a los 14 españoles.

Integrarse en la sociedad británica no es tan sencillo como parece. «Incluso hablando el idioma perfectamente es más difícil hacer amigos ‘autóctonos’ que en España, ya que la gente suele tener su  grupo montado y entrar no es sencillo. Sin embargo, es habitual hacer grupos de amigos internacionales, ya que estar en una situación similar facilita el acercamiento».

Se conocen bien británicos y españoles, aunque es innegable que pese a que los unos y los otros se visitan por turismo o por trabajo, también lo es que los tópicos se alimentan solos. Por ejemplo, España es sinónimo de Sur y sol. «No deja de sorprenderles cuando les cuento que estuve una semana entera a finales de junio en vacaciones y llovió casi todos los días».

La vida pasa en Bristol para Guillermo sin perspectivas a corto plazo de volver. La situación en Asturias no está para tirar voladores y él no le teme al Brexit. «Con respecto al futuro, solamente hay incertidumbre, que es lo que está haciendo que el valor de la libra esterlina caiga. Sinceramente, nadie sabe si al final acabarán saliendo de la UE, pero incluso en ese caso no creo que echen a nadie del país».