El Comercio

Asturianos por el mundo

«No se votó a Trump, sino contra Clinton»

Juan Antonio Palacios en las cataratas del Niagara.
Juan Antonio Palacios en las cataratas del Niagara.
  • El gijonés Juan Antonio Palacios trabaja en Ohio para una multinacional española. Ingeniero informático, vivó la jornada electoral en un bar «como nosotros en España con el fútbol»

Vive a una hora de Cleveland, en un pueblo de Ohio llamado Lexington al que llegó hace un mes. Juan Antonio Palacios Fernández (1978), ingenio técnico informático de Gijón, trabaja en una multinacional española que se dedica a vender almacenes automáticos y allá se fue para realizar la validación del software de los sistemas de robótica y la comunicación con los sistemas informáticos de su cliente. Y allí le pilló la campaña electoral, el escrutinio y el ascenso de Trump a la Casa Blanca: «No he visto a la gente dividida, aquí Trump ha barrido», dice, y explica después lo que, a su juicio, hay detrás de esa victoria: «Se ha apreciado cierta decepción entre la gente con más nivel de estudios, pero no es tanto porque haya ganado Trump sino porque consideraban que ambos candidatos eran terribles», argumenta. Añade después que «la gente no quería que ganase Trump, lo que quería era que no ganase Clinton.». El miedo está detrás de lo que ha ocurrido, especialmente entre quienes cuentan con bajos niveles de estudios y son, por tanto, fácilmente manipulables. «Trump jugó la baza de recuperar la industria americana en contraposición a los demócratas y la gente se agarra a un clavo ardiendo con tal de conservar el trabajo. Sin trabajo no tienes seguro médico. No tienes nada, aquí todo cuesta dinero».

Más allá del análisis político, Juan Antonio ha disfrutado de la experiencia de vivir unas elecciones americanas en vivo y en directo.Puro espectáculo made in USA. «Un par de americanos me invitaron a ir a ver la jornada electoral con ellos a un bar, como hacemos nosotros en España con el fútbol, por lo visto es lo habitual. Me resultó curioso», relata. Se transmite el escrutinio en directo, van llegando los resultados de los distintos condados y estados, se hacen bromas, se sorprenden. «La cobertura que hacen y cómo la hacen es infinitamente superior a cómo la hacemos nosotros».

Le ha gustado el seguimiento y le gusta también un país en el que es fácil entablar conversación con todo el mundo y en el que la gente es amable, abierta y educada. «La imagen que proyectan al exterior no les hace ningún favor, realmente te sientes integrado rápidamente», apunta.

Si bien las distancias familiares y personales se aplacan a golpe de tecnología y roaming, hay una añoranza que cuesta mucho más paliar: la comida. «Comer bien aquí es difícil». Con permiso de las costillas a la barbacoa, «espectaculares», la comida es excesiva. «Le ponen queso, bacon y salsas a todo» y cualquier plato se acompaña con cantidades industriales de refresco. «He conseguido encontrar un sitio donde puedo comerme una ensalada sin queso ni bacon y aliñada con aceite de oliva o un pescado a la plancha sin cosas raras y es el que más frecuento».

No tiene fecha cerrada de retorno a España. Sabe que en principio se quedará hasta febrero, pero está abierto a que sea más tiempo: «No me importaría quedarme aquí por una temporada más larga». Y eso que el ‘american dream’, pese a quien pese, no está al alcance de todos. «El sueño americano existe, pero no para todo el mundo. Si no tienes estudios o no eres una persona realmente inteligente es muy difícil llegar a triunfar. Los propios americanos te dicen que este es un gran país para que la gente preparada venga, gane dinero y luego se vaya a sitios mejores. El mundo laboral es muy competitivo, no hay tregua, todo el mundo quiere más que los demás y ser mejor que los demás».