El Comercio

Asturianos por el mundo

«Quiero traer conservas asturianas»

Álvaro posa conla bolsa y los productos de su empresa en  el canal Rideau, en Ottawa.
Álvaro posa conla bolsa y los productos de su empresa en el canal Rideau, en Ottawa.
  • Álvaro González Polledo importa y comercializa productos españoles en Canadá

  • Llegó a Ottawa hace tres años y hace dos y medio montó una empresa que lleva aceite y latas al país norteamericano

Derrocha entusiasmo. Y eso que no es tan fácil como podría parecer importar productos españoles en Canadá. Por mucho que haya mercado, hay que lidiar con el burocrático, riguroso y estricto sistema canadiense. Pero Álvaro González Polledo (Oviedo, 1983) no se desalienta. Y está convencido de que no tardará en tener en Canadá conservas y quesos asturianos.

La suya con Ottawa, la ciudad donde vive desde hace algo menos de tres años, es una historia de amor y business. Su novia gallega se fue a Canadá para hacer un postdoctorado de investigación en un hospital de Ottawa y él, tras pasar por Dublín para darle un empujón al inglés, cruzó el charco. Trabajó en un supermercado, de vendedor en unos grandes almacenes, cuidando niños, dando clases de español, hasta que «vi que el mercado laboral canadiense no me iba a ofrecer nada relacionado con mis estudios» y creó su propia compañía. Licenciado en Dirección y Administración de Empresas por la Universidad de Oviedo, hace dos años y medio montó Solfarmers. «Aquí se puede registrar una empresa en media hora», dice, apuntando a uno de los pros de un país que, en otros aspectos, no siempre facilita tanto las cosas. Pese a que cuesta cambiar los hábitos alimenticios, el negocio va bien. De momento, importa aceite de oliva de Andalucía y conservas gallegas y comercializa todo tipo de productos españoles, incluida sidra sin alcohol. «Me encantaría que algún conservero asturiano quisiera entrar en Canadá», afirma. Y les anima a dar el salto, para lo que, eso sí, es necesario recurrir a una empresa como la suya. No hay otra forma de hacerlo. Luego toca pasar todo tipo de controles y ajustarse a las normas de etiquetado del país.

Claro que además de esa invitación a las conserveras, su empeño actual está en importar quesos asturianos, para lo que se le exige conseguir cuota láctea. En un país con una importante comunidad francófona, Álvaro sabe que los quesos son un éxito asegurado. Se acaba de firmar el acuerdo CETA entre la Unión Europea y Canadá y es optimista. «Las licencias para importar aceite y pescado son relativamente fáciles comparadas con la de lácteos», explica.

Más que difícil es imposible que pueda llevar sidra, porque la importación de alcohol es un monopolio en un país que es muy sorprendente en muchos aspectos. «La imagen que se tiene en Europa de Canadá no es real. Hay mucho mito, aquí muchas cosas están en pañales», revela. Por ejemplo, el sistema sanitario deja mucho que desear, la burocracia a veces es abrumadora y conseguir un permiso de residencia permanente es una locura. Él lo sabe bien. «Canadá tiene un 7% de paro pero es para los canadienses, el que venga aquí las va a pasar canutas», advierte. No aconseja la aventura de plantarse allí como quien va a Londres. Ni las cosas son tan fáciles ni está a dos horas de vuelo low cost.

En el lado contrario, también el país tiene sus ventajas: «Una de ellas es la vida familiar, aquí a las cinco de la tarde están todos juntos, eso de 'tengo que currar y llego a las nueve de la noche' no pasa, concilian muy bien la vida familiar y la laboral».