Asturianos por el mundo
Paola Morán vive en la ciudad de los rascacielos.
Paola Morán vive en la ciudad de los rascacielos.

«Me han dado una oportunidad»

  • Paola Morán estudia en Nueva York y acaba de encontrar un buen trabajo en la ciudad

  • Esta atleta gijonesa supo muy joven lo que quería hacer en la vida y ha ido, sin pausa, recorriendo su camino y superando trabas hasta conseguirlo

Cuando empezó a cursar cuarto de la ESO en el Colegio la Corolla, Paola Morán (Gijón, 1994) ya sabía qué quería hacer cuando fuera mayor: «Tenía la ambición de irme de casa y conocer mundo», cuenta esta joven que lleva cuatro años y medio viviendo en Estados Unidos. Teniendo tan claro el qué, solo tuvo que buscar el cómo y esperar a que pasaran unos años para alcanzar su meta. Dos para ser exactos, en los que terminó bachillerato en el Corazón de María con una nota de 9,9 y mantuvo unas buenas marcas en atletismo, deporte en el que se proclamó campeona de Asturias y, siendo una niña, de España.

En la primavera de 2012, mientras sus compañeros de clase preparaban la PAU, ella, al tiempo, también estudiaba para la SAT, la prueba de admisión en las universidades de Estados Unidos. Le habían concedido beca tanto académica como deportiva y tenía en sus manos cumplir su objetivo de niña. «Ya con el aprobado apliqué -anglicismo que aquí sustituye a presentar- a muchas universidades», recuerda. La cogieron en la de Nueva Jersey y para allá que fue. «Aprendí inglés, pero el nivel académico me pareció muy fácil, así que empecé a buscar buenas universidades en Manhattan, que no costasen mucho y en las que te dejasen acceder por nota», explica. Encontró una de negocio en la que empezó a cursar lo que, traducido, sería la ciencia del emprendedor y la dirección de empresas, un programa «que está en el top 3 de la nación de Estados Unidos», revela. Ahora precisamente acaba de tener sus últimos exámenes.

Lo que Paola Morán hizo fue ponerse una meta e ir trazado en camino para cumplirla. Si no tenía el suficiente nivel de inglés, «me cogí primero clases como estadística, micro y macroeconomía que, básicamente, son números»; si al otro lado del Atlántico la vida es mucho más cara, «trabajo más». Según llegó se buscó un empleo. «Fui recepcionista de la residencia, student ambassador -los universitarios que explican a los padres de futuros estudiantes cómo funcionan las cosas- y trabajé en la cocina y de camarera en varios sitios», enumera. Ahora está «muy contenta» porque la han contratado en una empresa relacionada con la moda. «¡Llevaban ocho años sin meter a nadie y me han metido a mí», comenta, ilusionada. La empresa trabaja haciendo ropa para diseñadores como Veronica Beard o Rebecca Taylor y, aunque la oficina principal está en Nueva York, «todas las fábricas están en China porque la mano de obra es más barata», cuenta. Paola está presente en todos los mítines y se encarga del marketing y de solucionar los problemas del día a día: «Estoy encantada porque aprendo de todo y porque me han dado una oportunidad». También porque ve que en España «las cosas no van tan bien y, sobre todo, para los jóvenes». Por eso de momento no piensa en volver: «Tengo un visado de trabajo de un año»; y el panorama político no lo ve del todo mal: «De aquí a un año veremos lo que se hace oficial, que hay muchos perros ladradores poco mordedores. Todo el mundo está ansioso por ver a este personaje -por Trump- en acción».

Normal que piense así quien, con 9 años, hizo las maletas para ir a Inglaterra a un campamento; con 12 optó por Edimburgo, y con 14, por California. «Me encanta ver mundo y conocer diferentes culturas, también tener que desenvolverme por mí misma», dice. Y en esas está al otro lado del Atlántico, aunque ahora, como el turrón, vuelve a casa por Navidad. «Ahora en Nueva York tenemos 3 grados; hace demasiado frío».