El Comercio
Asturianos por el mundo

«El día a día es una aventura»

Jacobo Fernández-Guerra posa con Casa Poporului al fondo, el segundo edificio mas grande del mundo.
Jacobo Fernández-Guerra posa con Casa Poporului al fondo, el segundo edificio mas grande del mundo.
  • Jacobo Fernández-Guerra trabaja desde primavera en una consultoría en Rumanía

  • «No me veo aquí toda la vida, pero ahora mismo me parece una buena opción»

En primavera llegó a Bucarest y ahora vive su primer invierno. A bajo cero, pero sin quedarse congelado. «Tampoco es una locura, te abrigas y como es un frío muy seco se lleva bien», afirma Jacobo Fernández-Guerra Álvarez (Gijón, 1991). Abrigo, guantes y botas le acompañan en su día a día por la capital rumana, en la que trabaja para una multinacional desarrollando tareas de consultoría legal. El caso es que sus quehaceres poco tienen que ver con lo que estudió, pero está encantado de la vida disfrutando de la experiencia de vivir lejos de casa.

«Yo estudié Químicas en la Universidad de Oviedo, me gradué hace dos años y cuando acabé quería trabajar; un amigo me dijo que en Accenture estaban buscando gente, envíe el currículo, me llamaron, hice las entrevistas y me cogieron». E hizo el petate y se fue. Trabaja en inglés y en su marcha le acompañaron otros dos amigos de Gijón, así que está como en casa. Viven los tres juntos, se pelean con las recetas de cocina, cuidan de una gata y se ríen muchísimo. «Lo pasamos muy bien, la verdad, el día a día es una aventura», dice Jacobo.

Y más aún en la última semana, en la que está siendo testigo de cómo el polémico decreto que despenaliza ciertos casos de corrupción ha provocado las protestas ciudadanas más importantes desde la caída del comunismo en 1989. «La gente está muy indignada, hay muchas manifestaciones pero son pacíficas», revela. Explica que allí la corrupción es un mal aún mayor que en España: «Cuando les digo que en España también hay corrupción, siempre dicen que seguro que en Rumanía, más». Porque además de en la política también la mordida está institucionalizada en otros muchos ámbitos cotidianos.

No habla rumano. Solo algunas palabras básicas, y eso que el idioma tiene ciertas similitudes con el castellano -y más aún con el asturiano- aunque la sintaxis no tiene nada que ver. «No hablo rumano, pero tampoco lo necesito, aquí la gente habla mogollón de idiomas, incluso español, la gente de mi generación lo habla porque estuvo de moda por las telenovelas», relata. En todas partes, hasta en el mercado, la gente emplea el inglés, y la comunicación se torna sencilla.

La ciudad es también amable. «Tiene mucha vida, mucha fiesta», explica Jacobo, que define Bucarest como una ciudad que «creció muy rápido», con mucho hormigón y zonas descuidadas, pero también con sus áreas bonitas. Es, además, una ciudad barata, en la que la vida es fácil. Un ejemplo: un taxi al aeropuerto (el trayecto son 40 minutos) son ocho euros. La vida cuesta menos, aunque también los sueldos son mucho más bajos. Y precisamente por eso se está convirtiendo en un lugar al que las empresas llevan sus servicios. «Todo lo que se puede hacer en una empresa a través de internet se hace aquí», dice. Y añade: «El nivel tecnológico es bastante alto y el sector funciona muy bien».

Él, además de trabajar, tiene tiempo para recorrer Europa, para conocer el país que le acoge y otros cercanos. Ya ha estado en Berlín y en Amsterdam, ha pasado por carretera la frontera de Bulgaria, ha visitado las ciudades del Norte, las zonas de playa. «La verdad es que aquí se vive muy bien», apunta, y explica que además existe en Rumanía una buena imagen de nuestro país. «España está muy bien valorada», subraya.

Pese a que siempre se echan en falta la familia y los amigos, aunque eche de menos la fabada y los embutidos, aunque no encuentre Colacao ni gominolas, no tiene queja. Y aunque no piensa quedarse para siempre no tiene prisa por marcharse. «No me veo aquí el resto de mi vida, pero ahora mismo me parece una buena opción». Cuando se vaya de Rumanía, probablemente no será para volver a Asturias, sino para probar suerte en algún otro país, como Canadá o EE UU.

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