El Comercio
Asturianos por el mundo
Abraham escancia un culín antes de un partido del Orlando City.
Abraham escancia un culín antes de un partido del Orlando City.

«Aquí no existe el miedo al fracaso»

  • «En EE UU se puede triunfar con un poco de esfuerzo, pero también es uno de los peores países para vivir si se es pobre»

  • Abraham Vázquez Rodríguez, ingeniero de telecomunicaciones, trabaja en Orlando para la empresa Oracle

Lo tiene claro: «Siempre es bonito vivir en un país que no es el tuyo». La experiencia, dice, es incomparable. Y por eso Abraham Vázquez Rodríguez (Oviedo, 1983) no tiene ninguna intención de regresar a Asturias por el momento. En junio de 2014 llegó a Orlando (Florida) y las cosas no le pueden ir mejor. Licenciado en Ingeniería de Telecomunicaciones en Gijón, en 2010 terminó la carrera, comenzó a trabajar primero como ingeniero de proyectos y luego como consultor junior en diferentes empresas y un buen día decidió hacer el petate rumbo a Estados Unidos. Se fue sin trabajo y pronto lo encontró para la empresa número uno en bases de datos, Oracle. Es ingeniero de soporte y se encarga de dar servicio global a la inmensa cartera de clientes que tiene en todo el mundo. «En el plano laboral es fantástico, pertenezco a una compañía que me permite desarrollarme y aprender muchísimo enfrentándome continuamente a nuevos retos», apunta.

En el plano social, también le va bien. «He conocido a gente de diferentes edades y culturas, el ambiente multicultural de este país no tiene límites». Juega al fútbol y además ha creado un grupo de españoles en Orlando a través de la red social Meetup que quedan casi todas las semanas. «Hemos llegado a salir de fiesta juntos gente de 20 y 50 años», relata.

Dice que EE UU es un país de contrastes, muy de película para lo bueno y para lo malo. «La mayoría de las cosas que vemos en las películas sí se dan, y sí existe ese sentimiento de querer cumplir el sueño americano, pero de ahí a la vida real cambia mucho, es un país en el que se puede triunfar con un poco de esfuerzo pero también existe mucho riesgo y es uno de los peores países para vivir si se es pobre».

La adaptación tiene su aquel para un europeo, no solo por los horarios, sino también por la extendida cultura del coche para todo. «Comer, sacar dinero, comprar el periódico son actividades que se pueden hacer perfectamente en coche», revela. Y no se olvida de lo fundamental, de que es una sociedad que vive para trabajar y que se mueve muy muy rápido. «Me gusta la gran variedad de culturas en el país y cómo se acepta a todo el mundo, cómo se valora el trabajo y el esfuerzo, a los emprendedores y que no existe el miedo al fracaso y al qué dirán otras personas». Es, efectivamente, un mundo de oportunidades. Y en todo lo dicho ve Abraham los mútiples pros de una nación inmensa a la que también hay que apuntarle algún reproche: «No existen ciudades como en Europa en las que se pueda simplemente pasear», indica. Y añade que la inseguridad, las armas o el coste de la sanidad tampoco le convencen del país que gobierna, aún para su sorpresa -«creo que nadie se esperaba que ganara»-, Donald Trump. «El ideario defendido por Trump durante la campaña ha conectado con gran parte de la sociedad blanca, que ve con temor cómo pierde su lugar privilegiado en un país cada vez más diverso», señala.

Mientras el tiempo pasa en una ciudad como Orlando con muchas cosas que hacer, no piensa demasiado en las añoranzas, que son básicamente de orden afectivo y culinario. «Se echa de menos a la familia y a los amigos, tomarme una caña en un bar, pasear por la ciudad, la comida casera, salir hasta las cinco de la mañana, comer el menú del día, la montaña, viajar en tren... Y por supuesto la sidra y el queso cabrales». Pero como el paquete navideño que le envían sus padres siempre incluye comida rica, de momento se queda al otro lado del Atlántico. «Actualmente mi trabajo y mi vida están aquí».

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