Asturianos por el mundo
David, en la oficina de Santa Claus.
David, en la oficina de Santa Claus.

«En Finlandia la gente pasa mucho tiempo en casa, es asfixiante»

  • David Álvarez Fidalgo trabaja en Raudaskyla con refugiados de Irak, Somalia y Afganistán

  • Se quedará hasta finales de junio y está aprovechando para aprender finés

En Raudaskyla, en el centro de Finlandia, a 500 kilómetros de Helsinki. Allí pasa el invierno David Álvarez Fidalgo (Oviedo, 1990). Criado en Pravia, estudió Historia en la Universidad de Oviedo, hizo un máster del profesorado en León y el año pasado se animó con el Derecho. Hasta que el proyecto de Voluntariado Europeo se cruzó en su camino. Se rompió una mano jugando al fútbol y empleó el tiempo de recuperación en bucear en internet hasta que dio con el voluntariado que necesitaba. Y se fue a Finlandia. Llegó el 31 de agosto.

El proyecto en el que trabaja se desarrolla en el pequeño pueblo de Raudaskyla con refugiados de Irak, Somalia y Afganistán. «Estaré aquí hasta el 30 de junio y el día a día básicamente es realizar actividades con ellos por la tarde, además de conducir hasta la ciudad más cercana para comprar porque en el pueblo no hay tiendas», relata. El fútbol y el floorball, o sahly, son sus actividades, aunque hay dificultades. «Se pusieron a reformar el polideportivo en pleno invierno y fuera con nieve no podemos jugar así que nos dedicamos a deslizarnos por la nieve y hacer esquí de fondo de vez en cuando». También juega al billar y al pimpón. Todo por las tardes, porque los refugiados por las mañanas tienen que asistir a clases. Entre ellas están las de finés, a las que también acude David. «Me dieron la oportunidad y me animé, porque aquí el día a día es en finés; los refugiados, salvo cinco o seis, los demás no tienen ni idea de inglés, así que tengo unas dos o tres horas al día cuatro días a la semana». Va avanzando en el idioma y por esa razón en alguna ocasión se ha planteado quedarse. Aunque todo apunta a que volverá a España, deja la puerta abierta: «Aquí ya conozco gente y teniendo nociones del idioma siempre se puede volver dentro de un año si en España no sale nada».

El país merece la pena conocerlo. «Una de las cosas que más me sorprendió al llegar es que hay comunidades religiosas muy fuertes, me esperaba otra cosa», relata. También es cierto que vive en una zona muy rural. Claro que más aún le epató el asunto de la forma de comportarse, tan poco dada al bullicio. «Cuando fui a jugar al fútbol con un equipo me sorprendió el silencio absoluto que había en el vestuario, la gente llega, habla cuatro cosas sin dar una voz más alta que la otra, juegan y se van sin más», afirma. «Se pasan muchísimo tiempo en casa, sobre todo en invierno y me resulta un poco asfixiante». No hay apenas sitios para ir a tomar café y lo suyo es quedar en casa con los amigos.

El frío va más allá de las gélidas temperaturas, que llegan a bajar de los -25 y -30 grados, y de la nieve que está dos meses presente. «Se me agrietó hasta la piel de las manos, estoy intentando recuperarlas con crema», detalla.

En cualquier caso, la experiencia merece la pena. Y eso que en los últimos meses está molesto con la forma de actuar de Finlandia para con los refugiados. «El Gobierno finlandés decidió que sus países no están en peligro extremo, de modo que deniegan las peticiones de asilo», dice en referencia a las personas con las que trabaja día a día, a las que ve atravesar por situaciones muy complicadas. Tienen derecho a tres solicitudes de asilo y si a la tercera no reciben el visto bueno, son deportadas. «Uno me decía hoy que si le deportaban estaba preparado ya mentalmente», lamenta David.