Asturianos por el mundo

«Aquí se premia el esfuerzo»

«Aquí se premia el esfuerzo»
  • Vanesa Álvarez llegó a Inglaterra en 2014 y ahora trabaja como arqueóloga en Oxford

Nació en Cabueñes, se crió en la plaza de Europa de Gijón y ahora desentierra el pasado británico. Vanesa Álvarez Álvarez (1988) estudió Historia en la Universidad de Oviedo, hizo un máster en la Universidad de Granada y un buen día decidió tomar rumbo a Inglaterra. En noviembre de 2014 llegó, empezó trabajando en Zara mientras era voluntaria en el Museo de Historia de Oxford y guía turística y mandó currículos hasta que consiguió que le dieran una oportunidad en Cambridge como arqueóloga. «Desde allí, con mis referencias y mucho trabajo, conseguí que me cogieran en Oxford Archaeology, una de las empresas arqueológicas más grandes de Inglaterra», dice esta enamorada de la Historia que visitaba de niña la Campa Torres y las Termas con su padre.

Así llegó a su trabajo actual en Oxford. «Un día como arqueóloga consiste en mucho pico y pala. Somos equipos de dos o tres personas, trabajamos un ‘slot’ o dos a la semana, lo que en España llamamos un sondeo. Vas bajando, siguiendo los estratos naturales y recolectando los tesoros que la tierra guarda en sus entrañas. Luego todo se documenta, desde la textura y color de la tierra hasta tu interpretación según los objetos que encuentres», relata Vanesa.

Está contenta con la experiencia y con su forma de vida. «Creo que este es un país lleno de oportunidades, que valora al trabajador y lo premia por su esfuerzo. Los horarios están genial para tener una vida en la que trabajas para vivir y no vives para trabajar», concluye. Aunque, puestos a encontrar alguna pega, la halla en su obsesión por la seguridad: «Cada semana tenemos una charla sobre los riesgos laborales y hacemos cursillos de prevención».

El idioma siempre es un hándicap y el país es más gris y cerrado que España y eso se advierte en el trato con los británicos. «Cuesta crear piña si no es con españoles. He conocido mucha gente durante este tiempo y los que vienen solos no suelen aguantar más de un año. Pero, una vez que te asientas, haces tu grupo y consigues un buen trabajo, la vida aquí no está nada mal. Hay muchísimas actividades culturales y fiestas», apunta, sabedora de que Oxford, ciudad universitaria por excelencia, es especiamente viva.

Está cómoda, pese a que el ‘Brexit’ fue un buen susto. «Cuando salió el ‘out’, sí que dio algo de miedo, pero más por la incertidumbre de qué era lo que iba a pasar, pero ahora ya no tanto, creo que las cosas se van a poner difíciles para entrar, pero para los que ya llevamos aquí un tiempo no será tan fácil que nos echen».

Claro que, si la cosa se pone complicada, «hay muchos países en el mundo», porque, pese a toda la belleza de la campiña inglesa, allí no saben lo que es una buena romería. «Lo que más echo de menos son las fiestas de prao. Por el verano siempre me escapo un par de semanas para ir a alguna», anota. Y añade que la vida veraniega es una añoranza siempre presente, porque «como en Asturias no se vive en ningún sitio».

Fabada, cachopín y parrochas forman parte de sus anhelos gastronómicos, que se solventan con «el contrabando de fabes y chorizo» que le envían sus padres: «No sabe igual, será por el agua de esta isla, que no tiene calidad», bromea. Pese a ello, no hay planes de volver. «Este país me ha dado la oportunidad de conseguir trabajo de algo que es mi pasión y encima con muy buenas condiciones, así que, a no ser que me echen, de aquí no me voy». Tampoco es que vea mucho futuro por estos lares. Observa Asturias «con un poco de penina», pero al tiempo como «la tierra prometida»: «Es mi hogar y donde tengo mucha gente que me importa, ojalá me dieran las oportunidades que tengo aquí».