El Comercio
Asturianos por el mundo

«Mi güela sufre cada vez que marcho»

    Alejandro Rubio, con Teotihuacán al fondo.
    Alejandro Rubio, con Teotihuacán al fondo.
    • Alejandro Rubio cambia de país cada pocos meses. Ahora le ha tocado México

    • Este ingeniero técnico industrial de Sotrondio trabaja para una empresa dedicada a la fabricación de torres eólicas que exporta a todo el mundo

    ¿Ha sentido esa sensación «un poco angustiosa» de levantarse y no saber dónde está exactamente durante cinco segundos? Pues Alejandro Rubio, nacido en Sotrondio hace 35 años, la ha experimentado muchas veces, porque su vida consiste en «ir cambiando de país cada pocos meses». Y no solo de país, también de zonas, barrios, distritos... Así que, en ocasiones, cuando suena el despertador, no sabe muy bien si está en un hotel de Nueva Delhi o en otro de Pekín, si le toca levantarse por la derecha de la cama o por la izquierda. De la ubicación del interruptor ni hablamos.

    Ese destino nómada lo firmó Alejandro Rubio cuando lo contrataron en una empresa que se dedica a la fabricación de torres eólicas con base en Pamplona, que exporta a todo el mundo. «Y, concretamente, la fabricación de los postes se subcontrata en el país en el que se van a instalar». Con lo que, desde 2013, su trabajo consiste en ir de acá para allá y en un mismo año puede vivir en Italia, Indonesia o la India. En Brasil, en China o en California. Y, de cada uno de esos lugares en los que permanece dos, tres, cinco o seis meses, se lleva una mochila cargada de aprendizajes y de experiencias porque le apasionan tanto la arqueología y la historia como la naturaleza que se va encontrando a su paso.

    «De Indonesia y de Brasil, por ejemplo, me quedo con sus playas y, en general, con sus paisajes. Si sales del típico circuito turístico, encuentras sitios increíbles. Y de China me quedo con el cuidado con el que tratan todo lo que tiene que ver con su pasado, aunque también es cierto que es muy difícil entrar en sus vidas porque son bastante cerrados. Por ejemplo, te sacan a cenar y su mayor objetivo es lograr emborracharte para dejarte a las nueve en el hotel. Y piensas: '¿Qué hago a estas horas yo aquí?'», bromea. De su destino actual, México, este ingeniero técnico industrial que habla «inglés con acento asturiano» («digamos que lo entiendo y me hago entender») destaca «el carácter de la gente, que es muy abierto». Aunque reconoce que llegó «con mucho respeto» por los casos de violencia de los que había oído hablar.

    «Los dos primeros meses no me movía del hotel, pero después ya me relajé. Incluso viví en primera persona un tiroteo por la calle y ahora me voy por toda la ciudad sin ningún problema», cuenta Alejandro, que solo hay una cosa a la que es incapaz de acostumbrase: «Hacer maletas. Al contrario: cada vez las hago peor», bromea. Y que tiene muy clara una cosa: «Aunque todos estos viajes me han enriquecido mucho y mis condiciones laborales son bastante buenas, en el futuro quiero establecerme en Asturias».

    Pero, de momento, este hombre que no ha sentido la necesidad de formar una familia y que siempre ha tenido «novias extranjeras», está deseando volver de vacaciones en julio. Un regreso que espera con ganas para «disfrutar en el verano de San Fermín y de la tierrina», pero que todavía espera con más ansias su abuela materna.

    «Mi güela sufre cada vez que marcho y, cada vez que emprendo viaje se monta un espectáculo porque tengo que ir a despedirme de ella la última y siempre me espera en el portal llorando y con la Santina para que le de un beso», detalla. Un ritual que se repite varias veces al año y que le pone bastante «nervioso», así que, a veces, hasta le entra la risa.

    Pero las lágrimas no llegan al Nalón, sino que se terminan indefectiblemente con una frase: «Güelita, no pasa nada». Y a aguardar el siguiente destino, que conoce «con muy pocos días de antelación».

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