El Comercio
Asturianos por el mundo

«Desde junio he tenido tres trabajos»

Pedro Rey, junto a una idílica estampa de Praga.
Pedro Rey, junto a una idílica estampa de Praga.
  • Pedro Rey ha emigrado a Praga, «una ciudad donde un mileurista vive bien»

  • Lo que más echa de menos este ovetense del barrio de Pumarín, además de a sus amigos y a su familia, es «ir los domingos al Tartiere»

Un secreto: «Los japoneses siempre piden camas individuales y que la habitación tenga bañera. Y, si un hotel no cumple estas dos características, ya puede estar situado en la mejor zona de la ciudad y tener un precio inmejorable que no lo quieren». Lo desvela Pedro Rey Cuervo, ovetense del barrio de Pumarín de 24 años, empleado en Kuoni, un touroperador con sede en Praga desde el que se encarga «de las reservas de grupos en hoteles españoles y portugueses». Unos grupos que, mayoritariamente, provienen de Asia y Estados Unidos. Y de ahí que Pedro conozca al dedillo lo que les gusta y les disgusta a los higiénicos nipones en materia hotelera. «Y no solo a ellos, porque cada mercado tiene sus truquillos».

A Praga llegó gracias a su «vena aventurera» este oviedista hasta la médula que lo que más echa de menos, además de a su familia y amigos, es «poder ir los domingos al Tartiere». El mismo vaso sanguíneo de los que no se conforman que le llevó a cursar parte de la carrera de Comunicación en Inglaterra y a hacer prácticas después en París, a matricularse en la UNED, donde aún estudia Turismo, y a compatibilizar todo ello con un máster de Marketing Digital.

Fue después de que en España no le saliese nada de lo suyo «que mereciese la pena» y después de empezar a mandar currículos a varias compañías de distintos países. Y, muy poco después, bingo: «Me llamaron de una empresa turística. Y, a la semana de la entrevista, ya tenía trabajo» en la antigua capital del Reino de Bohemia, cuyo casco histórico es Patrimonio de la Humanidad.

Lo que halló en una de las veinte ciudades más visitadas del mundo era que «encontrar piso para vivir era una enorme problema, porque hay mucha más demanda que oferta y, si no cuentas con una recomendación de alguien que lleve tiempo viviendo allí, no tienes nada que hacer».

Pero ya se sabe que el que la sigue la consigue y, tras casi un mes de estancia en un hostal, Pedro Rey pudo empezar a compartir techo con un ruso y una azerbayana, lo que le resultó una suerte, porque, «además de que en las casas checas las habitaciones son enormes y no te agobias por falta de espacio», podía practicar el ruso, un idioma que le apasiona y que ya empezó a estudiar en Oviedo «más como un hobbie que como otra cosa».

Y si encontrar domicilio habitual resulta complicadísimo, justo lo contrario ocurre con los empleos: «Desde junio ya he tenido tres trabajos con contrato indefinido y todos los dejé yo en un país en el que el paro es prácticamente inexistente, aunque espero que este sea el definitivo», bromea.

Vale que es verdad que «los sueldos son más bajos que en muchos países del entorno, algo que se nota de inmediato «en cuanto cruzas la frontera hacia Alemania, por ejemplo», pero lo cierto es que, en la bella Praga, «con un sueldo de mileurista se vive bien».

Así que Pedro recomienda la ciudad de Kafka fervientemente. «Sobre todo, para una primera experiencia laboral. Yo, por ejemplo, estoy aprendiendo muchísimo y adquiriendo una experiencia que hubiese sido imposible de acumular si me hubiese quedado en Oviedo». Y se declara feliz a pesar de que por primera vez ha conocido lo que es un crudo invierno, con temperaturas que, «a veces, eran de quince grados bajo cero. Horrible», resume.

Tan mal lo ha pasado soportando los rigores del mercurio que, desde el corazón de Europa, sueña ya con «el calor y las playinas de Asturias», a donde volverá este verano dispuesto a disfrutar de unas vacaciones más que merecidas. Porque, aunque Praga es una ciudad en la que se mezclan gentes de toda Europa, «lo que te sirve para abrirte mucho», los checos «no se caracterizan precisamente por ser muy amables». Al contrario: «Tienen fama de fríos, aunque también hay que tener en cuenta que existe la barrera del idioma». Un obstáculo -reconoce- que muy pocos foráneos se atreven a abordar «ahora que mucha gente joven ya habla inglés».

Con los intenta relacionarse por más que todos los días haya momentos en los que no se entera de una palabra de lo que le dicen. «Pero hay que adaptarse. A eso y a la comida. Por ejemplo, al pescado y a todas las verduras que llegan de España y que ya han sido congeladas», recomienda este aventurero que siempre piensa en positivo -nunca en negativo- y que lo pasa fatal viendo a distancia, «y como se puede», a su Oviedo del alma: «Creo que se sufre más todavía estando fuera». Eso sí, las predicciones de quien sueña con volver «a medio o largo plazo a trabajar en Comunicación o Marketing Digital» son de alguien con los pies en el suelo: «Puede ser que subamos, pero llevo quince años diciendo lo mismo».

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