El Comercio
Asturianos por el mundo
Álvaro Martínez Alonso, en una de las playas de Panamá.
Álvaro Martínez Alonso, en una de las playas de Panamá.

«Las perspectivas de desarrollo aquí son alentadoras»

  • «El panameño es como el español: defensor de sus raíces, inquieto, acogedor y especialmente fiestero», dice este ovetense que en verano echará de menos Ribadesella

  • Álvaro Martínez Alonso se fue a Panamá por amor a principios de este año

Álvaro Martínez Alonso (Oviedo, 1991) no lo dudó y en cuanto acabó sus estudios en la Universidad de Oviedo cogió carretera rumbo a Madrid en busca de oportunidades. Hacer un máster en el Instituto de Empresa marcó un antes y un después en su vida. No solo porque «llegué a compartir clase con gente de más de diez países, sobre todo latinoamericanos», que también, sino porque «me enamoré de una panameña». Tras pasar un año viviendo en Madrid, ambos con trabajo, decidieron irse juntos al país centroamericano.

Este joven asturiano disfrutó de su última Navidad en familia antes de aterrizar en la «impresionante ciudad de Panamá» en enero de este mismo año. Un país, dice, muy desconocido para los españoles, que «suena a paraje natural, al canal y a playa, pero que tiene muchas más opciones», asegura. «La capital es un cuadro en vida, un casco histórico frente a una de las mayores urbes de Latinoamérica, abierta al mundo y con todos los servicios que te puedas imaginar». La vida en Panamá, cuenta, es intensa. «Es una ciudad caótica que puede ganarte la partida; sin embargo, si lo afrontas con tranquilidad y paciencia es muy fácil adaptarse».

Sabe que su emigración fue cómoda. «He venido apadrinado y con una familia», señala, y remarca lo importante que es «estar arropado y tener a quién llamar en caso de una emergencia o, simplemente, para tomarte una cerveza». También ayudó el perfil del panameño que, dice, es similar al del español: «Defensor de sus raíces, inquieto, acogedor y especialmente fiestero». La comunidad española en Panamá es muy amplia y sigue aumentando. «Hay varios bares en los que uno puede tomarse una caña bien fresca e, incluso, sidra», asegura.

Álvaro, que ya conocía el país centroamericano porque había ido de visita, estuvo un mes buscando trabajo. Tenía claro que quería trabajar con panameños para conocer la idiosincrasia del país, su manera de hacer, sus tiempos y sus inquietudes. «Conocidos a los que estaré agradecido de por vida me ayudaron a conseguir entrevistas en distintos sitios», recuerda. Finalmente, se decantó por Ubiqua, una empresa pequeña, con un equipo joven y en donde él es el único extranjero. «Está dedicada al desarrollo de software para soluciones empresariales; yo trabajo como 'project manager' en uno de sus proyectos», y explica, básicamente, «me dedico a la consultoría de procesos e innovación».

Álvaro no se arrepiente de haber puesto tierra de por medio: se ha topado con un país «atractivo en todos los niveles». Y no solo eso. «En Panamá tienes calidad de vida, buenas conexiones, oportunidades laborales y perspectivas de desarrollo económico alentadoras», enumera. Todo esto ha podido a sus miedos iniciales, el primero, no adaptarse a la gastronomía, una de sus grandes pasiones: «A estas alturas me encanta disfrutar de unas buenas carimañolas, unos ricos patacones o el espectacular guacho. Seguro que no pasará igual con todos los platos que me quedan por probar y entonces me hará falta una fabada de mi madre o una tortilla de patata», bromea.

Mientras tanto no se pone límites y aprovecha el tiempo al máximo para conocer la ciudad, el país y los del entorno, haciendo frente a un clima excesivamente caluroso. Es habitual que el nativo aproveche la salida del trabajo del viernes para coger la carretera y disfrutar, «atasco de hasta dos horas mediante», de la playa. «Aquí, entre semana, la forma de vida es muy familiar y saludable, pero el 'finde' hay muchas cosas que hacer», cuenta Álvaro, quien pese a estar «muy a gusto» al otro lado del charco, no puede evitar echar de menos a la familia y los amigos. «También llevo mal la distancia con el equipo de mis amores, el Real Oviedo, y los viajes que hacía con mis amigos a los estadios donde jugaba», cuenta.

Ahora que el buen tiempo en Asturias está -parece- a la vuelta de la esquina, este joven ovetense echará de menos otras cosas. «No hay verano sin dar un paseo por la playa de Ribadesella», asegura. Este, muy a su pesar, tendrá que ser el primero. Panamá está a más de 7.200 kilómetros en línea recta de España.

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