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«De Portugal me gusta todo»

María Castaño Díaz, a las puertas del Instituto Superior de Agronomía. /
María Castaño Díaz, a las puertas del Instituto Superior de Agronomía.

La langreana María Castaño Díaz realiza una estancia universitaria en Lisboa

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

Los portugueses son los nórdicos del sur de Europa. Así permiten concluirlo las estadísticas económicas y sociales del país, que, unidas a su proyección internacional, han hecho de nuestros vecinos una sociedad que progresa a pasos agigantados y que se ha convertido en un imán para la inversión y para estrellas como Madonna, que ha fijado su residencia en un palacio del XVII de la capital lusa. Y, si a todo eso se le suma que «los portugueses son muy amables y hospitalarios», la langreana «en cuerpo y alma» María Castaño (1983), igual que la reina del pop, está encantada de que la vida la haya llevado a Lisboa.

Allí llegó en enero esta «sufridora sportinguista» e ingeniera técnica forestal «100% de les cuenques», que trabaja en la Escuela Politécnica de Mieres en proyectos de investigación relacionados con el estudio de plantaciones forestales para obtener biomasa en terrenos de minería, en las escombreras, y que actualmente está contratada por la Cátedra Hunosa de la Universidad de Oviedo, además de andar realizando el doctorado.

Una mudanza cuyo objetivo es hacer una estancia relacionada con los temas de investigación en los que trabaja en el Instituto Superior de Agronomía (ISA) de la Universidad de Lisboa, colaborando con el equipo de 'ForChange: forest ecosystem management under global change', de reconocido prestigio internacional en la investigación forestal. Pero que, de paso, le enseñó un país del que enamorarse: «Suena a tópico, pero de Portugal me gusta todo. Me gustan la cultura y el idioma, me encantan la comida, las ciudades y los pueblos, que son impresionantes. El ambiente que hay en el Chiado, en el centro de Lisboa, es único. Solamente caminar por las calles tiene un encanto especial».

Así que el cambio «no fue muy complicado, exceptuando quizá esa hora de diferencia, que resulta un poco extraña al principio, pero que en un par de días ya ni notas».

Y eso, a pesar de que «la vida es un poco diferente». Empezando, precisamente, por los horarios: «A media mañana, no toman café. Así que los primeros días me miraban raro por ir a tomar uno sobre las once, solo un poco antes de que ellos salieran al 'almorço', que es sobre las doce. Pero ahora ya estoy adaptada: desayuno temprano y poco, y al mediodía me voy a la cantina de la universidad a comer. Por supuesto, sopa -toman sopa a todas horas y en todos los bares y restaurantes, hasta en el McDonald's- y un plato a elegir, más bebida y postre, por 2,65 euros. Increíble, pero cierto».

Una cantina, cuenta María, en la que el señor encargado de servir la comida siempre se inventa alguna broma hablando en español, algo que le hace «mucha gracia, porque vocalizan muchísimo para imitarnos». Un día, sin mediar palabra, «empezó a cantar 'Que viva España' y, después de terminar de comer, aún seguía».

Ni siquiera el idioma fue un obstáculo: «Los meses antes de venir estuve escuchando música y leyendo cosas en portugués que creo que me sirvieron para algo. Eso sí, cuando hablan entre ellos, no me parece ni el mismo idioma. Como dicen los portugueses, 'não percebo nada'. En cambio, si hablan conmigo directamente y no lo hacen muy rápido, puede que se me escape alguna palabra, pero se entiende bastante bien. Creo que el ser asturiana me facilita bastante la comprensión porque es parecido, salvando las distancias, al gallego».

No hay más que hablar: ella ya está rendida a los encantos de la lengua de Pessoa y de Camões y al «país del dulce, porque, mires donde mires, hay pasteles riquísimos como los de Belém, que son un pecado» : «Me encanta cómo pronuncian, las expresiones que emplean... Una que utilizan muchísimo es 'embora', que es algo parecido a 'venga'. O el significado de la palabra 'espantoso', que en portugués es completamente diferente a lo que significa en español. Por ejemplo, puedes ir vestido estupendamente para ir de boda y ellos utilizarán la expresión 'espantoso' para referirse a que estás 'asombroso'. Y hasta me entran ganas de hacer un curso a la vuelta. Porque, viendo lo visto, estoy segura de que voy a volver, aunque sea de vacaciones, a disfrutar de estos atardeceres, de estos rincones secretos, los paseos kilométricos y, sobre todo, de la luz que tiene la ciudad. En todos los sentidos».

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