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«Sé que aquí podría lograr cosas increíbles, pero no sería feliz»

Óscar Rodríguez, junto a un congelado Lago Superior./
Óscar Rodríguez, junto a un congelado Lago Superior.

El langreano Óscar Rodríguez Cavielles está en Michigan con una beca Fullbright

A. VILLACORTA

Últimamente, lo que más le dice su familia a Óscar Rodríguez Cavielles es: «Abrígate». Y no es de extrañar, porque este langreano nacido en Oviedo hace cuarenta años con un currículum apabullante anda desde diciembre por Michigan. Concretamente, en Houghton: un pueblo de apenas 8.000 habitantes localizado en la península de Keweenaw, al borde del Lago Superior, que «es casi tres veces del tamaño de Andalucía y ahora está congelado en un 75%».

«Al norte solo tengo algún pueblín más pequeño aún, el lago y Canadá. Al sur y alrededor, nada: solo bosques, alguna aldea y nieve. El siguiente pueblo de cierto tamaño está a dos horas en coche. Y no hay ninguna ciudad a menos de seis horas conduciendo». Así describe este lugar «aislado y donde las condiciones de vida son duras»: «En todo el invierno apenas subimos de cero grados un par de días y esos son los peores porque el deshielo lo complica todo aún más. Lo normal es estar a unos -8º de media y la nieve es constante desde noviembre o diciembre a abril o mayo. De hecho, dicen que hay dos estaciones: invierno y 'está llegando el invierno'».

Hasta allí llegó este licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo que ha hecho casi de todo (guía turístico, cocinero, camarero, relaciones públicas, recepcionista...) en varias ciudades (de Madrid a Barcelona pasando por Reino Unido), además de investigar y escribir un libro, y al que el año pasado le concedieron una de las codiciadas becas Fullbright para estudiar en una universidad de EE UU, donde continúa con su tesis sobre patrimonio industrial.

Así que, tras conseguir una excedencia en su trabajo en el Ecomuseo de Samuño, allí se plantó, en «el destierro», siguiendo los pasos de parte de su familia, que emigró a tierras estadounidenses el siglo pasado.

«Mi universidad es un referente mundial en investigación sobre el patrimonio industrial y también me interesa este lugar porque es una cuenca minera, como Langreo, pero en este caso de cobre», relata sobre su nuevo destino, donde se ha dado cuenta de una cosa: «Todas las cuencas mineras del mundo poseen muchos elementos en común, estén en el lugar que sea. Aquí también llegaron inmigrantes a trabajar en las minas, también las empresas ejercieron su labor mitad tiránica y mitad paternalista. La gente tenía las mismas inquietudes y aspiraciones, el trabajo era igual de duro y también aquí se padeció una crisis y una reconversión tras el cierre de las explotaciones».

Quizá por eso la adaptación no fue demasiado dura, aunque, eso sí, Óscar reconoce que no fue ajeno a lo que allí llaman 'cultural shock' y que él describe así: «Al principio, estás como en una nube y todo es genial. Sacas mil fotos, te parece que vives en una peli, todo te llama la atención... Por ejemplo: los autobuses escolares amarillos. La comida, la gente y todo te parece estupendo. Esto dura entre quince días y un mes. Después, llega otra fase en la que te preguntas: '¿Qué hago yo aquí?'. Añoras tu casa, la familia, los amigos... Estás descolocado. Pero también es algo pasajero. En la última etapa ya estás integrado. Cuando consigues esto, lo disfrutas de verdad. Pero, a veces, cuando llegas a ese punto, ya toca regresar».

Y habla de volver de ese país en el que «todo es enorme», desde las distancias a los productos del súper («¿quién necesita una garrafa de casi tres litros de ketchup?») y donde conseguir pescado fresco e ir a los sitios sin coche resultan misiones imposibles, porque ese es y ha sido siempre su objetivo: «Sé que aquí podría conseguir cosas increíbles, pero no sería feliz sin ver crecer a mis sobrinos y ahijados, sin estar con mi gente, con mi madre y mi abuela».

Porque, en realidad, solo aspira a poder trabajar en lo que le gusta y seguir investigando, pero en Asturias. «Una vida tranquila, aportando lo que pueda, con el dinero justo para vivir con normalidad». Óscar Rodríguez Cavielles sabe que «es difícil», porque se siente «parte de una generación, la de 'La Bola de Cristal', víctima de una gran mentira, la de que si estudiaba una carrera podría trabajar y vivir bien», pero no se rinde y en junio vuelve a casa decidido a presentarse a las oposiciones de Secundaria.

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