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«Aquí la vida es de puertas adentro»

Asturianos por el mundo: «Aquí la vida es de puertas adentro»
Germán y Noelia con sus hijos Jorge y Marcos, en Sídney.
Asturianos por el mundo

Germán Menes González vive desde 2015 en Sídney con su mujer y sus hijos

M. F. ANTUÑA

Australia está muy bien; Sídney, también, pero la distancia no es el olvido sino un auténtico hándicap vital para Germán Menes González (1983), que desde enero de 2015 vive exactamente a 35 horas de casa. En resumen: «Un palizón» con 10 horas de cambio horario incluidas y un 'jet lag' mortal de necesidad. «Sin niños es cansado, pero con niños es la muerte». Y el caso es que este ingeniero de caminos de Gijón que trabaja en control de costes en una obra para un nuevo tranvía que se está haciendo en Sídney tiene dos, Jorge y Marcos. Su mujer, Noelia, también de Gijón, comparte con él la aventura australiana.

La suya es una vida errante. Con seis años dejó Gijón, con 13 volvió, con 18 se fue a estudiar a Madrid, trabajó en León, vivió cinco años en Andalucía... Hasta que en enero de 2015 tocó el salto a las antípodas. «Llegué a Australia porque mi empresa me propuso venir. Con la crisis en España ya no había trabajo y no quedó otro remedio», apunta. Lo bueno, que allí puede desempeñar su profesión «con plenitud» y mejorar su inglés, «aunque no tanto como me gustaría»; lo malo, que vivir lejos de la familia y los amigos -viajan solo en el mes de julio a España- cuesta.

«El país sí es interesante», apunta. Y añade que la barrera de coral, Nueva Zelanda y Fiyi están a tiro de piedra, aunque él no ha tenido oportunidad de hacer turismo. Pero más interesante es aún España para los sus nuevos vecinos. «Aunque parezca increíble, cualquier australiano que te encuentres por la calle ha ido a España. Todos conocen Sevilla y Barcelona y algunos Granada y Madrid. España les apasiona».

Sídney tiene una estructura urbana muy diferente a la de las ciudades españolas: un centro de negocios con edificios muy altos y multitud de barrios residenciales con jardín y algunos inmuebles de tres o cuatro plantas con apartamentos. Cada barrio tiene su pequeño centro con supermercados, bares, tiendas. Hay muchas zonas verdes y los desplazamientos, largos, se hacen en coche. «Al final es como si vivieses en una especie de pueblo muy tranquilo y puedes ir al centro a trabajar cómodamente», revela. Destaca la seguridad, los servicios públicos, los parques, las bibliotecas. Y que aunque «Papá Noel no va en bañador, podría», porque como la Navidad la pasan en Australia, también disfrutan de su verano. «Hay muchas playas muy bonitas», advierte, y anota después datos de interés: «Hay tiburones y pasan helicópteros de vez en cuando vigilando. Alguna vez avistan alguno y los socorristas sacan a todo el mundo del agua durante un rato, pero no es un peligro real salvo que te dediques a hacer surf muy adentro y a horas tempranas». Abundan los cocodrilos marinos y en algunas zonas directamente está prohibido bañarse. «Aquí en Sídney, de momento el tema bichos lo tenemos más o menos controlado», explica Germán. «Arañas sí hay muchas, pero diría que te vas acostumbrando. Son más grandes que en España y hay muchas especies diferentes. Creo que las peligrosas andan por el suelo y no hacen telas, pero casi nunca muere nadie porque todas las ambulancias llevan el antídoto», relata. Narra después que en su casa ha aparecido alguna araña negra de 15 centímetros: «Hay que armarse de valor para darle un zapatazo».

Además de la familia, los amigos, la sidra y el pote, añora por encima de todo el día a día español de la calle, de tomar algo, de comentar. «Aquí la vida es más de puertas adentro; en España somos más abiertos». Por eso volver está en la agenda, es el objetivo. «Nos gustaría quedarnos aquí uno o dos años más por los niños pero la idea es siempre volver».

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