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«En mi carrera hay más horas de prácticas que de clases teóricas»

Celia Díaz, delante del edificio principal de la Universidad de Glasgow.
Celia Díaz, delante del edificio principal de la Universidad de Glasgow.

La gijonesa estudia Microbiología en la Universidad de Glasgow gracias a sus notas | «Echo de menos las fiestas de prau, pero me ha merecido la pena pasar el verano aquí», confiesa, y cuenta que en Escocia «no se compara su caso con el catalán»

M. F. ANTUÑA

La ciencia es lo suyo. Siempre lo tuvo claro Celia Díaz Nicieza (Gijón, 1996), que desde 2014 estudia en la Universidad de Glasgow. Un intercambio en segundo de bachillerato la animó a mirar al exterior para la formación universitaria y las notas le abrieron las puertas de Escocia. Y, desde hace tres cursos, su vida está más en el norte. «En un principio empecé la carrera de Biología Molecular y Celular, pero luego me di cuenta de que me gustaba mucho más Microbiología y decidí cambiarme», explica.

Su día a día es estudiar: teoría, laboratorio, trabajo extra fuera de clase, prácticas y también diversión, porque en la universidad nunca faltan actividades en las que participar. «Aquí dan mucha importancia a los eventos sociales-deportivos. De hecho, el miércoles es la noche de los deportes y los miembros de todos los equipos tienen actividades y salen juntos. Además del deporte, hay muchas otras asociaciones que también organizan actos», apunta. Ella misma está implicada activamente y tiene ya la agenda ocupada para el curso que empieza. «Soy parte del comité de balonmano y de la Sociedad Hispánica».

Destaca de la educación escocesa que es abierta y versátil. «En primero y en segundo te dan la oportunidad de estudiar diferentes asignaturas de ciencias y luego en tercero decides si quieres seguir estudiando la carrera por la que entraste o si quieres cambiar. En mi caso, tuve la asignatura de Microbiología en segundo y me encantó, por lo que decidí cambiar». No solo eso: «En las carreras de ciencias le dan mucha importancia a las prácticas y en muchas, incluida la mía, se tienen más horas de prácticas, en el laboratorio en mi caso, que clases teóricas». También hay otra parte política que elogia: «El Gobierno escocés paga la matrícula de los estudiantes escoceses y europeos».

No tiene queja ni en el plano educativo ni en los demás. La vida es diferente a la española. No se sale hasta las tantas, pero nunca falta la música en Glasgow, donde siempre hay algún concierto apetecible. De modo que Celia no tiene prisa por irse: «Me gustaría hacer el máster en Escocia y, si pudiera trabajar también aquí, no lo dudaría. Es un país al que me adapté muy bien desde un principio y en el que me siento como en casa».

La familia y los amigos no están. Y tampoco la playa, una añoranza que no se puede llevar en la maleta, lo contrario que el jamón, que siempre que puede la acompaña. Y este verano no le ha quedado otra que añorar más y más, porque unas prácticas en un laboratorio le han impedido disfrutar del descanso en Asturias. «He echado mucho de menos las fiestas de prau, sobre todo El Carmín, que es mi preferida, pero mereció la pena habérmelas perdido porque las prácticas me gustaron mucho y me van a servir para el año que empieza, en el que casi todo va a estar basado en el laboratorio».

Dice Celia que los españoles transmitimos una imagen de personas extrovertidas y abiertas y eso nos acerca mucho a los escoceses, nada amigos del 'Brexit'. «Se declaran mayoritariamente europeos», apunta Celia, quien subraya que en su universidad se incentiva la presencia de estudiantes extranjeros. Y, por cierto, no hay equiparación que valga con Cataluña: «Aquí no se compara su caso con el catalán, o al menos no es evidente».

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