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«Me fui de casa con 1.000 pesetas»

Marta Reglero./
Marta Reglero.

Marta Reglero emigró a Utrecht hace 29 años. Pasa el verano en Benidorm y Asturias | «El 30 de julio llegoal Principado: fiestas,playa, amigas, risas y sidra me esperan»

JESSICA M. PUGA

Si a Marta García González le llegan a decir hace 30 años que iba a hacer su vida fuera de Asturias, a buen seguro que no se lo hubiera creído. Pero, cosas del destino, ha sido así. Esta piscis de 1962, natural de Carbayín Alto, en Siero, dejó su vida en el Principado por la «aún más tranquila» vida en Utrecht. En el corazón de los Países Bajos lleva 29 años. Eso sí, como Marta Reglero, pues en Holanda, la mujer toma el apellido del marido tras casarse.

A finales de los 80 «los asuntos no salían como yo quería ni en el trabajo ni con los amigos y no era feliz. Los estudios se estancaron, quise entrar en la Policía Nacional, donde entonces había muy pocas mujeres y mucho ‘amigo político’», recuerda Reglero, y matiza que todo se complica «si vives en un pueblo donde todos te controlan y te ponen etiquetas». Fue entonces cuando se le planteó la opción de irse de España. Los padres de un vecino suyo emigraron a Holanda en 1962 y, más tarde, se llevaron a sus hijos. Un día, su conocido regresó al pueblo para visitar a su abuela, a cincuenta metros de la casa de Marta. «Me propuso irme con él, y no lo pensé dos veces», cuenta Reglero, quien viajó ligera de equipaje: «Con lo puesto, con 1.000 pesetas en mi bolsillo y mi DNI caducado llegué a Holanda». Hoy, ese vecino es su marido: «Él, asturiano de cuna, inició con once años su vida en Holanda. Fue jugador de fútbol, entrenador y es profesor de Educación Física», cuenta Reglero. Tres hijos «maravillosos» –Miriam, de 27 años; Kim, de 24, y Kelvin, de 21– son el fruto del matrimonio.

Atrás dejó una España que acababa de entrar en la Unión Europea y llegó a Utrecht, la cuarta ciudad en importancia de Holanda, que tiene unos 50.000 habitantes más que Gijón, alcanzando los 330.000. España escribió un capítulo clave de su historia en esta ciudad, pues en ella se firmó el Tratado de Utrecht relativo a la Guerra de Sucesión, por el que la Monarquía hispana perdió sus posesiones europeas. Las diferencias que encontró entre ambos países a su llegada fueron –y son– muchas. «En Holanda está todo muy estructurado, con sus reglas, y pagas por todo: por la educación, la seguridad social... Pero, claro, luego tienes unos buenos servicios en relación con lo pagado», señala.

«Una vez aquí, me dediqué primero a mis hijos y ahora trabajo en el Hospital Universitario de Utrecht en el grupo de limpieza. En él y en su hogar pasa la mayor parte del tiempo, puesto que la mentalidad holandesa, como la de gran parte de Europa, concibe la rutina diaria entre el trabajo y el hogar, sin distracciones intermedias. «La vida aquí es más tranquila, a veces, incluso aburrida», confiesa Reglero, quien cree que esta actitud puede deberse «a que el tiempo no acompaña». La prueba la tiene, asegura, en que en cuanto sale un poco el sol las terrazas rápidamente se llenan. En los días que Lorenzo no tiene intención de salir, Marta aprovecha el tiempo dedicándose a las manualidades. Tan pronto pinta, como cose o hace tarjetas o collares.

La otra gran debilidad de esta asturiana en la diáspora es la tierrina. Por eso en cuanto supo de la iniciativa que consiste en grabar un vídeo escanciando un buen culín y nominar a tres personas para que sigan tu ejemplo, el ‘Sidra Challenge’, no dudó en plantar una bandera de Asturias y escanciar en el mismo corazón de Holanda. Su deseo de desconectar en casa pronto se hará realidad. «El 30 de julio llego a Asturias: fiestas, playa, amigas, risas y sidra me esperan», celebra ya quien pasa siempre sus vacaciones en España «para cargar pilas». Primero en Benidorm, donde acaba de llegar para pasar un par de semanas al sol del Mediterráneo. Después, en Asturias, donde ya la esperan.

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