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«En China aprendes a regatear»

David Junquera, en la superpoblada Shanghai.
David Junquera, en la superpoblada Shanghai.

David Junquera vuelve en verano: «El Xiringüelu y las piraguas son imperdonables»

A. VILLACORTA

Si hay algo que el ovetense David Junquera Fernández ha aprendido en China «es a regatear, algo que se hace con absolutamente todo». Y la práctica no le viene nada mal a este ovetense de 24 años con un currículum brillante a sus espaldas y un futuro prometedor por delante, que estudió Primaria en el colegio Lorenzo Novo Mier y Secundaria en el instituto de Pando, para después matricularse en el grado en Comercio y Marketing en la Universidad de Oviedo, y que actualmente cursa el máster en International Trade & Business de ESIC Madrid en la Shanghai University.

A la ciudad más poblada de China y una de las más concurridas del planeta, con más de veinte millones de habitantes, llegó hace dos meses con «la idea de conocer un nuevo país y disfrutar de la experiencia». Y así está siendo, porque, según explica, todos los estudiantes del postgrado, alrededor de medio centenar, viven juntos en un hotel al lado del campus universitario.

«Es como un segundo Erasmus, aunque más exigente, algo que, sin duda, ayuda a la adaptación al país. Por la mañana tenemos clase y por la tarde, tiempo libre que solemos aprovechar para conocer la ciudad o hacer planes similares a los que solemos hacer en España», cuenta Junquera, para quien «la mayor dificultad es entenderse con la gente, porque no habla inglés casi nadie y a veces resulta toda una odisea comunicarte con ellos. Y, claro, lo de aprender chino en solo dos meses tampoco es factible si exceptuamos 'hola', 'adiós', 'gracias' y poco más».

En este tiempo ha descubierto que lo que más le gusta es «el contraste que hay entre ciudades como Shanghai, que se aproxima más a Europa que a China, y otras como Guilin, mucho más tradicionales». Y que lo que peor lleva, «sin duda alguna, es la contaminación que hay en las grandes urbes, donde a veces es difícil hasta respirar».

Dos meses intensos en el lejano Oriente en los que tampoco le han faltado las anécdotas propias de un lugar donde «los occidentales todavía son algo llamativo. Y la prueba es que, a veces, nos piden fotos por la calle cuando vamos un grupo grande, como si no estuviesen acostumbrados a vernos o les llamásemos la atención». Y donde «el único símbolo de discriminación, si se puede llamar así, se puede apreciar a la hora de coger un taxi: muchos de ellos pasan de largo por no complicarse la vida intentando descifrar a dónde queremos que nos lleven».

Así que, de momento, a solo unos días de regresar a casa para disfrutar con «muchas ganas del verano, los amigos y la familia», puede concluir y concluye que «China es un país interesante en el que te encuentras gente encantadora -la mayoría- y gente muy antipática. Interesante, sí, pero solo para un tiempo».

Se lo dice su paladar, un tanto saturado: «Cuando llevas aquí un mes, te empiezas a cansar del típico sabor oriental. Aunque hemos descubierto un bar español donde hacen cachopos, lo que ellos llaman 'Asturian milanesa', que para quitar el mono puede valer», bromea. Y su olfato para los negocios, que le cuenta que a lo mejor de esta salimos de la crisis: «Desde aquí se va notando en España una cierta mejoría que esperemos vaya a más. Y, cuando sales fuera, se aprecia también todo lo que tenemos en cuanto a salud, calidad de vida... De hecho, en China no existe sistema de pensiones, por lo que es bastante habitual ver a gente anciana trabajando».

Eso sí, este oviedista tampoco se engaña: «En cuanto a Asturias, sigue sin haber muchas oportunidades para la gente joven, y salir parece la única opción, nada que no se sepa ya». Pero, de momento, toca disfrutar «del Xiringüelu y de las piraguas, que son dos citas imperdonables, y de alguna que otra fiesta de prau también». Y nadie podrá decir que no se lo tiene bien merecido.

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