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«Aunque algunas críticas a la UE están justificadas, también tiene méritos»

Manuel Martín Madera, junto al lago de Bracciano./
Manuel Martín Madera, junto al lago de Bracciano.
Manuel Martín, ingeniero forestal, hace prácticas en Italia gracias a una beca Erasmus

«A los italianos les impactaron las cargas policiales en Barcelona. Espero que se abra una etapa de diálogo y se llegue a un consenso»

A. VILLACORTA

A Manuel Martín Madera (llanerense de Ables, 22 años) el programa Erasmus le cambió el chip. «Me hizo pasar de la vida rutinaria a la que estaba acostumbrado en Asturias, yendo a clase todos los días a Mieres, a un lugar donde cada día había algo nuevo que aprender», cuenta este ingeniero forestal que estudió uno de los cursos del grado en la República Checa. Un país en el que, durante los primeros días de universidad, los profesores lo recibían a él y a sus compañeros con licores autóctonos para darles la bienvenida.

Pero, si el contraste con las costumbres checas le dibujó un nuevo mapa mental, lo que sin duda marcó la diferencia fue la gente que conoció en aquel territorio virgen. Algunos de ellos, amigos junto a los que acaba de emprender la segunda etapa de su viaje, que discurre en el Trevignano Romano, una localidad italiana de la región de Lazio con 5.862 habitantes y a apenas media hora en tren de Roma.

Allí llegó hace solo dos semanas este recién graduado. Y, de nuevo, gracias a las posibilidades que ofrece el Erasmus, porque, en este caso, una de las ayudas del programa europeo para aquellos que ya han concluido sus estudios universitarios le ha llevado a hacer prácticas a una empresa que combina el turismo rural con la explotación agroforestal.

«Llegó un momento en el que había que decidir y la verdad es que no tenía nada claro, así que, como había hecho amigos italianos, me hablaron de esta oportunidad y me decidí», explica Manu, que, sobre el papel, disfruta de «una beca que paga la Universidad de Oviedo», pero que, en la práctica, «como todo es un poco desastre», no le abonarán hasta dentro de unos meses, lo que le obliga a «tirar de ahorros y de la ayuda de la familia».

Con todo, lejos de arrepentirse de su decisión, está «encantado», viviendo en una casa de campo junto al lago de Bracciano que también le prestan los padres de un compañero, de forma que se ahorra el alquiler. «La suelen tener alquilada por el verano, pero, como ahora no la utilizan, me la han dejado», cuenta, feliz en un país en el que, «además de ser hospitalarios, alegres y muy parecidos a nosotros, un montón de gente habla español. Me gusta mucho su actitud y su forma de ver la vida», aclara.

Él también se defiende ya con el italiano a la hora de mantener una conversación no demasiado profunda -y, si no, siempre puede tirar del inglés- y de disfrutar de sus tardes, que tiene libres, porque su horario de prácticas es de 9 a 13.30. «Entonces, cojo la bici y me doy un paseo junto al lago o quedo con gente en Roma», una ciudad a la que solo encuentra dos inconvenientes, mínimos por otra parte: «Que es un poco cara y que el tráfico es una locura».

Descubriendo el sabor del 'dolce far niente' asistió el joven llanerense al estallido del conflicto catalán, del que los italianos se han quedado, sobre todo, con las cargas policiales: «Entienden que se quieran independizar y les impactaron bastante las imágenes que llegaban desde Barcelona». Así que Manuel espera «que se abra una etapa de diálogo en la que se pueda llegar a un consenso». El mismo espíritu que impulsa a una Europa sin fronteras que él espera seguir disfrutando, al menos, «una buena temporada». Y, como no podía ser de otra forma, defiende la concesión del Premio Princesa a la convulsa UE: «Aunque pienso que algunas de las críticas están justificadas, también creo que acredita méritos suficientes para ganar ese galardón».

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