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«Los investigadores anhelamos volver para ayudar a la ciencia española»

Miguel Prado, ante Gordon Hall, en la Universidad de Harvard./
Miguel Prado, ante Gordon Hall, en la Universidad de Harvard.

Miguel Prado trabaja en Harvard y acaba de publicar en la revista 'Science' | El bioquímico, natural de Lugo de Llanera, llegó a Estados Unidos para una pequeña estancia en 2011 y allí continúa

M. F. ANTUÑA

El suyo es uno de esos cerebros fugados al otro lado del charco. Miguel A. Prado Rodríguez (Lugo de Llanera, 1981) se licenció en Bioquímica por la Universidad de Oviedo, donde también se doctoró, y hoy su mundo está en una de esas universidades que son leyenda, en Harvard, la más antigua de EE UU, que mira a Boston desde el otro lado del río Charles. Durante el doctorado disfrutó de una beca predoctoral Severo Ochoa del Principado de Asturias, que le permitió una estancia en el extranjero. Así empezó su aventura americana: «Tras hablar con el profesor Steven Gygi, del departamento de Biología Celular de la Harvard Medical School, conseguí venirme durante tres meses en 2011. Una vez acabada la estancia, se me planteó la posibilidad de volver en 2012, ya como postdoc, para trabajar en los laboratorios de los profesores Dan Finley y Steven Gygi», relata.

Allí sigue. Y su tarea científica ha dado en los últimos meses frutos de lo más suculentos. «El pasado 4 de agosto publicamos un 'Science' en el que comparto primera autoría con un compañero del laboratorio. En el manuscrito describimos mecanismos hasta ahora desconocidos que son muy importantes para el correcto desarrollo de los glóbulos rojos», revela este joven investigador. «En el trabajo presentado, nos centramos principalmente en una proteína llamada UBE2O que se encarga de reconfigurar en gran medida las proteínas que existen en los glóbulos rojos. La ausencia de UBE2O conlleva, al menos en modelos de ratón, al desarrollo de anemias. Por otro lado, sorprendentemente, tal y como se demuestra en el artículo, su inhibición también puede ser útil para el posible tratamiento de otro tipo de anemias (beta-talasemia), donde los niveles de globina en glóbulos rojos están alterados. Con todo esto se abre la posibilidad de utilizar esta proteína como diana terapéutica para el tratamiento de este tipo de enfermedades».

Su futuro, de momento, continuará en Estados Unidos. «Mi pareja también trabaja como investigadora, concretamente en el Dana Farber Cancer Institute. A ambos nos gustaría volvernos a España, y si es posible a Asturias, pero no a cualquier precio. Es muy complicado porque tampoco hay muchas oportunidades y las pocas que hay, existe mucha competencia», indica. Añade que son muchos los españoles trabajando en centros punteros de todo el mundo y muchos con la misma perspectiva: «De algún modo anhelamos volvernos algún día para desarrollar todo lo aprendido en el extranjero, y con ello ayudar a la ciencia española».

Trabajar en Estados Unidos tiene un sinfín de elementos favorables. «Aquí se valoran los méritos de cada uno, independientemente de a quién conozcas o de dónde vengas». A eso se añade que muchos de los avances en biomedicina que ocurren en todo el mundo suceden allí: «En gran medida porque los grupos de inversión están muy abiertos a la hora de invertir dinero en nuevas ideas para la fundación de nuevas startups».

Claro que nada es perfecto. «La investigación en las Universidades no es comparable a la de las grandes multinacionales o startups en cuanto al salario se refiere. Por ello los americanos, al no tener problemas de visado, en cuanto tienen la oportunidad, se pasan a la empresa privada donde las condiciones son mucho mejores, ya que la vida por aquí, especialmente en Boston, es muy cara».

En cualquier caso, las cosas están peor en España, donde hay mucho trabajo pendiente para mejorar la situación de la ciencia. «La receta sería incrementar la partida de los presupuestos dedicada a investigación, la cual es ridícula desde que entramos en la crisis». A su jucio, también sería fundamental «valorar más la innovación y la posibilidad de premiar a los jóvenes investigadores con ideas novedosas». Añade a su apuesta de futuro «crear una red de centros dinámicos donde se valoren los méritos de cada investigador generando de esta manera una red atractiva para investigadores de todo el mundo».

Investigaciones al margen, el sueño americano tiene lagunas que el dinero no puede pagar: «La familia, amigos, Mundín, la fabada de mi madre y los partidos en El Molinón».

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