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«Aquí la bicicleta es casi obligatoria»
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Asturianos en la diáspora

«Aquí la bicicleta es casi obligatoria»

15.02.14 - 00:45 -
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«Aquí la bicicleta es casi obligatoria»
Ignacio Herrera, con su bicicleta en la Universidad de Copenhague, donde estudia un máster de dos años. :: E. C.

Pipas. Sí, sí, pipas. En la maleta de Ignacio Herrera (Gijón, 1989) nunca faltan cuando toma rumbo a Copenhague. En Dinamarca solo es posible adquirir una marca turca que no se acerca ni por asomo a la calidad española. «Causan furor entre mis amigos», bromea este licenciado en Económicas por la Universidad de Oviedo que eligió Copenhague para realizar un máster en Econometría. La razón: «Calidad de enseñanza, gratuidad, expectativa de mayores oportunidades laborales y conocer la cultura nórdica y una ciudad diferente».

No duda de que eligió bien. Y eso que el país -ecologista, dialogante, productivo y feliz- atesora contras y dificultades de adaptación. «No siento estar totalmente integrado», confiesa, para hablar después de los problemas para encontrar vivienda en alquiler (a su llegada vivió más de un mes en un hostal y tiene amigos que se han instalado en Malmö, en Suecia, a media hora cruzando un puente), de la complejidad del danés (aunque todo el todo el mundo habla inglés), de la falta de luz... Hay cara y cruz. «Los daneses son más altos, más guapos, más inteligentes, más disciplinados y mejor organizados. Sin embargo, muchas veces son demasiado serios y envidian la alegría y la espontaneidad española», dice. «Los estereotipos -añade- se cumplen». Y eso que los daneses son los nórdicos «más alternativos» en su forma de vestir y comportarse y «no es extraño, por ejemplo, ver adultos que después del trabajo se reúnen en Cristiania a fumar marihuana».

El día a día no es tan entretenido como el español. Los estudios se viven en Dinamarca como un trabajo (por el que cobran 700 euros). «Tengan clase o no, están en la universidad todos los días de 8 a 5. Sin embargo, a las 6 ya no queda un danés en la biblioteca», detalla. No saben lo que son las clases particulares, gustan de quedar para estudiar juntos y acostumbran a compatibilizar su paso por la universidad con el trabajo.

Hay muchas lecciones que deberíamos aprender de ellos. La principal: «Consiguen ser productivos y, a su vez, estar siempre en los primeros puestos de las listas de gente más feliz del mundo». Puede que esa felicidad tenga que ver con su querencia al diálogo y el rechazo total a la confrontación. Ignacio relata una anécdota que lo ilustra a la perfección: «Hace unos meses, la universidad decidió cambiar ciertas normas para endurecer los requisitos necesarios para permanecer en ella con el objetivo de acortar la duración de los estudios. Las medidas eran exageradas y se convocó una manifestación. Cuando ésta llegó a la universidad había un cartel enorme colgado que decía «Bienvenidos al diálogo». La universidad montó unos puestos en los que se intercambiaba comida gratis y bebida caliente por propuestas. Además, el decano estaba en la calle, disponible para que se hablase con él directamente». No imagina una situación parecida en España. «A nosotros nos encanta quejarnos por todo, ellos son más constructivos en sus críticas».

Con un paro del 7%, flexibilidad y seguridad dominan el sistema laboral. Los impuestos son altos, la seguridad social de calidad y la conciencia ecológica está en su ADN. «El uso de la bicicleta es casi obligario. En el Copenhague hay el doble de bicis que personas», revela.

Pese a todo lo bueno, las carencias existen -«en el plano sentimental, los amigos y la familia; en el práctico, luz por el día y persianas por la noche»- y no las mitiga ni la situación de España y Asturias - «ver las noticias día a día deprime a cualquiera»- ni el continuo goteo de amigos que hacen las maletas y se unen a la diáspora. «En general, parece que no hay un plan definido para Asturias y que las oportunidades son escasas», concluye. Así las cosas, el futuro se perfila abierto, como lo fue también el pasado en el que siempre tuvo claro que quería salir fuera para formarse: «Creo que iré allí donde se valore mi capacidad y pueda trabajar de lo que estudié. Si es en Copenhague, perfecto; si es en España, mejor, y si tiene que ser en cualquier otro sitio, allí iré».

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