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«Yo no me fui de España por la crisis. Viajé 10.000 kilómetros por amor»
Actualizado: 3:11

Hoy en... Antofagasta

«Yo no me fui de España por la crisis. Viajé 10.000 kilómetros por amor»

«Mi primer sueldo en Chile fue de ciento y pico euros. Me quería morir. Pero este país me ha dado oportunidades que no hubiera tenido en España» Asturianos en la diáspora Diego Carrera vive en Antofagasta con su mujer y su hija

31.05.14 - 00:16 -
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«Yo no me fui de España por la crisis. Viajé 10.000 kilómetros por amor»

-Dale, vamos.

Así empieza Diego Carrera Martín -gijonés, 35 años- la charla al otro lado del hilo telefónico: con un inconfundible acento chileno y una voz de bebé escuchándose de fondo. Es la de su hija Emma, que ha nacido en Antofagasta, una ciudad minera al norte del país andino que mejor ha resistido la crisis donde Diego vive con su pareja, Lorena, desde hace casi cuatro años.

Lorena es la clave de toda esta historia. «Yo no me fui de España por la crisis. Viajé 10.000 kilómetros por amor», empieza a contar él, que conoció a su mujer cuando estaba estudiando Historia Universal en la Universidad de Oviedo, pero no precisamente en la cafetería.

«Me enclaustré para sacar la carrera en la recta final porque los primeros años no había hecho nada. Así que mi vida social se fue a pique», recuerda. Y la vida de clausura marcó su destino porque fue cuando decidió ponerse a chatear con gente de todo el mundo y apareció ella.

Entonces, pasó lo que tenía que pasar: al principio, pese a que congeniaron rápidamente, sólo eran amigos. Hasta que pudieron conocerse y profundizar en la relación. Tanto que, al poco tiempo, Diego les dijo a sus padres que se iba al otro lado del mundo junto a Lorena, que ya tenía un hija de una relación anterior. Y la respuesta de Guillermo y Virginia también fue «la típica»: «Me dijeron que estaba loco. Normal. Aquello no era como irme a trabajar a Barcelona». Pero estaba casi decidido y, «después de darle muchas vueltas», dejó su trabajo en un 'call center' en el que le «acababan de proponer un ascenso», dejó a sus amigos, dejó a su familia y se marchó «con algo de dinero que tenía ahorrado y una mano delante y otra detrás. Pensé que, si no lo hacía, me iba a arrepentir toda la vida y que, si salía mal, podía volver».

«Atrás, ni para coger impulso»

«La ciudad no es lo más bonito del mundo. Y, además, su crecimiento ha superado a las infraestructuras que tiene. El problema de Chile es que todo está centralizado. Que es desde Santiago desde donde se distribuyen los fondos a las distintas regiones y llega con cuentagotas», resume, así que abundan las calles sin asfaltar en «la tierra más árida del mundo. Un desierto en el que llueve una vez al año y, cuando llueve, son cinco minutos de orbayu».

No oculta que le dieron ganas de hacer las maletas y regresar por donde había llegado, pero «a todo se acostumbra uno». Incluso a volver a empezar de cero, porque el primer sueldo que cobró fueron «ciento y pico euros. Imagínate. Me quería morir. Pero, como dice mi padre, 'para atrás, ni para coger impulso'». Y él, siempre para adelante, decidió seguir el consejo paterno y ha terminado trabajando para una empresa con socios gijoneses dedicada a importaciones y exportaciones de productos para la industria primaria en la que hace de todo, «de portero a gerente», con lo que, si exceptuamos las prácticas, nunca ha ejercido como historiador. Ni falta que le ha hecho.

Al otro lado del charco, donde ya le han visitado sus padres, se vive bien, aunque, «si pudiera, cambiaría muchas cosas». Y, de hecho, algunas veces echa de menos «zonas verdes en las que la niña pueda jugar, la comida o el clima». Pero agosto se acerca y, por primera vez, Emma viajará a Gijón junto con sus padres, a conocer Asturias, «a jugar con su prima Lola, con la que habla por Skype y planean ir al parque», y a que sus abuelos Guillermo y Virginia, «locos con Emma», se les pueda caer la baba mientras pasean con ellas por el Muro.

Pero, sobre todo, lo que predomina en Diego es el agradecimiento «a Chile y a Antofagasta»: «Me han permitido hacer cosas y me han dado oportunidades que en España no hubiera tenido, como formar una familia, darle estabilidad y crecer laboralmente. Si me hubiese quedado, tendría un trabajo de 1.000 euros. Con suerte, de 1.500. O estaría en casa de mis padres, como mi hermana. ¿A dónde vas así si mantienes una casa?».

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