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«Los españoles estiramos las bajas 15 días y si podemos vamos a Baqueira»
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«Los españoles estiramos las bajas 15 días y si podemos vamos a Baqueira»

Jairo Roces defiende a sus 36 años que «España va como va también por nuestra culpa»

03.05.14 - 00:39 -
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«Los españoles estiramos las bajas 15 días y si podemos vamos a Baqueira»
Jairo, con su hijo Íker, durante su etapa en Holanda.

«Marché al extranjero como Paco Martínez Soria, pero esta experiencia me ha servido para madurar mucho». El gijonés Jairo Roces se declara «enamorado de Asturias» y de su gente: sus «grandes amigos» y su «familia bien avenida». De su mujer, Noelia, y de su pequeño, Íker. Y más, desde que tuvo que dejar la tierra de los suyos «durante generaciones», con raíces en Mieres, en busca de «un empleo estable». Eso fue en noviembre de 2012. Con la crisis en pleno apogeo, empezó a no salirle trabajo con empresas españolas y decidió dejarlas al margen para «buscarse la vida fuera». Al menos, no le salía con las condiciones que él creía que merecía. Sino «con jefes apretando» y poco sueldo.

A su favor, jugaba que siempre se le dieron «muy bien los idiomas» y dominaba el inglés. Así que se lanzó al mundo. «Un aventurero» del sector del metal en busca de tubería y estructuras de grandes obras.

Recorrió Holanda de Norte a Sur y recaló en países como Alemania de paso hasta desembarcar en Kapellen, a las afueras de Amberes, «un sitio tranquilo» en el que ha encontrado su lugar hasta que pueda volver a Gijón definitivamente. Su gran sueño.

«Vine para una semana, pero les gustó mi trabajo, mi predisposición». La de alguien a la que no le han «regalado nada». Porque empezó de aprendiz y hoy es oficial de primera. «Sin enchufes. Desde abajo». Aunque, entre tanto, se declara «muy contento». Porque se siente valorado. «Aquí respetan mucho a los trabajadores. Están mucho más organizados en cuanto a sindicatos y a condiciones laborales».

Tanto que, asegura, descubrió «otro mundo». Porque, sabiendo que generaliza, dice que «en España somos un poco catetos». Sólo un ejemplo: «Ayer fui a comprar y la cajera del supermercado hablaba cuatro idiomas. Pero es que un fontanero habla tres. Hasta un rastafari que veas por la calle y al que en Gijón alguna gente miraría de lado, domina más lenguas que tú. Todo el mundo habla flamenco, francés e inglés. Incluso la gente mayor. No podemos competir con esta gente».

Por eso Íker, a sus seis años, ya va a clase de inglés dos días a la semana. Y por eso él, su padre, no le echa la culpa de todo a los políticos, «que es algo muy español. Este país va como va también por nuestra culpa».

Culpa, en parte, de quien «no se busca la vida porque prefiere estar en el bar tomando una cerveza» y de un sistema que «no funcionaba». De un modelo el que «cualquiera se hipotecaba en vez de vivir de alquiler y se compraba dos coches» y de una forma de ser donde «la picaresca» sigue teniendo, defiende Jairo, demasiado peso: «Los españoles tenemos gripe y, si podemos, estiramos la baja 15 días y nos vamos a esquiar a Baqueira. Si podemos, engañamos al seguro. Si podemos, no hacemos factura. A ellos ni se les ocurre. Y es verdad que ganan más que aquí, pero les fríen a impuestos. Cuando pasan de unos determinados ingresos, les quitan hasta el 40%».

Cuando llegó a Bélgica, en su empresa no querían españoles. Y no le extrañó: «Los españoles somos el hazmerreír de Europa». Ellos son «muy de defender lo suyo frente a quien viene de fuera». Y, en cierta manera, Jairo justifica medidas como la de no poder permanecer «en un país que no es el tuyo seis meses sin trabajar. ¿Qué haces allí?»

«Somos pillos y juerguistas», sí, pero lo que no cambia por «la frialdad» europea es «el carácter de los asturianos», que no ha encontrado en ningún otro lugar. Llegar al aeropuerto de Santander («porque desde Asturias no se puede viajar») y que siempre haya alguien esperándole para ir a cenar a una sidrería o a ver al Sporting en El Molinón.

Y eso que, reconoce, «estamos espabilando porque nos están dando en la cara». Él, sin ir más lejos, está intentando sacarse el título de supervisor entre idas y venidas, porque su prioridad es estar cerca. Sin ir más lejos, a través del Skype todos los días, «antes de que Íker se duerma. Incluso los abuelos, que están orgullosos del esfuerzo, se han comprado un ordenador».

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