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«Gran Bretaña me ha dado la oportunidad que mi país no me dio»
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«Gran Bretaña me ha dado la oportunidad que mi país no me dio»

Antonio Uzal es profesor en la Universidad de Nottingham. Llegó en 2004 creyendo que hablaba inglés, trabajó recogiendo vasos, de camarero, hizo un doctorado y ahora es un feliz padre. Volver no está en sus planes

10.05.14 - 01:03 -
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«Gran Bretaña me ha dado la oportunidad que mi país no me dio»
Olivia, Zoe y el gijonés Antonio Uzal.

La idea era un par de meses para mejorar el inglés. Y van diez años. Uno, porque en materia de idioma necesitaba algo más que una mejora -«cuando llegué al aeropuerto de Birmingham tardé 20 minutos en comprar un mapa»-; dos, porque el país de acogida le fue dando oportunidades una tras otra. «No me gustaría que parezca que doy una visión muy negativa de España», advierte el gijonés Antonio Uzal, que reclama para este país -el suyo- orgullo de todo lo bueno -que es mucho- y una mirada al frente positiva. Pero: «Gran Bretaña me ha dado la oportunidad que mi país no me dio».

Esa frase resume una experiencia vital de diez años en los que ha hecho de todo, hasta formar una familia. Tiene 36 años años este licenciado en Biología por la Universidad de Oviedo que con 26 tomó el avión de ida sin saber que el de vuelta iba a quedar restringido a las vacaciones. Empezó recogiendo vasos -con ese inglés que él creía bueno no podía hacer otra cosa-, pasó a camarero y de pronto se le abrieron las puertas de la Universidad de Bouremouth a través de una profesora para la que trabajó como asistente. Después consiguió un trabajo en la Universidad de Reading y de nuevo la de Bouremouth llamó a su puerta para un doctorado. «Me pagaban las tasas y un sueldo durante tres años y allí me fui». El último año, ya sin sueldo, volvió a ser camarero y terminó la tesis. En el camino conoció a Zoe, su chica y la madre de Olivia Rose -de 15 meses- y la crisis llegó a España. Y también a Gran Bretaña. Pero allí nunca le faltó trabajo. Con aquel CAP que había obtenido en España casi por inercia, empezó a trabajar «como mercenario» en las escuelas del país. O sea, sustituciones aquí y allá de un día, dos semanas, tres meses. «Mi vida era: me levantaba a las siete de la mañana, estaba vestido y con el café tomado y a esperar a ver si llaman». Mientras tanto realizó un 'postdoct' para una universidad canadiense y trabajó como asesor en gestión medioambiental. Mucho, mucho trabajo. Pero el trabajo tiene premio. Porque en Gran Bretaña las cosas funcionan de otra forma: «Aquí en todos los trabajos hay que seguir el mismo proceso, currículo, entrevista y si interesa te contratan por un par de meses». Y si la cosa funciona, el trabajo continúa. Es así en todos los ámbitos, también en lo público, que se gestiona con criterios de empresa privada. «Las oposiciones solo demuestran que sabes hacer un examen», dice sobre el sistema español. El británico tira más de experiencia. También en lo que a educación refiere. En este punto, Antonio aboga por un híbrido: «Me quedo con la parte teórica de la educación española y con la práctica de la inglesa».

Esa manera, esa querencia 'british' por ir a lo que interesa, le ha llevado a su último trabajo como profesor en la Universidad de Nottingham. «En octubre conseguí el trabajo con un contrato temporal» y ahora no solo tiene un puesto fijo sino que por diferentes circunstancias se ha convertido en codirector de la Licenciatura de Biología («dos puestos por debajo del decano»). Está encantado con el trabajo, aunque le aleja durante cuatro o cinco días a la semana de su familia. Su pareja y su hija están en New Milton y él cada lunes recorre los 330 kilómetros que lo separan de Nottingham.

Así las cosas, volver no está en sus planes. «Aquí somos un equipo, y en España la mitad del equipo no funcionaría». Y eso que las añoranzas existen: «Echo de menos mis montañas, aquí de colina no se pasa, mi cortadito, mi pincho de tortilla, mi familia, mis amigos, esa cañita, ese vinito de antes de comer...». Pero siempre quedan el 'skype' y los amigos instalados cerca. «Ahora creo que tengo más amigos de Gijón aquí que en Gijón». Antonio se ha convertido en un receptor de nuevos emigrantes. «En los últimos tres años han pasado cuatro españoles por mi casa». Y es que los tiempos han dado un vuelco: «Cuando yo llegué a Bournemouth hace ocho años los españoles que había eran farmacéuticos, ingenieros que venían aquí a mejorar, ahora hay ingenieros trabajando en restaurantes».

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