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«La gran riqueza de Japón es su gente»
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Asturianos en la diáspora

«La gran riqueza de Japón es su gente»

El gijonés Pelayo Rodríguez trabaja la sección cultural de la embajada de España en Tokio, a donde llegó con una beca tras vivir casi tres años en China

01.02.14 - 00:40 -
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«La gran riqueza de Japón es su gente»

Lo suyo con Japón es amor con mayúsculas. Pelayo Rodríguez Alonso (Gijón, 1987) llegó en septiembre a Tokio para incorporarse a través de una beca MAEC-AECID a la sección cultural de la Embajada de España, pero su camino rumbo a Asia se inició mucho antes. Ya en 2006 aprendió sus primeras palabras en japonés a través Ryota Mori y Vicente Díaz Faixat. Junto a ellos ayudó a poner en marcha las primeras Jornadas de Arte y Cultura Japonesa en 2007 y con ellos, y algunos más, como la profesora Yayoi Kawamura, fundó la Asociación Amigos de Japón en Asturias y la editorial Satori. Estudió japonés en Osaka y Nagoya durante los veranos de 2008 y 2009 mientras los inviernos los dedicaba, desde 2005, a su carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo. Se licenció en 2010, no sin antes pasar por Roma, estuvo una temporada en Dublín y en 2011 tomó rumbo a Shanghai para trabajar en el departamento de marketing de la filial en la ciudad china del Grupo Temper. Allí, donde vivió casi tres años, se rodeó de japoneses y mejoró su conocimiento del idioma. Y por fin en septiembre pasado este chico que habla inglés, italiano, japonés, chino y francés, llegó a Tokio.

«En la Embajada trabajo dentro de la Consejería Cultural y Científica como gestor cultural, las principales labores que realizamos pasan por la preparación o patrocinio de eventos, exposiciones, conciertos, conferencias...», detalla. También se ocupan del campo educativo y académico y desde octubre del pasado año están muy centrados en las actividades del Año Dual España Japón.

La experiencia no puede ser más positiva. Sobre todo porque es un gran admirador del pueblo nipón: «Japón es posiblemente uno de los países más pobres del mundo, en el sentido de ausencia de recursos naturales. Su territorio es montañoso y no cultivable, no tiene petróleo, está constantemente acosado por terremotos, tifones, volcanes y tsunamis... Sin embargo, es la tercer potencia económica mundial». Su tesoro es otro. «Su mayor riqueza es su gente. Es un pueblo tremendamente orgulloso y disciplinado». Él se sorprende día a día y lamenta que haya un cierto desconocimiento en Europa respecto al país. «Creo que conocer más, no solo Japón sino toda Asia, se convertirá en una obligación porque, lo queramos o no, el futuro, y casi diría que el presente, es Asia».

No estaría mal que en España aprendiéramos un poco de su educación, entendida como disciplina. «En japonés hay una frase que dice 'tarde o temprano la disciplina vencerá a la inteligencia'. Por eso cuando un japonés le diga que llegará a las siete llegará a las siete y no a las siete y un minuto». Lo suyo, dice, es educación y disciplina convertidas en respeto. Y eso se advierte en su concepto colectivo del trabajo. No existe el yo sino el nosotros y todos afrontan con responsabilidad y orgullo cualquier tarea, porque no es una acción individual. «Algo que me sorprende de este país es que cuando se comete un error siempre alguien asume su responsabilidad y asume las consecuencias de sus actos. Algo que pocas veces, por no decir nunca, he visto en España». Claro que también ellos deberían mirar hacia Europa en aspectos como el respeto a la igualdad entre hombres y mujeres. Allí las mujeres después de casarse dicen adiós a su vida laboral y allí el trabajo es a veces un infierno. «Japón es uno de los países donde más horas se pasan en el trabajo y hasta existe una palabra, karoushi, que significamente exactamente muerte por exceso de trabajo».

Añorando la familia, el olor del Cantábrico y los paseos por el Muro -primera parada obligada cuando vuelve a casa-, Pelayo no ve en Japón un buen destino para futuros emigrantes, por la barrera del idioma y la que impone un panomara laboral en la que hay que competir con una sociedad magníficamente formada. En ese mundo tan distinto España mantiene su buena imagen pese a las inclemencias de nuestra economía: «El japonés medio cuando piensa en España piensa en fútbol, flamenco, toros y paella, por lo que la crisis no oscurece tanto la imagen del país».

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