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«El pueblo ucraniano sólo quiere paz»
Actualizado: 3:55

Santiago Rodríguez en Kiev

«El pueblo ucraniano sólo quiere paz»

Este alto ejecutivo de un banco comercial vive a caballo entre Kiev, Madrid y Casablanca, pero tiene a sus dos hijas en La Fresneda

08.03.14 - 01:10 -
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Santiago Rodríguez nació en Bilbao hace 45 años, porque ya se sabe aquello de que los de Bilbao nacen donde les apetece, pero eligió Asturias para fijar su residencia hace ya dos décadas, y en La Fresneda viven sus dos hijas, de 18 y 14 años. Las mismas con las que habla todos los días a pesar de que él se fue empujado por una crisis en la que decidió «cambiar de aires» y pasa sus días a caballo «entre Kiev, Madrid y Casablanca», donde el banco comercial para el que trabaja tiene planes de expansión. «Ellas se han terminado acostumbrando porque no queda otra».

A la capital ucraniana llegó este economista hace ya cuatro años, como alto ejecutivo -«international manager», pone en su tarjeta- de PSJC Unicombank, tras conocer al presidente de la entidad financiera en Tel Aviv, uno de sus primeros destinos como emigrante. Concretamente, en el departamento de compras de la Bolsa de Diamantes israelí, donde estaba empleado por aquel entonces.

«Me dijo que me fuese con él como director internacional del banco y me fui». Aceptó la oferta y en Ucrania se encontró a gente muy parecida a nosotros, los del Norte español. «Son personas muy pacíficas y muy amables que siempre me han tratado de maravilla. Rehuyen los conflictos hasta el extremo de que, si van a un restaurante y las cosas no están como a ellos les gustarían no lo dicen. Prefieren no volver más y punto».

Pacíficos, sí, «porque recibieron la educación de la URSS, en la que les enseñaban a bajar la cabeza», pero también rebeldes ante las injusticias. Y esa fue «la razón por la que empezaron a salir a la calle. Sólo querían vivir en paz y reclamar sus derechos básicos, que empezaron a perder tras la llegada de Yanukóvich al poder». Un ejemplo: «Si un periodista denunciaba que un juez o un policía impuestos por el Gobierno eran corruptos, le caían cinco años de cárcel». Otro: «Si salías a la calle a manifestarte, cinco años de cárcel. O si iban cinco coches juntos, porque se consideraba una reunión ilegal, cinco años de cárcel. Todo lo solucionaba con cinco años». Y «querían tener un trozo de pan para comer», porque «todavía hay un agujero de 37.000 millones de euros en las arcas estatales que nadie se sabe dónde están».

Tan poco amigos de conflictos son, relata Santiago, que «si España invadiese Gibraltar, tendría a la Armada inglesa encima en menos de dos horas, y allí el Ejército no se ha levantado. De hecho, tienen orden de no disparar».

«El problema fue que los políticos empezaron a subirse a ese carro de las protestas y a decir que era una cuestión de Rusia o Europa, cuando el ucraniano lo único que quiere es que le dejen en paz», resume el inicio de la crisis internacional que amenaza guerra.

Pero los intereses que se juegan en ese tablero de ajedrez son tantos que mucho se teme que lo que termine ocurriendo es que «Alemania y Rusia acaben repartiéndose el país. Es así de triste, pero lo veréis. Rusia se quedará con Crimea para satisfacer sus intereses estratégicos y Alemania, que es la mayor beneficiaria de la recesión mundial, se beneficiará también en este caso de la cuestión económica, porque hay que tener en cuenta que estamos hablando de un mercado potencial de 45 millones de personas que carece de infraestructuras, porque toda su maquinaria está obsoleta».

La semana próxima, Santiago volverá a Kiev y no tiene miedo. Precisamente, por ese carácter de los ucranianos, que son «gente muy abierta, a la que le gusta relacionarse y aprender y que saldrán perdiendo, como siempre, ante la alucinante hipocresía de Europa y Estados Unidos, que van a permitir la invasión de Crimea sin decir nada ni mover un dedo para ayudarles porque a nadie le interesa su pueblo».

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Santiago Rodríguez, en un café en pleno Khreshchatyk, la principal calle de Kiev.


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