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«Trabajo siempre hay, otro tema es que esté cerca o lejos de casa»
Actualizado: 2:59

HOY EN... NUEVA ZELANDA

«Trabajo siempre hay, otro tema es que esté cerca o lejos de casa»

Pablo Blanco, carpintero de Villamayor, trabajó primero en Marruecos, luego en Alemania y ahora en Nueva Zelanda, en la reconstrucción de la ciudad afectada por el terremoto de 2011

24.05.14 - 00:36 -
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Pablo Blanco lo tiene clarísimo: «Trabajo siempre hay, otro tema es que lo tengas cerca o lejos de casa». Y él primero lo tuvo cerca y ahora muy muy lejos. A 30 horas de avión. O, como él acostumbra a decir, «a diez horas de cualquier sitio». Este piloñés de Villamayor cosecha de 1975 lleva desde principios de año en la localidad neozelandesa de Christchurch, la más afectada por el terremoto de 6,3 grados de 2011 y en cuya reconstrucción trabaja.

Claro que antes de llegar tan lejos emigró un poquito más cerca. En 2008 se fue a Marruecos. Su familia tenía una carpintería y el negocio le condujo hasta allí. Fueron dos años y medio de trabajo y un curso acelerado y completísimo de vida y negocios. «Marruecos me marcó, es un país que lo quieres y lo odias a la par», dice, y añade: «Como dice un amigo mío, hicimos un máster de comercio internacional carísimo y ahora ya no nos engaña ni dios».

De allí volvió a casa. La carpintería familiar cerró y vivió una temporada entre Bulgaria y España hasta que le llegó una oferta de trabajo de una empresa de fabricación de ventanas en Alemania. Probó suerte una temporada pero decidió que no era su lugar en el mundo: «Me sorprende lo programada que tienen la vida, me agobiaba», relata. Y entonces tomó la más sorprendente de las decisiones: dejar un trabajo fijo y aventurarse a otros mundos. Tenía cuatro ofertas: Turkmenistán, Noruega, España y Nueva Zelanda. Y optó por la última. Llegó en enero para quedarse dos años, aunque en realidad hay trabajo para mucho más tiempo. «Aquí el 80% de las casas hay que arreglarlas, o bien levantar el suelo y volver a ponerlo o como sucede en el casco histórico rehabilitarlo entero, hay trabajo para diez años, pero al ritmo que va la cosa igual son veinte», relata.

La ciudad es extremadamente tranquila. Y por esa razón le costó adaptarse. «El país tiene 3,5 millones de habitantes y 2 viven en Auckland, que es una ciudad cosmopolita, pero aquí hay ovejas y poco más», detalla. Pero, pese a la calma, él ya ha hecho amigos con los que pasar buenos ratos. «Nos juntamos los asturianos con los irlandeses y la liamos», afirma entre risas. Hay otros tres asturianos viviendo en Christchurch.

De momento la experiencia está siendo positiva. Por varias razones. Porque está aprendiendo formas diferentes de trabajar. Las estructuras de todas las viviendas son en Nueva Zelanda de madera y los sistemas de instalación de ventanas y aislamientos radicamente distintos. Además, está aprovechando el tiempo para sacarse el título de jefe de proyectos internacional y poder así trabajar en el futuro en constructoras de todo el mundo. Y, por último, busca alcanzar un buen nivel de inglés. Ya habla el francés que aprendió en Marruecos, un poquito de árabe y el alemán de supervivencia que se trajo en el equipaje de Trier. Todo suma. Porque, de momento, no tiene pensado volver a España. Su plan de futuro pasa por acabar el contrato de dos años y luego se verá. Le llama la atención Asia y en particular Filipinas. Pero no hay ninguna decisión tomada.

De momento intenta conocer poco a poco este país joven que tiene buenos vinos y una comida espléndida, aunque no tengan cultura de cocinar el pescado, y cuyo mayor hándicap es la distancia que le separa de todo. Pero Australia queda muy cerquita y habrá que conocerlo. Tiene tiempo y ganas Pablo de ampliar horizontes vitales y profesionales en lugar de alimentar añoranzas. «Ahora con facebook y Skype tienes más contacto con la gente que si vivieses en la misma ciudad sin internet», sostiene.

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Pablo Blanco trabaja en la reconstrucción de Christchurch.


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