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«Senegal me ha enseñado que con esfuerzo y cabeza casi todo es posible»

Juana Alonso, en Fadiouth, la isla de las conchas./
Juana Alonso, en Fadiouth, la isla de las conchas.

«Mi idea era vivir tranquilamente en una cabaña con mi hamaca y mis mangos, pero empezaron a surgir oportunidades y todavía no he podido» Juana Alonso trabaja en Dakar para Médicos del Mundo y tiene su propia empresa

M. F. ANTUÑA

Es un culo inquieto sin miedo a la aventura. Juana Alonso Alviz (Gijón, 1987) dio clases de español, hizo voluntariados en países europeos, trabajó en un albergue juvenil de Barcelona y un buen día -y un máster de género y diversidad que le cambió la vida en Oviedo y Lodz (Polonia) mediante- hizo el petate y se fue a Senegal. De eso hace seis años. Y en ese tiempo ha montado una empresa de comunicación audiovisual (GRIOT), una web de guía de Senegal para españoles (holasenegal.com) mientras trabaja para Médicos del Mundo.

Dakar es ahora su lugar en el mundo. «Mi idea era vivir tranquilamente en una cabaña con mi hamaca y mis mangos, pero al final empezaron a surgir oportunidades de trabajo en Dakar y seis años después todavía no he podido vivir en la cabaña», relata. No le pesa. Por mucho que Dakar sea una ciudad ruidosa y contaminada. «Realmente creo que aquí hay muchas más oportunidades de desarrollar proyectos personales y eso te da alas». De hecho, afirma, no cree que en España hubiera sido capaz de meterse en la aventura de montar una empresa y poner en marcha proyectos de envergadura. «Por otra parte, mi experiencia con Médicos del Mundo es también muy buena, porque me permite trabajar de lo que más me gusta», concluye.

Dakar es además una ciudad con múltiples servicios en la que la vida no es complicada y tiene aliños que la hacen absolutamente especial. «Lo que más me gusta es la dinámica de barrio: preguntarle qué tal ha pasado la noche al que me vende el pan por las mañanas, saludar a Aliou, el vecino de enfrente, tomar el té en la calle con Diallo, comprar un bocata de patatas fritas, pasta con cebolla y huevo a Awa y Fatou, que vende comida enfrente de mi trabajo... Esas cosas me hacen sentirme más conectada con la vida», resume.

Vivir en África y trabajar por cuenta propia y para una ONG es una escuela impagable. «Mi experiencia ha sido muy dura en muchos momentos, te puedes encontrar muy perdida, al principio te engañan a menudo y te cruzas fácilmente con personas que buscan aprovecharse de ti; pero el balance global es positivo porque también me he encontrado con gente muy buena, que comparte su tiempo contigo, que tiene la paciencia de enseñarte wolof, que se implica en su trabajo...», afirma. Pero, eso sí, ha tenido que trabajárselo: «Me ha obligado a espabilar y aprender a buscar soluciones y tirar para adelante. Senegal me ha enseñado que, si te esfuerzas de verdad y tienes un poco de cabeza, casi todo es posible».

Ella, que es más de aprovechar lo positivo que de quejarse, solo lamenta el desarraigo, el no estar cerca de casa para celebrar las buenas nuevas, llorar las malas o simplemente tomar una cerveza en un bar «para hablar de todo y nada», pero, de momento, no piensa en volver. «Ahora que he conseguido una estabilidad en Senegal me da vértigo dejarlo todo para irme a España donde las perspectivas de trabajo no son buenas. Además, cuando pasas mucho tiempo en otro lugar este también se convierte en tu hogar».

Senegal es un lugar de oportunidades en lo laboral y también en lo turístico. «Es un país muy fácil, tienes siempre buen clima, la gente es muy tranquila y alegre, no es peligroso y tiene un punto intermedio entre lo que consideramos como turismo de aventura y comodidad. No es espectacular en cuanto a paisajes, ciudades, animales, etcétera, pero tiene lugares muy bonitos y con mucho encanto».

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