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«En mi trabajo, es difícil aburrirse»

Arriba, Suárez Hulton, en cabina. A la derecha, con su mujer. Él es del Sporting y ella del Oviedo. /
Arriba, Suárez Hulton, en cabina. A la derecha, con su mujer. Él es del Sporting y ella del Oviedo.

Fernando Suárez Hulton vive desde hace ocho años en Quito junto a su mujer | Criado en San Esteban de Pravia y del Sporting, este piloto se casó con una oviedista de San Juan de la Arena. «Tengo al enemigo en casa», bromea

A. VILLACORTA

A Fernando Suárez Hulton lo nacieron en Oviedo en 1972, aunque la mayor parte de la infancia y juventud las pasó repartidas entre San Esteban de Pravia y el mundo. «Lo segundo, por trabajo de mi familia», explica. Pero, a la mujer de su vida, además de «compañera de aventuras, amiga, media naranja y parte muy importante de todas las decisiones» que ha tomado, de nombre Marta Muñoz Fernández, natural de San Juan de la Arena, la encontró «en el pueblo de enfrente».

«Así es el destino», apunta este hombre al que también «una serie de casualidades» le hicieron cambiar de profesión y hasta de continente. Y es que, cuenta, después de hacer la carrera de piloto comercial en Madrid en los noventa, regresó a Asturias «para cursar los estudios de patrón de altura de la Marina Mercante en los remolcadores de Gijón y mecánica naval, además de montar y regentar un restaurante». Pero, entonces, este sportinguista al que, además de la mar, siempre le atrajo el aire, conoció a la que se convertiría en su mujer y, tras la boda, se marcharon de luna de miel «a hacer las Américas». Y en esas estaba la pareja cuando Fernando se encontró leyendo en un periódico en Ecuador un anuncio. «Y, con él, la posibilidad de trabajar en lo que siempre fue mi pasión: volar».

Así que, de regreso a España, empezaron con los trámites para cumplir su sueño mientras comunicaban la gran noticia: se iban a Quito. Algo que extrañó a más de uno: «Los dos trabajábamos en Asturias en ese momento, así que la incertidumbre de dejarlo todo por un sueño a muchos kilómetros de distancia a algunos no les parecía buena idea. Pero tengo que reconocer que el apoyo de Marta siempre fue increíble y nunca me hizo dudar de la decisión a tomar, teniendo en cuenta lo que significaría para ella esa separación de su familia».

La cosa estaba clara y Fernando se adelantó en el viaje para estudiar y preparar las pruebas a las que tendría que enfrentarse. «Y, gracias al esfuerzo, en un mes, con todos los exámenes aprobados, me fue notificado mi ingreso como piloto de líneas aéreas en la compañía aeronáutica LAN, ahora con nombre LATAM Airways, que, casualidades de la vida otra vez, pertenece a la familia Cueto, asturianos residentes en Santiago de Chile».

Ocho años llevan ya allí Marta y Fernando, Fernando y Marta, y encantados, porque «la vida es muy tranquila en Ecuador, un país hermoso con muchas alternativas para conocer: desde la selva amazónica a los Andes pasando por la costa o las Galápagos, con su ecosistema único». Un lugar en el que han aprendido a «mantener la calma cuando se mueve la tierra, porque hay muchos movimientos sísmicos y actividad volcánica, con todo lo que tiene eso de fascinante y de respeto por la madre naturaleza. Quito, por ejemplo, está dominado por el Pichincha, que a veces deja toda la ciudad con un manto de ceniza». Un país en el que es posible «cruzarte con una iguana por la calle, pasear por Otavalo, el mercado más grande de América del Sur, o caminar con un pie en cada hemisferio».

Ventajas a las que Fernando añade que realiza un trabajo en el que «es muy difícil aburrirse» y en el que disfruta de «unas condiciones laborales excelentes»: «Piloto un avión muy versátil que nos permite desde vuelos desde el nivel del mar hasta llegar a ciudades en la cordillera de los Andes, con alturas que alcanzan los 2.800 metros y con pistas que no llegan a los 1.900 de longitud, condiciones muy extremas, pero dentro de todos los márgenes de seguridad. Por no hablar de la meteorología, muy cambiante y peligrosa por estas latitudes».

Si a eso se le añade que también pueden volver a Asturias con relativa frecuencia, no piden más, aunque reconoce que echa de menos a los suyos. Sobre todo, en estas fechas. Especialmente, a su madre, el otro pilar de su vida. «Y este año, encima, el derbi en Segunda. Siendo yo del Sporting y Marta del Oviedo, como comprenderás, tenemos los dos al enemigo en casa», bromea Fernando.

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