1.552 trasplantes renales en 35 años

De izquierda a derecha, Carmen Díaz Corte, directora del Área de Gestión Clínica de Nefrología del HUCA; las médicas María Gago y Natalia Ridao junto a Ángel Luis Ascariz, paciente que lleva 22 años con un trasplante de riñón. Con ellos, Ana Fernández Viña, responsable de la consulta de enfermería de trasplantes renales; Elvira Villar, secretaria, y María Luisa Suárez, facultativa. / ALEX PIÑA
De izquierda a derecha, Carmen Díaz Corte, directora del Área de Gestión Clínica de Nefrología del HUCA; las médicas María Gago y Natalia Ridao junto a Ángel Luis Ascariz, paciente que lleva 22 años con un trasplante de riñón. Con ellos, Ana Fernández Viña, responsable de la consulta de enfermería de trasplantes renales; Elvira Villar, secretaria, y María Luisa Suárez, facultativa. / ALEX PIÑA

Un minero de Riosa fue en marzo de 1983 el primer trasplantado de riñón del HUCA | El reto pasa por aligerar la lista de espera y reducir las demoras que pueden llegar al año. También en promover la donación entre vivos, técnica que ya benefició a 48 pacientes

LAURA FONSECA GIJÓN.

Un 22 de marzo de 1983, Asturias se sumaba a la carrera de los trasplantes de riñón. Un día en el que se conocía que Remedios Amaya iría al Festival de Eurovisión y en el que el PSOE anunciaba en Madrid la expropiación de Rumasa. Mientras tanto, en Oviedo, un minero de Riosa, soltero y de cuarenta años, aguardaba en una habitación del viejo Hospital Central (de aquella, la Ciudad Sanitaria Nuestra Señora de Covadonga) a que los cirujanos terminaran de extraer el riñón de un paciente que acababa de fallecer y cuyos familiares, pese al duro momento que estaban atravesando, habían autorizado donar sus órganos. Horas después, uno de esos riñones cedidos sería implantado con éxito por vez primera en Asturias, iniciando así la región un capítulo clave en la historia de los trasplantes y que hoy le sitúan en puestos de cabeza, con más de cincuenta donaciones de órganos por millón de habitantes.

«Aunque estábamos sobradamente preparados porque llevábamos tres años extrayendo riñones para enviarlos fuera, aquél fue un día de muchos nervios. Había una mezcla de miedo y respeto por lo que estábamos haciendo. Hasta que no comprobamos que el riñón que habíamos puesto funcionaba bien y que el paciente meaba con normalidad, no nos quedamos tranquilos», recuerda ahora, tres décadas después el urólogo y cirujano Valentín Murúa (Zaragoza, 69 años). Este especialista, que llevó durante veinte años la jefatura de Urología del Hospital de Cabueñes, en Gijón, fue quien practicó el primer injerto renal en el Principado. Él formaba parte del equipo que dirigía Feliciano Alonso, en Urología, y Jaime Álvarez Grande, en Nefrología en Oviedo, y compartió nervios con Ernesto Gómez, Jesús Otero, Francisco Lobato (urólogo del Ramón y Cajal, de Madrid, que vino a echar una mano en el día del estreno) y el anestesista Fuentelsaz, además de personal de enfermería. También con Ramón Peces, Paco Ortega y un recién llegado Carlos López Larrea que creó e impulsó años más tarde el área de inmunología.

Tras esa cirugía, «absolutamente novedosa en la región pero que ya hacían los principales hospitales del país», vinieron otras muchísimas más. En estos 35 años, el HUCA (que mutó de antigua ciudad sanitaria a hospital universitario, pasando por la polémica fusión y luego por su traslado a La Cadellada) ha practicado 1.552 trasplantes renales. Aquel año inicial «hicimos doce, si no recuerdo mal», rememora Murúa. El minero de Riosa hizo un rechazo agudo a los tres meses y tuvo que volver a diálisis, apunta. Tiempo después, le fue implantado otro riñón. Intenso ha sido el camino recorrido y los pacientes operados en este tiempo, en el que el HUCA, de la mano de servicios como los de urología, nefrología, anestesia, cuidados intensivos e inmunología, entre otros, ha extraído y reimplantado cientos de riñones procedentes de donantes.

Dolores Escudero, coordinadora autonómica de trasplantesy jefa de la UCI del HUCA, recuerda «el importante papel» que juega el donante y su familia en todo este complejo y preciso engranaje que permite que Asturias practique más de un centenar de injertos renales, de corazón e hígado cada año. «Sin el sí a la donación, todo esto no sería posible», insiste en señalar. Porque fue un sí, precisamente, el que permitió que Ángel Luis Ascariz (Berrón, 42 años) pueda recibir un riñón hace 22 años y presumir de ser uno de los asturianos que más joven se trasplantó en el antiguo HUCA. «Tenía 19 años y unas ganas locas de hacer vida normal», relata. Sus riñones le empezaron a fallar nada más nacer. «No se llegaron a desarrollar del todo» y Ángel tuvo que pasar por decenas de operaciones. «Iba a intervención por año». Eso le impedía «ser un niño como los demás. Pasaba mucho tiempo en el hospital». Además, «como hubo un tiempo que tuve que llevar una bolsa» para recoger su orina «no podía ir de excursión con el colegio ni participar en actividades escolares». Con todo «nunca me sentí raro». Incluso, cuando a los 17 años tuvo que iniciar diálisis porque «los riñones ya no iban ni pa'trás ni pa'lante».

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«¡Buah!, alucinante!»

«Iba tres veces por semana, mucho tiempo porque las sesiones de diálisis duran entre tres y cuatro horas. No veas lo que me aburría, menos mal que llevaba el discman», se ríe al rememorarlo. El 28 de mayo de 1996, cuando Ángel ya había cumplido los 19, llegó el trasplante de riñón y.... «¡buah!, aluciné! Una maravilla. Podía mear, algo que no había podido hacer con normalidad casi nunca en mi vida. Me sentía feliz».

Este vecino de El Berrón, que trabaja como recepcionista, es el claro ejemplo de que «hay un antes y un después del trasplante» y se muestra agradecido «a la sanidad pública, que tiene unos profesionales y un nivel excelente». La suya, dice, «es una familia de clase media, trabajadora, que nunca podrían haber pagado un tratamiento como ese. Mi padre estaba todo el día trabajando y mi madre era la que cargaba con todo lo mío».

Dice que lo primero que hizo tras estrenar su 'nuevo' riñón fue «comerme un plátano, porque cuando estás en diálisis es algo que tienes prohibidísimo, ya que tiene mucho potasio». Ángel lleva desde entonces «una vida normal, tanto, que a veces me olvidó de que estoy trasplantado desde hace tanto tiempo». Los treinta y cinco años que atesora el programa de trasplante renal en Asturias «me parecen geniales. Brindo por muchos más y porque yo lo vea», (sonríe).

De los más de mil quinientos injertos de riñón que se llevaron a cabo en los quirófanos del HUCA desde aquel 22 de marzo de 1983, 48 proceden de un donante vivo. Asturias inició esta técnica en el año 2005, de la mano del entonces coordinador de trasplantes, Chus Otero, recientemente fallecido y «alma máter de la donación de órganos en Asturias y en España», apuntan tanto Murúa como Ernesto Gómez, que compartieron con él los inicios de esta cirugía en el Principado.

Aumentar la supervivencia

El reto actual, indica la jefa del Área de Gestión Clínica de Nefrología del HUCA, Carmen Díaz Corte, es aligerar las listas de espera y acortar las demoras. El tiempo medio para un trasplante ronda los diez meses. Pero tal y como apunta esta especialista, que llegó al Hospital Central en 1992, «la lista de espera no es como la de la compra, no va por orden de entrada sino que lo que se mira es que cada riñón sea el más adecuado para cada receptor, tanto desde el punto de vista inmunológico, como de edad, peso, etcétera. Puedes tener suerte y trasplantarte en una semana o pasarte más de un año esperando. De todos modos, en 2017, el tiempo medio fue de diez meses, que está muy bien. Hay más donantes mayores, por tanto tienes más probabilidades de trasplantarte si eres mayor», explica.

Precisamente, «la donación de vivo es fundamental para que se trasplanten sobre todo los pacientes más jóvenes y para que se pueda hacer antes de que entren en diálisis». La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se ha fijado como uno de los objetivos para estos años la de promover la donación de riñones por parte de personas vivas. «Es la primera opción que se debe ofrecer a un paciente con insuficiencia renal terminal ya que es la opción terapeútica que ofrece mejores resultados», precisa Dolores Escudero.

El año pasado, el HUCA realizó 72 trasplantes renales, lo que supuso un récord histórico. «Tenemos que ser capaces de mantener y mejorar estas cifras, sobre todo ahora, que los pacientes llegan en mejor estado de salud, lo que hace que la supervivencia también aumente», dice Díaz Corte. Asturias tiene contabilizados 745 pacientes que viven gracias a un riñón donado. Veintitrés de ellos se trasplantaron hace más de un cuarto de siglo.

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