El Comercio
La zona de Arriondas que sufrió las inundaciones de 2010. / Nel Acebal

Cuatro años después de las riadas, las obras continúan pendientes

  • Los vecinos de localidades como Arriondas siguen esperando las medidas anunciadas para evitar nuevas inundaciones

  • "Aquí hay actuaciones que no son cuestión de belleza, sino de seguridad", se reclama desde Vegadeo

Arriondas amaneció el 16 de junio de 2010 completamente anegada. Las intensas lluvias de las jornadas previas provocaron el desbordamiento de los ríos Sella, Piloña y Chico, que inundaron casi por completo la capital parraguesa ocasionando incalculables daños materiales en decenas de viviendas, equipamientos educativos y sanitarios de la villa, aunque por suerte no hubo que lamentar ningún daño personal.

Los parragueses aún guardan en la retina aquellas impactantes imágenes de enfermos evacuados en lanchas del hospital de Arriondas, vecinos rescatados en piragua o las aulas del colegio completamente destrozadas por la fuerza del agua, que llegó a desplazar buena parte del mobiliario de un centro escolar a otro. Aquella dantesca jornada difícil de olvidar se convirtió en un antes y un después para este concejo que, lejos de amilanarse, mostró su lado más fuerte y solidario.

Con el nivel del cauce de los ríos nuevamente en su sitio era el momento de recuperar la normalidad y toda Arriondas se unió para conseguirlo. Maratonianas jornadas de limpieza en calles, viviendas y comercios y una plataforma ciudadana con el lema ‘Arriondas sigue’ consiguieron poner en pie nuevamente a familias que lo habían perdido todo. Todo, menos el miedo al río.

Todas las miradas entonces se clavaron en el Sella y en los sedimentos que acumulaba el río después de años de abandono, que agravaron las consecuencias de la riada hasta el extremo de que ni los más mayores del lugar recordaban haber visto algo similar. La Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) prometió actuar y cumplió con su compromiso de dragar el cauce del Sella y de sus afluentes para minimizar en lo posible el efecto de nuevas riadas, pero nunca llegaron a ejecutarse otras muchas actuaciones anunciadas por los diferentes responsables políticos en los días posteriores a aquella trágica jornada.

Gozón

Imagen actual del Molín del Puerto. / Pepe G-Pumarino

Sólo sobre el papel la CHC ha detectado los puntos más problemáticos de los ríos Sella, Piloña y Chico y ha propuesto posibles soluciones para reducir el impacto de futuras crecidas. Entre otras medidas, elevar a una altura siempre inferior a los 1,10 metros los muros ya existentes a lo largo de varios tramos fluviales –uno de ellos a la altura del barrio de El Barco, donde se ubica el área escolar, y otro, en el barrio de la Castañera, para proteger al hospital del Oriente y a las viviendas de la zona de posibles crecidas del río Piloña– y sustituir dos de los puentes que comunican la capital parraguesa -el del río Chico y el del río Piloña- evitando en ambos casos la utilización de apoyos intermedios, considerados grandes obstructores del cauce.  Por otro lado, también se proyectó aumentar la sección de las cuencas y mejorar la capacidad de desagüe mediante la ampliación de las actuales defensas y la construcción de nuevas secciones de encauzamiento. Un ambicioso proyecto presentado ante la sociedad parraguesa en el verano de 2013 para el que, eso sí, la CHC reconoció que por el momento no existe financiación alguna.

Otra de las actuaciones más demandadas en Arriondas tras la riada de 2010 era solucionar el problema del alcantarillado de El Barco ya que en este barrio, en el que se emplazan cientos de viviendas y todos los centros educativos de la localidad, el agua entra por los sumideros, de forma que cuando el cauce del Sella sube de nivel se filtra por los desagües y las inundaciones de garajes y bajos son muy habituales. CHC se desentendió de este problema al entender que las carencias en el sistema de evacuación de aguas de este barrio no eran de su competencia. Por suerte, la Dirección General Calidad Ambiental, dependiente de la Consejería de Fomento, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, asumía recientemente una actuación para tratar de acabar con las filtraciones, aunque no se garantiza que se consiga el objetivo.

El próximo se cumplen cuatro años de aquella riada que puso patas arriba a Arriondas y en la memoria de todos los parragueses sigue muy presente la trágica estampa y el miedo a que se repita. Sin embargo, durante todo este tiempo únicamente se han llevado a cabo tareas de dragado y los vecinos que viven pegados al río continúan esperando la ejecución de las obras comprometidas para evitar que la historia se repita.

"No hay fórmulas para evitar eso"

En el Occidente, Vegadeo sufrió el golpe más duro de aquellas inundaciones. Allí comenzó el 11 de junio, día en el que la inusual crecida del arroyo Montouto acabó con la vida de Mercedes Díaz, de 76 años, y su marido, Jacinto Bustelo, de 82, cuyo cadáver fue encontrado once días después enterrado bajo un argayo a pocos metros de su casa, en Vega de Villar. Allí se concentraron durante días los esfuerzos de un operativo de emergencias que se desplegó el día 10 en la capital veigueña, que amaneció cubierta por las aguas.

  • GRÁFICOLas zonas inundables de Asturias

Viviendas y negocios negocios se vieron afectados por una inundación que impidió el arranque de la Feria de Muestras, con lo que las pérdidas superaron para muchos el valor de los bienes dañados. Pero los veigueños aceptan que la posibilidad de inundaciones forma parte de las características de una villa situada por debajo del nivel del mar, flanqueada por los ríos Monjardín y Suarón (ambos ya canalizados) y afectada por las mareas de la ría del Eo. No obstante «hay fórmulas para que, en caso de que suba el agua, no tengamos tantos problemas como hace cuatro años», afirma la alcaldesa, Begoña Calleja.

Esas medidas pasan, en primer lugar, por la culminación del saneamiento: «Ni siquiera está hecho la mitad del pueblo y es muy importante», señala. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento demanda a la Confederación Hidrográfica que acometa con urgencia la limpieza de la cuenca del Monjardín porque «aquí no se trata de de una cuestión de belleza o ambiental. Es una cuestión de seguridad».

El Bao

La autovía, junto a la zona que sufrió las ridadas. / Isabel Gómez

De este modo, explica Calleja, podrían paliarse los efectos más dañinos de una nueva tromba de agua, pero reducirlos al mínimo requeriría una inversión de tal calado que es casi impensable. Por ejemplo, el plan de inundabilidad que acaba de presentar la Confederación Hidrográfica identifica como uno de los elementos a corregir la escollera del puente de ferrocarril. La solución, cambiar el trazado de la vía férrea Ferrol-Gijón, «una obra máxima», en palabras de la regidora. No obstante, hay esperanza en mejorar la zona con la ejecución del plan de recuperación de las marismas de Vegadeo.

Así, tras la limpieza de las calles en aquellos días de junio, apenas quedaron rastros de la inundación para los foráneos. En cambio, sí quedó una imagen sorprendente en el núcleo naviego de El Bao, donde el trazado de la carretera N-634 cambió para siempre. Y es que hubo que desmontar la calzada para liberar el embalse formado por el hundimiento del tubo que canalizaba el río Barayo bajo el asfalto y que cubrió por completo varias viviendas.

La recuperación de la zona ha coincidido con la construcción de la autovía del Cantábrico. De hecho, desde el primer momento se descartó reconstruir la carretera porque la nueva infraestructura supondría el paso definifivo en la zona. En cambio, se acondicionó el paso anulado hace más de dos décadas.

Ahora, la naturaleza ha cubierto el talud de la carretera demolida y las riberas del río, con lo que las viviendas afectadas han recuperado su entorno, aunque aún quedan reparaciones pendientes en algunas de ellas, entre las que falta una que, finalmente, fue expropiada por las obras de la autovía.