El Comercio
Loreto Fernández con el Shrine of Remembrance al fondo.
Loreto Fernández con el Shrine of Remembrance al fondo.

«Australia te enseña a crecer como persona y a ir paso a paso»

  • Llegó como au pair y ahora trabaja como camarera mientras adquiere el nivel de inglés preciso para trabajar como enfermera, su profesión

  • Asturianos en la diáspora Loreto Fernández, vive en Melbourne

A Loreto Fernández (Oviedo, 1991) las distancias no le asustan. Antes de instalarse en Melbourne buscó empleo hasta en las Islas Caimán. Pero al final, la casualidad le hizo tomar rumbo a las antípodas. En 2012 acabó en Madrid la carrera de Enfermería, buscó trabajo en España, luego en Alemania y al final decidió que debía explorar otras posibilidades más allá del hospital. «Alguien me comentó la idea de buscar trabajo como au pair y fui a por ello». Hubo suerte. «Una familia de Melbourne que estaba pasando unos meses en Barcelona me dio la oportunidad de pasar un fin de semana con ellos y ver si era compatible con los niños. Una semana más tarde, el puesto era mío». No niega que tuvo dudas, que cambiar de hemisferio vital no fue fácil, pero «mis padres me dieron el empujón que necesitaba, cerré los ojos y reservé los vuelos».

Se iba con la idea de quedarse cinco meses. Pero la cosa se ha prolongado y no hay billete de vuelta en el horizonte. «Tras 24 horas en avión, el 20 de octubre de 2012 llegué a Melbourne», relata. Convivió siete meses con la familia y se adaptó a un país distinto. «Durante ese tiempo me estuve informando y vi que Australia, más concretamente Victoria, tenía una necesidad de personal sanitario, así que decidí apuntarme a clases de inglés para pasar el famoso IELTS y poder registrarme aquí como enfermera». En esas está. Viviendo en el barrio de North Fitzroy, compartiendo casa y trabajando de camarera en un restaurante español para pagar sus estudios. Lo compagina con un empleo en un servicio de catering que le ha permitido trabajar en el Open de Australia y la Liga de Fútbol.

Trabaja y aprende a diario. «Australia es un país que sí recomendaría siempre que estés dispuesto a mancharte las manos. Vivir aquí te enseña a crecer como persona y aprender a ir paso a paso. Hay semanas que te comes el mundo y otras en las que estás tan agobiado que apenas te atreves a respirar», explica.

Es un país de oportunidades y no es difícil hacer amigos, aunque sí mantenerlos cerca. «Hay una gran cantidad de gente de todo el mundo y pocos son los que se quedan», señala. Es precisamente esa diversidad cultural en la que se mueve uno de los puntos fuertes de Australia, donde, en el lado bueno de la balanza, se sitúan los salarios. Pero: «A veces pierdes tus derechos como trabajador, te ofrecen un sueldo menor», confiesa. Hay más pros y contras en este lugar del mundo: «Me quedo con su honestidad y su hospitalidad, lo que menos me gusta de ellos es el ansia por el trabajo, viven para trabajar». Eso sí, cuando están de vacaciones disfrutan más que nadie. Quizá por eso España les encanta: «Nos aprecian mucho y nos describen como gente que difruta de la vida». Eso sí, saben de nuestros últimos desastres futbolísticos pero no de la abdicación de Juan Carlos I.

Lo peor del país es la distancia que le separa de España. La fabada de mamá y la fideua de papá están demasiado lejos para esta joven que añora un cucurrucho de castañas ahora que allí llega el invierno, que lamenta que el precio del jamón (99 dólares el kilo) sea prohibitivo y que en materia de moda vayan con una temporada de retraso.

No tiene claro cuál será su futuro inmediato. Ella sigue estudiando con el ánimo de trabajar como enfermera en Australia. Pero siempre hay un plan b: «Si las cosas no salen bien aquí, mi idea es viajar a Asia, sumergirme en su cultura durante unos meses y volver a España, disfrutar de mis padres y amigos y poner rumbo a otro país». Ni idea de cuál podría ser el destino. De todas formas, ella tiene claro qué quiere: «Muchos preferirían tener esa aventura asiática, yo en cambio cierro los ojos y deseo con fuerza tener la oportunidad de verme algún día trabajando en uno de los grandes hospitales de esta ciudad», concluye.