El Comercio

«Tuve que pasar cinco entrevistas para conseguir el trabajo que tengo»

Laura Loredo, con su marido y sus dos hijos en el puente colgante de Bristol.
Laura Loredo, con su marido y sus dos hijos en el puente colgante de Bristol.
  • Asturianos en la diáspora

  • «Cuando empecé, éramos 70 ingenieros y solamente tres mujeres. Yo, la única extranjera»

  • La gijonesa Laura Loredo trabaja en Bristol para Hewlett Packard

Escribir un recetario de comida casera asturiana en inglés. Ese es el «reto pendiente» de la gijonesa Laura Loredo. Y, de hecho, ya tiene hechas «un montón de fotos para ilustrarlo», cuenta desde Bristol, donde reside junto a su marido, Jonathan, y sus dos hijos, de 15 y 11 años: George y Ellis.

En realidad, la aventura empezó cerca, en Plymouth, donde estudió el último año de Ingeniería Informática con un intercambio entre universidades». Corría septiembre de 1993 y la historia sólo acababa de empezar, porque, tras mucho moverse, consiguió una beca de investigación y volvió para realizar el proyecto 'Redes Neuronales para el procesamiento de secuencias temporales' y para que la casualidad se aliase con ella y conociese al que sería su futuro marido: Jonathan.

Pero, antes de pasar por el altar, todavía tuvo tiempo de volver a Gijón, donde, de nuevo el azar, vio un anuncio en una revista de Hewlett Packard en la que informaba de que, en HP, «estaban buscando licenciados para trabajar en sus laboratorios de Bristol. Me informé de lo que hacían allí y me enteré de que tenían un departamento de Sistemas Expertos y Redes Neuronales, lo que me interesó muchísimo, así que no me lo pensé dos veces: mandé mi currículo. Lo tuve muy claro: ahí era donde yo quería trabajar», recuerda, tan resuelta como entonces.

Y lo consiguió: una entrevista con la multinacional en su sede de la octava ciudad de Inglaterra y la undécima del Reino Unido en población. Una primera cita a la que siguieron otras cuatro. «Fueron nada menos que cinco entrevistas dentro de un proceso de selección bastante duro». Y, una vez hechas, otra vez de regreso a Gijón, donde el mismo día que llegó se enteró de la noticia: «Me llamaron de HP para ofrecerme el trabajo. ¡Fue genial! Así que empecé con ellos el 15 de junio de 1995 como ingeniera de firmware en el laboratorio de investigación y desarrollo de la división de almacenamiento de datos. Entonces éramos unos 70 ingenieros y solamente tres mujeres. Yo, la única extranjera».

El resto de la brillante trayectoria de esta gijonesa fue rodado: HP le ofreció la posibilidad de hacer un máster financiado por la propia empresa y no desaprovechó la oportunidad.

«Hice un máster en administración de empresas y, en 2004, dejé la ingeniería para incorporarme al departamento de Marketing, donde ahora soy responsable de una serie de productos a nivel mundial, además de responsable de la tecnología que usamos y, por eso, trabajo en un consorcio con IBM y Quantum, con los que mantenemos una relación de 'coo-peticion'», explica. Es decir: «Cooperamos en el desarrollo de la tecnología, pero somos competidores en el mercado», lo que le obliga a viajar con frecuencia a EE UU.

Maratoniana

Hasta ahí, su parcela laboral, pero es que en lo personal tampoco le fue nada mal: se casó con Jonathan en enero de 1998, en la iglesia de Deva, y tuvieron a George, que destaca en pintura, y Ellis, que sueña con jugar con la selección española de fútbol cuando sea mayor.

«Mi marido es ingeniero en telecomunicaciones, especializado en frecuencias de radio, y trabaja en la empresa Intel», así que Laura tiene bastante claro que ninguno de ellos encontraría trabajos así en Asturias.

Junto a la familia, vive su mascota, un conejo llamado Hoppy, aunque familiarmente lo conocen como 'fantasmín', «porque es tan silencioso que aparece y desaparece sin que te enteres». Y, en sus ratos libres, que no son muchos, además de cocinar, corre.

«En marzo, hice mi primera media maratón: 1 hora y 48 minutos». Y lo próximo será una carrera solidaria en la que los fondos irán a destinados un hospital infantil.

Todo eso, sin descuidar el huerto que esta 'superwoman' tiene en el jardín de su casa, donde planta verduras en un espacio «lo más alejado posible de la portería de fútbol» de su hijo Ellis. Ruibarbo, tomates, lechugas, fréjoles, calabacín y pimientos de Guernica y del Padrón se cuentan entre los muchos logros de esta asturiana que sigue extrañando «la vida social de Gijón, salir a tomar un vino con los niños a cualquier lado».