«La guerra es una mierda, pero nadie dice que yo acabo de salir del búnker»

Juan, Leah y Tiffany, en el Museo del Holocausto, en Jerusalén.
Juan, Leah y Tiffany, en el Museo del Holocausto, en Jerusalén.
  • Asturianos en la diáspora

  • Juan Loiseau, vive en Tel Aviv

  • Judío de madre francesa y padre español, vivió en Lugones hasta que hace un año decidió emigrar a Israel, donde trabaja como broker en la Bolsa

«Me pillas saliendo del búnker». Juan Loiseau (Oviedo, 1975) atiende el teléfono desde Ra'anana, una ciudad que es en realidad un barrio residencial de Tel Aviv. Allí llegó hace un año, en parte por la crisis que acechaba a España y en parte porque todo judío aspira a vivir en Israel. De padre español y madre francesa (cambió el orden de sus apellidos para mantener el Loiseau: «Mucha gente de mi familia murió en la II Guerra Mundial en los campos de concentración y quería que mi hija pudiese llevar el apellido»), nació y creció en Asturias. Aquí estudió formación profesional antes de realizar varios máster en ventas y gestión de empresas, trabajar en empresas mayoristas de informática y encargarse después de la gestión de centros comerciales.

Hasta que llegó la crisis. La naciolidad israelí garantizada por el hecho de ser judío y las buenas condiciones que ofrece el país le animaron, junto a su mujer, Leah Camacho, a hacer el hatillo. Les acompañó su hija Tiffany, de once añitos, y ya en Israel nació hace ahora tres meses la pequeña Dana. «Aquí no hay paro, puedes tener mejor o peor trabajo pero tienes». Existen muchas ayudas estatales para los recién llegados y se facilita ipso facto el aprendizaje del hebreo. Para Juan, que hablaba ya otros seis idiomas, no ha sido demasiado difícil. «Yo hice un curso de formación y estoy trabajando en la Bolsa de Tel Aviv de broker desde hace once meses», relata. «No me va mal», confiesa. Por eso, cuando mira atrás, no se arrepiente. «El sueño de todo judío siempre es venir a Israel, pero los asturianos ya sabes que adoramos nuestra tierra, somos embajadores en todas partes, así que la motivación fue más bien mi hija, que ella pudiera tener un futuro. En España se está recortando en educación, sanidad... y yo quiero un buen futuro para mi hija».

La experiencia le ha merecido la pena. Y pese a la ausencia de sidra -añoranza confesa- sostiene Juan que los israelíes no son muy diferentes de los asturianos. «Aquí la gente es abierta, directa y todo el mundo adora España». Lamenta Juan que quizá ese amor no siempre se advierta mutuo. Lamenta que, en España, la visión que existe sobre el país no se ajuste, a su juicio, a la realidad. Ni en tiempos de guerra ni en tiempos de paz. «Yo cuando estaba en Asturias tenía unas ideas, pero cuando vine aquí me di cuenta de que estaban equivocadas, este es un país hipermoderno, hiperevolucionado, aquí encuentras trabajo en cinco minutos, no hay pegas para abrir una tienda...». Habla de grandes obras, de ambiciosos proyectos, pero la charla conduce inevitablemente hacia el conflicto. En ese punto Juan se enfada, se ofende: «He leído muchas páginas que hablan del apartheid israelí, desafío a cualquiera a que venga aquí, le doy mi casa, y me diga dónde hay apartheid. Los mejores pueblos son árabes, las construcciones las hacen las empresas árabes, y en autobús si te encuentras a una mujer árabe con velo, a un tipo supermoderno tatuado, a un judío con una kipa y a un negro falasha (judíos etíopes)... El mal rollo no es con el árabe, sin con el islamismo radical».

Gaza está presente. «La guerra nunca es bonita, siempre es una mierda, ver niños muertos nos conmueve a todos, pero nadie habla de que yo acabo de salir del búnker y he entrado hoy siete veces... Y eso termina por ofender». No acepta Juan que la actuación israelí sea desproporcionada. Dice que ellos solo se defienden, que Israel nunca ataca primero. «Podemos hablar de desproporción en cuanto a muertes, pero nosotros recibimos 3.300 misiles este mes». Sin el sistema de defensa antiaérea -dice- los muertos del bando israelí serían miles. «No me hablen de desproporción, un misil cayó en mi edificio, esa es la realidad, ¿qué se supone que debemos hacer? ¿no defendernos?»

Subraya Juan que la información que llega sobre la guerra en Gaza no se ajusta a la realidad. «Gaza no es lo que veis en la tele, yo estuve allí, y me encontré una ciudad moderna, con un concesionario de Ferrari, otro de Mercedes...», resume. Va más allá y denuncia que existen unos estudios donde se realizan los montajes con los que se ilustra la guerra. «La mayoría de las fotos son falsas, utilizan fotos de Siria», denuncia.

Así son las cosas para él, que tiene claras las culpabilidades: «Quien paga esto son los niños y la gente de Gaza mientras los responsables de Hamás están en Qatar en hoteles de lujo». Y concluye: «Hoy el nazismo se ha convertido en islamismo radical».