Graciela, en Irlanda con sus tres hijos.
Graciela, en Irlanda con sus tres hijos.

«La herencia que quiero dejar a mis hijos es viajes y conocimiento»

«La herencia que quiero dejar a mis hijos es viajes y conocimiento»
  • Acaba de instalarse con su marido y sus tres hijos en Kilkenny, donde regenta una empresa que organiza el traslado de niños para que estudien en Irlanda

  • Graciela Flórez de Biedma, vive en Irlanda

Lo suyo es moverse, conocer mundo y gente, cambiar. No quiere dejar a sus hijos en herencia un piso o una abultada cuenta bancaria. Su legado serán experiencias, viajes y un idioma, el inglés, que -confía- algún día hablarán como su propia lengua. Graciela Flórez de Biedma, gijonesa de 45 años, casada con Javier Millán Adaro y madre de Jaime, de 12; Javier, de 8, y Guillermo, de 6, se acaba de liar la manta a la cabeza y ha emigrado a Irlanda. La crisis no tiene la culpa. Lo suyo es fruto de una decisión meditada en la que pesa más el corazón que la cartera. «Hay mucha gente que no lo entiende, que le parece una locura que nos marchemos con tres niños, pero yo no puedo ser de un lugar solamente, me atan mi familia y mis amigos, sí, pero en todas partes hay buena gente», asegura. Y además está convencida de que la suya es una apuesta ganadora: «Para mí este es un regalo que yo les estoy haciendo a mis hijos».

Ha vendido su piso en Gijón y hace apenas un mes que llegó a Kilkenny, un pequeño pueblo medieval en el Sur del país en el que se ha instalado en pleno country side. Antes de llegar allí de forma definitiva ya había puesto a funcionar su negocio. «Yo me dediqué durante 17 años a la enseñanza en Gijón, luego trabajé en una ingeniería, una empresa familiar, y luego decidí montar esta empresa para traer niños a estudiar a Irlanda, para hacer el curso completo». Ya hace un año empezó a dar sus primeros pasos y de momento está funcionando bien. «Me encargo de buscarles familias que yo conozco, es una cosa muy familiar, y a los padres les da confianza porque yo estoy aquí pendiente de ellos», relata Graciela, que durante años gestionó la guardería El Mundo del niño en Gijón, antes de que, por la enfermedad de uno de sus hijos, dejase ese trabajo para integrarse en la empresa familiar.

La educación y los niños son su vocación y su vida. Y lo curioso es que lo descubrió precisamente en Irlanda hace veinte años, cuando viajó por primera vez al país. La casualidad hizo que se alojara en una casa de huéspedes aneja a una guardería y allí se enganchara a los más pequeños para siempre. De vuelta a España, estudió educación infantil y montó su propio empresa. Después de un periodo alejada de esa vocación, vuelve a ella y lo hace en Irlanda porque considera que es un buen lugar para que los niños se formen. «Aquí hay una gente maravillosa, me encanta el ritmo más lento con el que viven, son más tranquilos, y en la educación no hay esa obsesión por que mi niño sea el mejor y aprenda a leer antes que los demás, aquí son los padres los que deciden qué curso va a hacer su hijo en función de su madurez», relata.

Por eso quiere que sus hijos estudien allí. Un poco preocupados por su incorporación al colegio en inglés a finales de este mes, los chicos echan de menos el Hípico y la Feria y el mayor vive en contacto con sus amigos asturianos por el Whatsapp, pero de momento están contentos con la experiencia, pese a que inicialmente no estaban muy por la labor de emprender el viaje.

El tiempo dirá cuál es el siguiente destino. Graciela tiene muy claro que no sacará el billete de vuelta: «No hay plan de volver a Gijón, salvo de visita». Su objetivo es continuar trabajando en la empresa para facilitar la formación de niños en Irlanda y, cuando sea menester, ampliarla a otros países. Eso significará un nuevo traslado. Quizá Canadá sea el próximo destino para ella y su familia. «Nos hemos venido aquí y ahora mis hijos van a aprender un idioma y a conocer otra cultura y otra gente, y de aquí no sabemos a dónde vamos a ir, la vida irá surgiendo... Esta es la herencia que les quiero dejar: viajes y conocimientos».