Ángela vivió primero en Irlanda y ahora en Inglaterra.
Ángela vivió primero en Irlanda y ahora en Inglaterra.

«Volver siempre está en mi mente»

  • Ángela Palacios Jurado, vive en Londres. Después de un par de años en Irlanda, se mudó a Londres donde trabajó primero como profesora de inglés para extranjeros y ahora en una agencia de traducción

En la familia de Ángela Palacios Jurado (Gijón, 1981) debe haber un gen que invita al viaje, a buscar nuevos horizontes vitales y laborales. Son tres hermanas. Ella vive en Londres desde hace cuatro años pero antes estuvo tres en Irlanda y unos meses en Escocia; Lucía lleva en Londres unos años y María se ha ido a Australia hace unos meses. «Gracias a Dios existen Skype y el teléfono y nos podemos ver y oír a menudo», dice respecto a las añoranzas familiares, siempre en la cabeza de quien se va y nunca deja de tener pendiente el viaje de vuelta. «Me encanta España, es mi hogar, así que definitivamente está en mi mente volver a casa», afirma.

Pero no es momento. «Ahora mismo no». La razón es más que evidente: «Es muy triste ver cómo está España. Es triste pensar que una nueva vida en casa sería difícil, que encauzar mi vida allí sería incluso más complicado de lo que sería aquí, en un país donde la lengua y la cultura son completamente distintas», reflexiona.

Son ya muchos años en las británicas islas y Ángela está muy integrada en el país, pero aún así siempre faltan las tardes de sofá, charlas y risas en casa de sus padres y las delicias gastronómicas patrias: «En mi maleta siempre vuelvo con comida, jamón serrano, lomo, cecina, queso...».

Pero también tiene su lado bueno vivir en Londres. Allí ha tenido un par de trabajos. «Durante los dos primeros años y medio trabajé como profesora de inglés para adultos hablantes de otras lenguas, que querían optar al pasaporte británico», relata. Fue un trabajo duro, puesto que pese a que muchos de sus alumnos llevaban viviendo hasta veinte años en el Reino Unido, no conocían el inglés. «En Londres hay muchas zonas de residentes de otras culturas y países que apenas utilizan la lengua inglesa», aclara.

El cambio se produjo hace año y medio. «Trabajo como encargada deuna oficina de traducción. Me encargo un poco de todo, desde que no falte nada en la oficina a ayudar a traductores con cualquier duda que puedan tener, hasta recursos humanos incluso algo de finanzas». Está contenta. La oficina, en el centro de Londres, tiene un ambiente joven y multinacional y siempre hay algún plan interesante para después del trabajo. «Una de las cosas que más nos gusta a todos es el carrito de las bebidas de los viernes, gracias al cual disfrutamos de una cervecita o un cóctel durante la última hora de trabajo. ¡Lo nunca visto en España!».

Dice que los británicos son «o aparentan» ser más educados y correctos que los españoles. Y eso siempre está bien. Dar las gracias está en su ADN mientras aquí prescindimos más del cumplido, claro que en contra tienen que son incumplidores con el 'ya te llamo y tomamos algo'. Pero como no solo de british vive el mundo y la multiculturalidad es norma en Londres, no hay problema. «Sin embargo, si un griego, un italiano, un francés, un australiano, un asiático o un egipcio te dice que te va llamar, lo más probable es que acabes tomando algo». Los locales son más cerrados, es más difícil llegar con ellos a una amistad profunda. Tienen también un sentido de la relación familiar más frío, muy diferente al español. Eso sí, tienen una buena imagen de los españoles: «Nos ven como gente muy abierta y simpáticos, quizá nos consideren ruidosos y gritones, lo cual tiene algo de cierto, pero siempre que hablan de un amigo español lo hacen con una sonrisa en la cara». Asturias es otra cosa. El conocimiento es menor. Pero siempre están Fernando Alonso y David Villa como referentes imprescindibles. «Desgraciadamente cuando dices que eres de España la pregunta siempre es la misma: ¿Madrid o Barcelona?».